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Los trabajadores americanos anhelan una legislación social


“El Congreso de las Trade-Unions inglesas envía todos los años delegados al Congreso de la Federación Americana del Trabajo. Los delegados ingleses que asistieron al último Congreso de ésta quedaron sorprendidos ante la gran miseria que padecen los trabajadores norteamericanos y ante la profunda indiferencia que muestran en materia do legislación social.

Uno de les delegados, Carlos Dukes, ha dicho que, aun cuando la crisis mundial ha llegado a los Estados Unidos después que a Inglaterra, opinaba que es infinitamente más grave en los Estados Unidos.

Agregaba Dukes que la “dole” —término despectivo aplicado en Inglaterra al subsidio concedido por el seguro contra el paro—sería una solución providencial para la mayor parte de los parados norteamericanos.

Debido a los progresos constantes de Norteamérica y a la ocupación general resultante de ella, el pueblo trabajador no sentía da necesidad de una legislación social, tal como se practicaba de ordinario en Europa. Esto dió por resultado que les Estados Unidos, según Holmes, otro miembro de la delegación inglesa, «se hallen en materia de legislación social en el punto en que estaba Inglaterra hace cuarenta años».

Ahora empieza a señalarse un cambio de opinión entre los obreros organizados, que se muestran casi unánimemente partidarios del seguro contra el pato forzoso. El punto en que las organizaciones obreras norteamericanas se muestran ahora más interesadas es en el relativo a la jornada de seis horas y de la semana de trabajo de cinco días. El presidente de la Federación Americana del Trabajo, camarada Green, ha declarado que incluso se acudirá a la fuerza económica para lograr ese fin.

«La prosperidad no volverá james a nuestro país—dijo Green en el Congreso—mientras los trabajadores no hayan recobrado la capacidad adquisitiva. La comprensión estúpida e injustificable de los salarios, a que se aferran los patronos, no sólo afecta gravemente a los trabajadores, sino que cierra al mismo tiempo el mercado del propio patrono.

Las máquinas habían desplazado a tantos obreros—añadió Creen—que, aun en tiempo normal, la semana de cinco días y la jornada de seis horas deben llegar a ser normales si se quiere asegurar un mercado denso a una producción densa.

Es insostenible que por la mala gestión de los directores de las finanzas y de los negocios haya 6o millones de habitantes viviendo muy por debajo del mes ínfimo nivel.»

Los delegados ingleses Halmes y Dukes invitaron al presidente Green a que asistiera a una Conferencia mundial del Trabajo, que se reunirá al mismo tiempo que da Conferencia económica mundial.

Aun cuando la Federación Americana del Trabajo sigue oponiéndose a la creación de un partido laborista, muchos observadores piensan que dicho organismo debe orientarse forzosamente en ese sentido.

Los dos delegados ingleses hablaron ante la Conferencia para llevar a sus componentes la convicción de que así debían proceder.”

(El Socialista, número 7518 de 11 de marzo de 1932).