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Días de cambios en tiempo de catástrofes


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El Presidente del Gobierno y Secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, preside la reunión del Comité Federal del PSOE en la sede socialista de la calle Ferraz. / Foto: Eva Ercolanese - PSOE. El Presidente del Gobierno y Secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, preside la reunión del Comité Federal del PSOE en la sede socialista de la calle Ferraz. / Foto: Eva Ercolanese - PSOE.

El presidente del gobierno y secretario general del PSOE ha aprovechado la inesperada dimisión de la vicesecretaria general Adriana Lastra debido a un embarazo de riesgo, para remodelar la dirección del partido y del grupo parlamentario con el horizonte del próximo año electoral de 2023. Con ese objetivo, ha pretendido culminar la integración de las diferentes sensibilidades expresadas en su momento en las primarias en la dirección del partido, fortaleciendo a su vez la relación entre el núcleo del gobierno y la ejecutiva del partido, y relanzando su proyección parlamentaria. Dos ministras como Reyes Maroto y Pilar Alegría en la vicesecretaria y portavocía de la dirección del PSOE respectivamente, junto a Pachi López que aparece como portavoz secante en el Congreso de los diputados frente a la manipulación grosera del terrorismo de ETA y de sus víctimas por parte del PP para luego arrojarsela al gobierno como denuncia de la presencia de Bildu en la mayoría de investidura. Una estrategia que como último recurso acaba de fracasar en el reciente debate del estado de la nación.

Coincidiendo con todo esto, ha presentado la dimisión la fiscal general del Estado por razones de salud y se ha procedido a la sustitución inmediata por su mano derecha, el hasta ahora teniente fiscal. Ambos fiscales han sido tratados con la misma beligerancia que han sufrido desde el inicio de su gestión por parte de los fiscales conservadores, la derecha política y sus medios de comunicación afines, con la bandera de la independencia, cosa que no hicieron cuando nombramientos de similares características le correspondieron a la derecha en el gobierno. Y es que los hay que han nacido para gobernar y tienen el marchamo de la independencia de serie.

Todos estos cambios se producen después del fracaso electoral de los partidos de la coalición de gobierno en las elecciones andaluzas con el logro de la mayoría absoluta del PP y en el contexto de los datos de las encuestas de intención de voto para el conjunto de la izquierda cada día más negativos y en consecuencia con interrogantes sobre el futuro del gobierno de coalición. Aunque después del reciente debate del estado de la nación en el que Sánchez como presidente del gobierno ha recuperado la iniciativa política y ha consolidado la mayoría de investidura, aportando un rayo de esperanza frente a una oposición sin alternativa, más allá del recurso casi obsesivo a las rebajas de impuestos y al comodín de ETA.

Para algunos como el presidente y candidato del PP Núñez Feijóo, la mencionada remodelación sería más bien una crisis política que añadida a la situación económica sería la demostración del congreso fallido realizado hace tan solo nueve meses y por tanto un nuevo fracaso político personal del presidente Sanchez. Aunque no se entienda muy bien en qué se basa la autoridad del PP para pontificar sobre congresos fallidos y remodelaciones con el Congreso del PP que eligió al Sr Casado y su posterior defenestración por su denuncia de corrupción y la inmediata conjura de barones con la participación de Feijóo, sin que hasta ahora haya habido ninguna explicación pública. Tampoco los datos favorables de crecimiento y empleo de la situación económica al final de la pandemia y a pesar de la actual escalada de precios a consecuencia de los efectos de la guerra de Ucrania sobre la economía europea, avalan un diagnóstico tan catastrofista de recesión y ruina.

La remodelación de la dirección del PSOE ha sido para otros una muestra más de la sumisión del partido al personalismo del Presidente Sánchez y como consecuencia ha puesto en evidencia para ellos poco menos que el deterioro sino la decadencia poco menos que irreversible del PSOE y de la aplicación de su democracia interna. Es cierto que en el período populista, el PSOE y el conjunto de los nuevos y viejos partidos políticos, entre los que también se incluye el PP, han quedado relegados a un segundo plano como guardia de corps de sus presidentes o secretarios generales y su democracia interna demediada. Un modelo populista de partido que afecta a todos y un reto de regeneración que requiere cambios profundos de fondo y de formas y no solo en los partidos sino en las instituciones y en los medios de comunicación.

Los hay que incluso atribuyen a Pedro Sánchez la fría determinación de deshacerse de todos los que le acompañaron en la campaña interna para recuperar la Secretaría General y por tanto para soltar lastre en su giro a la derecha en el partido. Algo difícil de explicar cuando al mismo tiempo se le acusa de giro a la izquierda al haber adoptado el programa económico de Unidas Podemos con el control de precios y los impuestos anunciados sobre los beneficios excesivos de las compañías energéticas, así como de la banca. Poco importa la coherencia de los argumentos cuando de lo que se trata es de continuar con la sistemática labor de erosión y deslegitimación de la figura del presidente del gobierno, para calificarle poco menos que como origen y expresión de todos los males del país, reales o inventados, y como representante de la mentira y la maldad en política.

Por eso, tanto unos como otros le pronostican un corto vuelo a la nueva dirección, cuando no con motivo del cambio anuncian una vez más la inminente crisis de gobierno y el fin de la legislatura.

El verdadero problema para el gobierno de coalición es el encadenamiento de catástrofes desde el inicio de la legislatura, atrapado entre los efectos de la pandemia, luego de la guerra y ahora de los incendios como consecuencia imponderables como del cambio climático, en que resulta muy difícil que la mera gestión reduzca su impacto económico y social y la sensación de incertidumbre. Nos movemos entre el fatalismo de los sectores progresistas y el agravio, el resentimiento y la ira de los conservadores.

En definitiva, unos cambios sometidos a la crítica despiadada de los analistas políticos, algunos de los cuales han destacado por su silencio o cuanto menos por su calculada discreción con respecto a los datos que vamos conociendo y que demostraban la organización por parte de la dirección del PP en el seno de su gobierno, y más en concreto desde el ministerio del interior, de una mafia policial al servicio de sus intereses políticos, tanto para obstruir la acción de la justicia frente a sus casos de corrupción, como para elaborar informes y realizar montajes falsos y calumniosos sobre sus adversarios políticos como ha ocurrido con Podemos. Menos mal que el parlamento cumplió con su cometido con la moción de censura.

 

Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.

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