Quantcast
EL PERIÓDICO
ESP   |   AME   |   CAT      NEWSLETTER
ÚNETE ⮕

La cruzada antisocialista


  • Escrito por El Socialista
  • Publicado en Déjà Vu

“Entre todos los males que pueden inferirse a una persona o entidad ninguno tan grande, como la indiferencia, que viene a traducirse en menosprecio. Hombre o partido que pase por el mundo sin censura, sin pena ni gloria, está juzgado; su valor es nulo o poco menos.

Por eso no nos preocupa esa campaña de los reaccionarios mancomunados contra los hombres y el proceder del sector político social que nos honramos en pertenecer. Mucho debe de pesar el Socialismo en la vida nacional cuando así se le ataca...

Pero ¿quiénes son los detractores y por qué? Hay que decirlo muy alto: los mismos que ayer nos atusaban el pelo e intentaban atraernos a sí requebrándonos con palabras dulzonas a las que respondimos con despectiva altivez; los que siempre y erróneamente nos .consideraron conejos de Indias o cabeza de turco para sus fines aviesos los que, estimándonos materia domeñable, nos tomaron alternativamente como dique contentos de la demagogia o corno avanzada de su liberalismo trasnochado, pero nunca como organismo consciente y ponderado con fines propios e inalienables; el clericalismo, la plutocracia, las oligarquías tradicionales, la reacción, en suma. Estos son nuestros detractores. Ciertamente que si ellos nos alabaran podríamos parodiar con amargura las palabras del viejo Bebel al ser bienquisto por sus enemigos sempiternos: ¿Qué tontería habremos cometido? No nos acongojan, pues, esas infamias. Ellas son la mejor garantía de que pisamos terreno firme de que no nos hemos desviado del recto camino.

¿Pero puede saberse qué es lo que ha motivado la actual polvareda? Muy sencillo: que, a pesar de haber dado mucho v obtenido proporcionalmente poco, no nos avenimos a representar el despreciable papel de trampolín; que hacemos sentir, siquiera sea modestamente nuestro paso por la vida del país. Hay que hablar claro y disipar confusionismos. De esta forma se ganará en calidad aunque sea a costa de la cantidad. El Socialismo aspira a crear una civilización contraria fundamentalmente a la actual, cuyo eje es la economía capitalista. De aquí que todos los partidos burgueses, desde los más retrógrados a los que se sitúen en la vanguardia del radicalismo, sean nuestros naturales enemigos. Nada tiene, por tanto, de extraño que en el momento de las realidades, de nuestras realidades, los que, por exigencias históricas, caminaron gozosos asidos al faldón socialista, renieguen luego de la compañía. Unos y otros vivíamos en una ciénaga de la que era preciso salir. Debíamos darnos la mano para ganar la orilla, y nos la dimos con la mejor voluntad. Traspuesta quedó, y al otro lado nos hallamos todos.

Pero, al cabo del común esfuerzo, de la jornada inmediata, tenía que surgir la cuestión de aposentamiento. El nuestro fulge cimero en la montaña; el de ellos vahea las calinas del pantano. Sin renunciar a nuestras nobles ambiciones, dando muestras de máxima transigencia, hemos procurado acampar fuera del alcance de los mefíticos vahos.

Este es todo el delito que no pueden perdonarnos. De él toma origen la indigna campaña desatada contra el Partido. Si nos hubiéramos resignado, «tuti contenti». Pero el Socialismo español forjó su espíritu en el silencio y la austeridad más acrisolada, y hoy se encuentra pletórico de energías para actuar en la palestra pública como fuerza imprescindible. Sin estridores, sin impaciencias prematuras, camina con paso decidido a la meta de su ideal. Vana es la pretensión de hacerle parar en seco. Como afirmó Caballero con su entereza peculiar, actuará, y actuará siempre. Si los accidentales aliados y enemigos natos se mostraran huidizos evitando la cooperación dentro o fuera del Gobierno, nos impelerían a enfrentarnos junto a nuestros hermanos que versan por otras sendas, pero que persiguen, como nosotros, el hada esquiva de la justicia social.”

El Socialista, número 7097 de 7 de noviembre de 1931.