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Necesitamos un cambio imposible de abordar

España no da más de sí. Necesitamos un cambio pero no tenemos la capacidad de hacerlo posible. Son muchos los interrogantes que necesitan respuesta urgente. Nuestra Constitución debe flexibilizarse, abrirse y dejar que entre aire. Justamente lo contrario de lo que el gobierno y sus apoyos parecen promover.

La tensión generada por el derecho de autodeterminación de distintos territorios de España hace evidente que es necesario abordar este asunto con celeridad, sosiego y mucha capacidad de escucha. La Carta Magna necesita encontrar una fórmula a través de la cual se permita la existencia del derecho a decidir con la convivencia entre los territorios. No es sencillo, puesto que los hechos demuestran que, ahora más que nunca, tenemos una clase política en España incapaz de dialogar, absolutamente ciega y sorda, y que además, se jacta de serlo. No hay manera de que exista la más mínima posibilidad de permeabilidad por parte de Madrid, y esto es un error que nos va a pasar factura durante muchísimo tiempo si no cambiamos de actitud.

Es preciso replantear el papel que juega la administración de justicia en nuestro Estado. Escuchar a los jueces que señalan y denuncian las continuas injerencias del gobierno en sus funciones. El saneamiento de la separación de poderes exige una respuesta contundente. Y no tenemos tiempo para seguir prolongando esta agonía, puesto que la inseguridad jurídica que estamos sufriendo costará muchos años repararla.

El papel del Tribunal Constitucional, igualmente, ha de ser puesto en cuestión. La reforma de la Ley que lo regula, en 2015 supuso un auténtico atentado contra los principios más básicos de un sistema democrático y de un Estado de Derecho. Aunque nos asuste, es tiempo de asumir y reconocer que tenemos algunas herramientas que ya no funcionan, no sirven y deben ser estudiadas, para en su caso, ser actualizadas.

Los partidos políticos están resultando no ser eficaces para abordar la enorme cantidad de asuntos de gravísima urgencia. La justicia tampoco resulta eficaz ni efectiva: por las injerencias comentadas, pero también por la tremenda falta de dotación económica de la que adolece, y que le imposibilita ser más ágil. Un Estado de Bienestar que se desmorona, que ve cómo no hay manera de sostenerle, porque sus pilares eran de barro. No queremos verlo, no quieren reconocerlo y cuanto más tiempo tardemos en dar un paso adelante y abordar con valentía y responsabilidad esta situación, más daños se causarán (sobre todo a millones de personas que no tienen responsabilidad de ningún tipo en esta catástrofe).

Nos han engañado durante demasiado tiempo. Nos han hecho confiar en un sistema que, en realidad, no había por dónde cogerlo. Y han trabajado duro: sobre todo para que tardásemos en darnos cuenta de que todo eso que nos contaban, lo de los derechos, la igualdad, la justicia, era una enorme mentira.

No, no es que sea catastrofista, sino que estoy cansada de ver cómo se pierden en excusas, en mentiras y nadie es capaz de plantear propuestas de diálogo, de comprensión y de comenzar a abordar las soluciones que son tan necesarias. Todos se han atrincherado en la crítica, y ni siquiera cuentan con sus propias filas para poder dar un paso adelante. No hay más que ver en lo que se han convertido los partidos políticos: agencias de colocación que, a la hora de hacer su trabajo, ni están ni se les espera.

Ya podemos espabilar, porque sin personas con las ideas claras y con el firme compromiso de trabajar para el bien del pueblo, estamos todos perdidos (bueno, casi todos, porque los que nos han llevado hasta aquí, se irán como siempre, de “rositas”).

Abogada.