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La brecha salarial es un abismo social

Hoy, las feministas reivindican el día de la Brecha Salarial. Desde 2014 para la Unión Europea erradicar la diferencia salarial entre hombres y mujeres en sus estados miembros es un objetivo principal de la Estrategia 2020.

La Ley de Igualdad aprobada e impulsada por un gobierno socialista ponía la atención en las empresas a partir de 200 trabajadores y trabajadoras, y sin sanciones económicas no se ha materializado nada. Se habla de feminización de la pobreza porque hay más trabajadoras con salarios por debajo del salario mínimo que hombres. Eso supone que tienen menos renta disponible mensualmente, pero también que tendrán menos cobertura de la prestación por desempleo y peores pensiones. En la Administración Pública, que debería ser punta de lanza de los derechos legislados, los permisos por maternidad los piden en un 97% las mujeres, lo que supone que los hombres obtengan promoción y complementos.

Algo que no es baladí a la hora de explicar el porqué del techo de cristal, en la administración pública, con más mujeres que hombres, se cuenta con más directores que directoras. Y en la empresa privada solo el 13% de los miembros de los Consejos de Administración de las Marca España del IBEX 35 son mujeres.

También da para mucho que los propios gobernantes remuneran con menos masa salarial las consejerías de Servicios Sociales, Educación y Sanidad (por no citar a Igualdad) donde están sobrerepresentadas las mujeres.

Mucho se habla del complemento de penosidad, como si las mujeres de este país trabajasen todas de críticas gastronómicas de la Estrella Michelín. Las denominadas "mujeres de la limpieza" no reciben complemento de toxicidad ni se les garantiza la disposición de guantes y mascarillas, pero los hombres que limpian cristales (aún sin cobrar el complemento de peligrosidad por el trabajo vertical) si lo cobran.

A las mujeres se las juzga desde que cruzan la puerta con el currículum el día de la entrevista, desde el color de las uñas hasta el largo de la falda. Son discriminadas en el lugar de trabajo y las que más sufren el acoso sexual por parte tanto de compañeros como de superiores, y ahí están las sentencias judiciales de las pocas que denuncian avalando con datos lo que las feministas ya sabían.

Son ellas las que acceden a los trabajos peor remunerados y quienes acaban con contratos que no reflejan el número total de horas trabajadas. Algo que también ocurre entre los hombres, pero con la diferencia que las mujeres trabajan 40 horas firmando contratos de 20, necesitando trabajar por tanto el doble de años para cotizar lo mismo que un hombre que firma un contrato de 40 horas y trabaja 60. Todos están explotados, pero ellas más.

En países tan librepensadores como Alemania, donde las empresas deben publicar las nóminas, se comprueba con un golpe de ojo que las mujeres cobran un 22% menos por hora trabajada.

La apuesta socialista con Carmen Calvo a la cabeza para sancionar a las empresas que no cumplan la Constitución y se pague menos en sus plantillas discriminando por sexos, ya cuenta con la revisión de la Unión General de Trabajadores, que exige ambición y que no se legisle según el número de plantilla, sino que toda empresa este obligada a rendir cuentas de su masa salarial.

No olviden, y que no olviden los machistas, que también los hay en la izquierda tan reaccionarios con el genéro femenino como en la derecha, que si se pide igualdad salarial es por una cuestión de clase. Es cuestión de pura clase que la plusvalía generada por las mujeres en las empresas es mayor que la de los hombres, unos 7.712 euros anuales que dejan de ingresar, en el caso de las familias heteronormativas. Algo que obviamente, se duplica en el caso de las familias formadas por dos madres con respecto a las formadas por dos padres.

Y sobre familias monomarentales, que son muchísimas más que las monoparentales, con solo un sueldo, y además este afectado por la brecha salarial, supone una gran desigualdad de oportunidades para su proble.

Pero los machistas de la derecha, y con la ceguera de los machistas de izquierda como aliados, han hecho entender que es una cuestión de mujeres contra hombres, no de política laboral. Como si en algún momento, las mujeres hubieran reclamado que se les bajase el salario a sus compañeros, y no que se los subiesen a ellas.

Cuando se difumina la brecha salarial es porque los sueldos de los hombres también son precarios, se reparte la pobreza, mientras que en las Finanzas y los Seguros la brecha sube al 40%.

Las mujeres son en mayor proporción que los hombres "Auxiliares" aunque tengan la misma titulación que ellos.

Para quien pregunte rascándose el obligo, estos datos que desde el Informe realizado por el equipo experto de la UGT se exponen, se recogen a través del modelo 190 que la Agencia Tributaria (un akellarre de brujas como es conocido) obliga a cumplimentar a las empresas. Es lo que los propios empresarios confiesan que pagan a las mujeres trabajadoras.

Los salarios de las mujeres se concentran en un 80% por debajo de los 1.000, en el extremo opuesto, 10 veces el salario mínimo concentra en un 70% a hombres frente a un 30% de mujeres. Y más un millón de mujeres en España cobra menos de 600€ mensuales.

Esto provoca que a la hora del cuidado de los hijos y personas dependientes que pueden encontrarse en las familias, ya sea de forma transitoria o para atender una enfermedad crónica, como ya hemos apuntado, los permisos y excedencias se soliciten en más del 95% por mujeres. Hay que exigir por justicia la corresponsabilidad, solo así cuando los hombres vean afectado con ello el concepto de la antigüedad en sus ingresos, serán conscientes de que este abuso ya se producía antes de que ellos admitieran sus obligaciones en los cuidados de la familia. Y que las mujeres que trabajan, siguen siendo las guardianas del orden familiar al volver a casa.

Se sigue creyendo en el modelo de familia sexista que aún impera, que el salario de la mujer es un complemento a la economía familiar y no un salario digno.

Los hombres que no cuestionen esta retribución tan injusta en aras de seguir siendo los cabezas de familia y así limitar la independencia y emancipación femenina, tan solo están sustentando un sistema de plusvalías que contribuye a que los ricos, sigan siendo más ricos.

Aida dos Santos

Politóloga por la Universidad Complutense de Madrid.