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EL PERIÓDICO
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Amplitud de escuela


  • Escrito por Daniel Anguiano
  • Publicado en Déjà Vu

“El modo de vivir de los humanos es amplia escuela, abierta para todo el que pase por el mundo preocupándose de su situación y de la de aquellos que le rodean.

Y tales son hoy día los medios de comunicación de que disponemos, que nos rodea el mundo todo; y si existe alguna exageración al afirmar esto tan rotundamente, bien puede perdonarse, en atención á qué insignificante es la parte de nuestro planeta del que actualmente no tengamos noticia.

Amplia, pues, es la escuela de nuestra vida, y fácil nos sería á todos constituirnos en alumnos aprovechados. Bastaría preocuparnos todos de cuanto pasamos y observamos pasan los demás, y aprovecharnos de la preocupación para que nuestros males aguijoneasen nuestra inteligencia, de modo, que ella buscase y nos procurase remedios.

Y no sería menuda la labor que hiciésemos cada uno de los que nos preocupamos de estas cosas, si, bien intencionados, aguzásemos el ingenio hasta el punto necesario para despertar en los despreocupados nuestras más mortificantes preocupaciones: el dolor de todos, en sus múltiples variedades.

Y conocido el dolor, averiguar las causas; y averiguadas las causas, pensar en hallar el remedio; y hallado el remedio, ponerlo, sin ridículos alardes de guapeza ni ridículos apocamientos de cobardía.

Preocuparse primero, hallar los males después y seguidamente pensar en los remedios, hallarlos y ponerlos sin cobardías. Ahí es nada, que dirán muchos, seguramente. La empresa es harto difícil, que dirán otros. Y, sin embargo, quien esto escribe, optimista hasta lo absoluto y no obstante sin exceso para conseguir lo que á primera vista parece empresa harto difícil, cree bastaría desposeerse del egoísmo personal y dar amplia libertad al sentimiento de amor, que cada uno de todos los humanos tiene, y abarcar con él á todo y á todos; que el sentimiento es tan amplio, que todo y á todos abarca, cuando quiere. He aquí lo difícil: querer, y, sin embargo, nada más fácil. Niñada que más alegrías produzca, cuando lo que se quiere es el bien de todos. Suprema manifestación del egoísmo, esto último, al decir de los sofistas que aun nos quedan. Démosles la razón para que no nos molesten. Las palabras no nos preocupan. Hechos son los que necesitamos, y si son buenos, poco nos importa no se les dé el nombre que conceptuamos más adecuado.

Generosidad de corazón es lo que yo pido. Que la escuela de la vida produce buenos alumnos cuando se hallan animados de generosos corazones.”

(Vida Socialista, número 46, 13 de noviembre de 1910).

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