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EL PERIÓDICO
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La guerra del Taxi


Ayer sufrimos otra huelga de Taxis en Madrid y Barcelona. La segunda en un mes. La anterior, fue estratégicamente programada el fin de semana del World Gay Pride -La manifestación y festejo del Orgullo Gay Mundial-, y la visita de dos millones y medio de personas a la capital.

Hoy, a apenas quince minutos de que acabe la huelga, y dada la naturaleza de la misma, -la protesta sobre la competencia tecnológica de Cabify o Uber- , tiro de la lengua a mi conductor, quizá atípico, dado su origen latinoamericano, que empieza a quejarse “del compañero taxista”.

La conversación comienza en tono tranquilo, en términos de solidaridad de guilda, y la necesidad de algunos compañeros de trabajar; contra los piquetes y actuaciones violentas de un gremio que siempre ha tenido mala fama, pero que hoy llega a su cenit.

Yo soy el primero que atiende a manifestaciones, que defiende los derechos de los trabajadores y escribe sobre equilibrar la igualdad entre poderes en cualquier ámbito. Pero cuando una industria dinosáurica, que se ha beneficiado del monopolio durante décadas, se queja de competición, es que estamos caminando en la buena dirección.

Con índices como la baja digitalización, falta de transparencia, insatisfacción del consumidor y costes altísimos, cualquier tecnólogo argumentará -y con razón- que la del Taxi, es una industria que necesita ser “disrumpida” -del término de moda anglosajón “disrupted-” y la tecnología no perdona. Uber y Cabify. Nos pueden gustar más o menos, -he escrito extensamente criticando las políticas y operaciones de UBER- pero es innegable que estos nuevos jugadores son el futuro.

Y así sube mi interlocutor el tono, justificando que “a lo que no hay derecho” es a que compañeros taxistas obstruyan las entradas a las estaciones con sus taxis, finjan ser peatones para golpear y gritar improperios a los compañeros esquiroles que si deciden trabajar o en general coaccionen con la violencia. “Por lo menos no pinchan ruedas como a los de UBER, entre nosotros se limitan a tirar huevos.” Que alivio.

He de decir que a título personal, la huelga me parece fabulosa, grandes derechos de éste país se han conseguido de este modo, pero las necesidades -y el pensamiento individual- corresponden al mismo individuo, y a veces, tenemos que aceptar que no se alinean con las nuestras. Cuando intentamos por la fuerza conseguir lo que no conseguimos con la razón, -que otros se unan a una huelga- no queda sino hacer ejercicio de reflexión. De otro modo estamos violando el derecho individual -y constitucional- al trabajo, completamente recogido en el artículo treinta y cinco y veintiocho de nuestra constitución; “Los piquetes pueden informar, pero nunca coaccionar”.

Desconozco si las fuerzas del estado hacen algo al respecto, pero imagino que si fuera de manera opuesta; si alguien nos obligara a trabajar bajo coerción y violencia, prestarían mucha más atención a lo que es un delito en todas sus formas.

Que la competencia beneficia al mercado es obvio; desde el punto de vista operativo, el Taxi está hoy casi casi en la mejor versión de si mismo; tiene ya varias aplicaciones móviles, a través de las cuales el usuario puede solicitar, programar e incluso pagar el trayecto desde su teléfono. Si miramos el aspecto legislativo, hace escasamente seis meses que al taxista se le exige la aceptación de tarjeta de crédito; evitando la evasión de impuestos y mejorando cualitativamente la experiencia del cliente. Desde el regulativo, las tarifas fijas a 30€ de y hacia el aeropuerto tienen apenas tres años; porque basta ya de estafar turistas. ¿El siguiente paso en esta carrera de fondo por la supervivencia? El precio por kilometraje. El taxi sigue siendo la opción más costosa.

Si el taxi avanza, pero quizá no lo suficientemente rápido. O quizá siempre estuvo predestinado a su extinción futura, como la solución temporal que operó entre peatones, destinos y tecnología.

Porque como argumentaba Darwin, no es el más rápido ni el más fuerte el que sobrevive, sino el que mejor se adapta al cambio, y el ciudadano de a pie ya ha sufrido suficiente el monopolio hegemónico de transporte; porque recordemos que el verdugo no es el legislativo, el competidor desleal o la tecnología; sino el usuario de servicios de movilidad, que sacando el móvil de su bolsillo, descarta cada vez más a una industria hostil en vías de extinción.

Señores taxistas, con todo el dolor de mi corazón, la batalla está perdida, abandonen el barco los primeros -sin ánimo de símil- que tras el VTC llegan los micro alquileres de coches, y poco después la automatización completa, más segura y eficiente para el tráfico. Y todo ésto en el transcurso de nuestras vidas.

Así que dejen hacer y hagan huelga, y el que quiera indefinida.