LA ZURDA

África y su desarrollo sostenible

Unos 7.700 millones de personas habitamos el planeta Tierra y las previsiones son que seremos aproximadamente 10.000 millones de habitantes en el año 2050. Los 54 países que forman el continente africano podrían pasar de los 1.300 millones de personas actuales a unos 2.500 millones en dicha fecha, es decir, serían los responsables de la mitad del crecimiento mundial.

En África, de esos 1.300 millones de habitantes, 401 millones son mujeres y hombres entre los 10 y los 24 años. Son las mujeres y hombres que contribuirán a crear los países del año 2050. Y son estos jóvenes de hoy quienes serán los mayores del mañana y los más afectados por los efectos del cambio climático. Y, por supuesto, sus decisiones, su compromiso, su trabajo y sus acciones tendrán, junto con las acciones de las demás personas de otros continentes, una influencia y afectación importante en dicho cambio climático.

Se prevé que para 2050 las necesidades de agua y energía aumentarán en torno a un 50% y las de alimentos lo harán en un 60% con respecto a las actuales. Con estas previsiones globales, ¿se darán las condiciones para que el continente africano pueda alcanzar el año 2030 con una tasa de desarrollo sostenible que ampare a las personas, a la economía y al medio ambiente?.

Para lograr este desarrollo sostenible, las Naciones Unidas establecieron en septiembre de 2015, 17 objetivos globales a cumplir en 2030 y que van dirigidos a luchar contra la pobreza, proteger el planeta y asegurar el desarrollo digno y la prosperidad de sus habitantes.

África es un continente con una gran diversidad (se hablan más de 2.100 lenguas, es decir, el 30% del total mundial), con grandes desigualdades sociales, demográficamente joven, con enorme potencial de mejora y con episodios de conflictos; esto último, quizás debido, entre otras cosas, a que desde que empezó su colonización (con distintas formas de gestión) por parte de las potencias europeas, a principios del siglo XIX, en busca de sus riquezas naturales (metales preciosos, hidrocarburos, cultivos varios, etc.) y mano de obra, los países colonizados, en general, no han obtenido la paz permanente ni el desarrollo acorde con su nivel de recursos.

Pero no todo ha sido debido a sus antecedentes coloniales; existen actualmente unas crisis en cuanto al desarrollo político, democrático y social de los estados, en general, que impiden ese deseado crecimiento social y económico. Con estos antecedentes, no es extraño que en el Índice mundial de felicidad por países realizada por Naciones Unidas para 2019, la mayoría de los países africanos estén en el último tercio de la tabla.

África es un continente donde existen países con conflictos interfronterizos por el control de los recursos hídricos y otras riquezas naturales, además de los llamados “estados fallidos” y en conflicto permanente (entre otras cosas, debido a la herencia de la conferencia de Berlín de 1885). La incorrecta gestión de los recursos hídricos trae como consecuencia una merma importante en el desarrollo de las personas y los pueblos, a través de la agricultura, la ganadería, la industria, etc.

Influye también en la seguridad de las poblaciones, ya que hace que las mujeres y niñas deban recorrer grandes distancias (con los peligros inherentes a estos traslados en solitario por zonas, muchas veces, inhóspitas) cada día para recoger ese preciado líquido en lugar de trabajar o ir a la escuela. Influye en la diseminación de enfermedades de transmisión hídrica con las correspondientes epidemias en no pocos países, y que fueron los causantes de la muerte de 5 millones de niños menores de cinco años entre 1995 y 2015.

El aumento de temperaturas provocado por el cambio climático hace que se reduzcan algunos cultivos y los pastos para el ganado en determinadas zonas intra o interfronterizas y que haya violencia entre diferentes grupos armados por su control.

Y si las temperaturas llegasen a experimentar un crecimiento de 2ºC en los próximos años, los principales cultivos de cereales (trigo, arroz y maíz) experimentarán una disminución de la producción en las regiones tropicales y templadas…..que provocarán más tasas de pobreza.

A pesar de que en estos últimos años, África ha tenido un crecimiento de su PIB (Producto Interior Bruto) próximo al 5% (el segundo crecimiento mundial por detrás de Asia), este crecimiento no se ha transformado, en líneas generales en una mejora de las condiciones de vida para la mayoría de sus ciudadanos. Aunque existan países como Guinea Ecuatorial, Etiopía, Mauritania, Mozambique o Ghana cuyas economías están avanzando de manera sostenida, hay que tener en cuenta que, en el conjunto del continente africano, el 33,5% de la población vive con menos de 2 $ al día (y esto es verdadera pobreza), y esto nos indica que todavía falta un gran camino por recorrer.

Esta pobreza junto con el cambio climático y los conflictos con mayor o menor tasa de violencia, tienen unos de sus peores efectos en las migraciones obligadas de tantos seres humanos (en 2017 casi 25 millones de personas emigraron en África de sus pueblos o ciudades, aunque la mayoría lo hicieron a países vecinos; y 58.000 personas llegaron a España en 2018) que dejando atrás sus vidas, se dirigen hacia un futuro incierto, lleno de peligros en su caminar (grupos terroristas y mafias que controlan las rutas de la droga, las armas y el tráfico de personas) hacia los países de destino.

Para poder desarrollar este continente de una manera sostenible y mejorar todas estas (y otras) situaciones, se han puesto los esfuerzos en la consecución de los 17 objetivos globales; y para trabajar sobre ellos es importante, entre otras cosas, solucionar las brechas de la falta de datos para hacer el seguimiento de los indicadores y metas de cada uno de los objetivos establecidos; conseguir la financiación necesaria (entre 500 billones y 1,2 trillones de dólares/año), y llevar a cabo la puesta en marcha, de manera transparente y eficaz, de las políticas y reformas estructurales necesarias por parte de los gobernantes y los países implicados.

Sólo un desarrollo centrado en todo aquello que nos une y respetuoso con la gran diversidad humana, cultural y religiosa de este continente, así como la puesta en marcha de programas eficientes de promoción de empleo, el aumento de la productividad de la agricultura, la mejora de los procesos industriales siguiendo los parámetros de una economía circular y un desarrollo sostenible, el desarrollo de procesos democráticos estables, participativos y transparentes, entre otros, serán las palancas que harán desarrollarse de manera sostenible a este continente.

Para ello, entre otras acciones, se estima fundamental la cooperación entre el sector público y el sector privado (hay menos proyectos PPP en los países africanos que en otros países en vías de desarrollo), y la creación de oportunidades reales de desarrollo en los estados como motores que podrían llegar a poner remedio a esta urgente necesidad de financiación como punto de partida para el cumplimiento de los objetivos de desarrollo sostenible. Aunque las mayores inversiones provengan actualmente de China, Estados Unidos, Francia y Reino Unido, falta mayor implicación por parte de otras naciones, y en su conjunto, por parte de Europa, que por proximidad y lazos históricos, tiene mucho que decir…y que hacer.

Si las naciones en su conjunto pretenden que África tenga un desarrollo social, medioambiental y económico sostenible, teniendo en cuenta una política basada en la mejora de las condiciones del ser humano y en el desarrollo del mismo dentro de una sociedad global, deben considerar una visión a todos los niveles para la puesta en marcha de unas políticas compartidas e integradoras.

Cooperar en el avance y desarrollo de ese gran continente que es África es asegurar el cumplimiento de los 17 objetivos de desarrollo sostenible, y eso influirá en el del resto del mundo, porque en la sociedad global actual (para “no dejar a nadie atrás”), son fundamentales el compromiso y trabajo conjuntos para poder disfrutar de los beneficios de una economía circular e integradora, respetuosa con un desarrollo sostenible medioambiental, económico y social.