LA ZURDA

Hygeia, ¿un nuevo planeta enano para la familia solar?

El Sistema Solar es en el Universo como la orilla frente al enorme océano: un espacio mínimo, primerizo, y cuyas aguas poco profundas apenas dejan entrever todo lo que está más allá, las muchas maravillas que se esconden bajo las olas de ese espacio oceánico.

Pero también hay maravillas dentro de sus límites. Y hay, igualmente, sorpresas. El Sistema Solar, incrustado en una porción minúscula de nuestra galaxia, una espiral majestuosa llamada Vía Láctea, se alumbra gracias a su motor, el Sol, que dota de energía y luz a todo el conjunto de planetas, lunas, asteroides, cometas y pequeños guijarros, los cuales pululan a toda velocidad por sus dominios. Pero quien piense que todo está ya descubierto y conocido en el Sistema Solar se equivoca. Completamente.

Los asteroides son objetos menores que un planeta, muy variables en tamaño y forma y, en su mayoría, suelen congregarse ocupando un espacio amplio y desgarbado entre las órbitas de dos planetas, el pequeño Marte y el gigante Júpiter, espacio que recibe el nombre de Cinturón de Asteroides. En el año 1800 se descubrió el primero de ellos, Ceres, que en un primer momento se creyó que era un planeta de pleno derecho, como la Tierra o Saturno. Pero como pronto se detectaron muchos otros fue más sensato catalogarlos como una clase aparte.

Hoy sabemos que hay miles y miles de asteroides, algunos con un tamaño bastante respetable (Ceres alcanza casi un tercio el diámetro de la Luna) y de formas caprichosas y raras. Hay algunos que no son mayores que coches o edificios, y parecen patatas sueltas por el espacio.

Sin embargo, en otro lugar del Sistema Solar, en su orilla más lejana, también se descubrieron nuevos mundos. Plutón fue visto hace poco menos de un siglo, en 1930, y aunque como en el caso de Ceres se le catalogó en principio como planeta, finalmente también él fue depuesto de ese cargo y devaluado a la nueva categoría de planeta enano, en 2006. Plutón fue el primero y el más famoso integrante de esa categoría, a la que se han sumado un puñado de nuevos cuerpos en los últimos años; uno de ellos es Ceres, que ha pasado de ser el culmen de los asteroides a un modesto planeta enano. Al menos, Ceres conservaba el estatus de planeta enano dentro del Cinturón de Asteroides, y además era el menor de todos los conocidos, algo único y exclusivo. Pero, por lo que parece, a Ceres le persigue una maldición que trata de arrebatarle todo privilegio astronómico.

En efecto, porque Vesta y Pallas (los mayores asteroides en tamaño del Cinturón) no poseen todos los rasgos para ser considerados planetas enanos; pero parece que sí los tiene Hygeia, el siguiente en la lista. ¿Conseguirá privar a Ceres de su prerrogativa?

Tengamos en cuenta que para que un cuerpo se considere planeta enano en nuestro Sistema Solar debe satisfacer cuatro requisitos: naturalmente, debe girar en torno al Sol; no debe ser una luna de otro cuerpo y debe haber sido incapaz de “limpiar” el entorno de su órbita de otros cuerpos más pequeños (como sí hacen los planetas “mayores”, que con su gravedad o bien despiden lejos o bien acaban incorporando a su propio cuerpo los objetos menores); finalmente, debe ser también un objeto esférico, algo que sólo consiguen los cuerpos mayores gracias a poseer una gravedad más intensa, que obliga a redondear su forma.

Vesta y Pallas, pese a tener dimensiones grandes (572 y 512 kilómetros de diámetro, respectivamente), no muestran sus figuras con la esfericidad requerida, sino que están como achatados, deformes. Por tanto, al observar a Hygeia por primera vez por medio del instrumento de óptica adaptativa SPHERE, acoplado al gigantesco Very Large Telescope (VLT, ESO), un conjunto de cuatro telescopios ópticos de 8,2 metros cada uno ubicado en el desierto chileno de Atacama, los astrónomos se han quedado sorprendidos porque este modesto asteroide de 430 kilómetros de diámetro sí muestra una forma aproximadamente esférica.

Además, Hygeia parece que ha tenido una historia evolutiva violenta. Empleando simulaciones numéricas, los astrónomos han deducido que este asteroide fue destruido hace unos 2.000 millones de años a causa de un furibundo impacto con otro cuerpo de unos 100 kilómetros. Destrozados ambos, tras el tiempo multitud de pedazos volvieron a “pegarse” entre sí para constituir Hygeia, mientras muchos otros (varios miles) quedaron en las cercanías sin aglutinarse, dando lugar a una numerosísima familia de asteroides acompañantes, de la que Hygeia es pues su “progenitora”.

¿Tiene Hygeia las características necesarias para considerarse planeta enano y arrebatar a Ceres su título privilegiado? Por lo que parece, así es. Pero serán necesarias más observaciones, y un cierto periodo de “reflexión”, para determinar si tenemos que destronar a Ceres y ubicar a Hygeia como el planeta enano más pequeño del Cinturón de Asteroides. Por otro lado, si en las afueras del Sistema Solar se descubren otros mundos con los cuatro requisitos mencionados, y estos mundos empiezan a ser numerosos, quizá se tenga que replantear el clasificarlos a todos como planetas enanos, si no queremos que proliferen más que las setas. Un Sistema Solar con 200 planetas enanos no es muy “elegante”, como tampoco lo hubiera sido un Sistema Solar con 200 planetas, de haber aceptado esa denominación para los asteroides.

De lo que no cabe duda es que la astronomía no cesa de proporcionar sorpresas, y que con instrumentos como SPHERE, que permite el estudio de los mundos con una potencia de elaboración de imágenes sin precedentes, los astrónomos están en disposición de estudiar con un detalle nunca visto los alrededores de esa orilla cósmica fascinante que es nuestro Sistema Solar.

Nacido en Gandía (Valencia) en 1980, Jesús S. Giner es educador ambiental y en la actualidad cursa el Grado en Filosofía por la UNED de Valencia.

Su afecto por la astronomía, tema del que ha publicado más de cincuenta artículos de divulgación y sobre el que imparte talleres en la Universidad Popular de Gandía, junto con su pasión por la literatura ha dado como fruto su primer libro VIVIR EL CIELO (Ediciones Ondina).