LA ZURDA

Un estallido Magic(o)

Como dos inmensos panales reflectantes, los telescopios hermanos Magic I y Magic II escudriñan los más remotos lugares de nuestro Universo desde su ubicación, privilegiada y límpida, en la cima del Roque de los Muchachos, en la canaria isla de La Palma. Son telescopios extraños, con un semblante infrecuente, pero se debe a su objetivo y a la forma en que trabajan. Su cometido no es discernir mejor detalles de una nebulosa o perfilar el rostro de un planeta, sino detectar la luz, lejanísima y casi instantánea, de explosiones muy violentas (es decir, muy energéticas) que barren el firmamento en un instante ínfimo.

Estamos acostumbrados a percibir el cielo como un lugar tranquilo, un ambiente regular y sereno, en el que casi nada cambia a lo largo de las noches o los años, a excepción de las fases lunares, la altura del Sol y los correteos visuales de los planetas entre las estrellas. Pero eso es porque nuestros ojos no advierten el rostro feroz del espacio, el Darth Vader cósmico: si nos ponemos unas gafas que permitan “ver” otros tipos de luz, otra radiación que no sea la visible (la que permite al amable lector leer estas líneas, por ejemplo), esa radiación que domina nuestro mundo cotidiano, se nos revelará un Cosmos totalmente distinto. Y puede que nos cause pesadillas.

A principios de este año 2019, un extenso grupo de astrónomos realizaron un sorprendente descubrimiento. Observaron una (pequeña, para nosotros, vista desde la Tierra, pero inmensa a escala cósmica) explosión de rayos gamma, un tipo de luz extremadamente violenta, que brotó de lejanas galaxias hace mucho tiempo y que ahora llega a nuestro planeta. Estas explosiones tienen una energía difícil de imaginar: la detectada en el Roque de los Muchachos es del orden de un teraelectronvoltio. El tiempo de vida de una estrella corriente, como lo es nuestro Sol, es de unos 10.000 millones de años. En ese inmenso tiempo, la estrella emitirá al espacio una gigantesca cantidad de energía. Pues esa cantidad es la misma que, en apenas unos segundos, se liberó al espacio con el brote de rayos gamma visto desde La Palma. Cabe recordar, también, que el suceso fue mucho más brillante que la galaxia en donde aconteció (y una galaxia tipo posee centenares de miles de millones de estrellas), lo que nos da una idea de su luminosidad.

En realidad, este descubrimiento en suelo español (si bien la primera luz la vislumbraron dos satélites de la NASA, que alertaron a la comunidad científica para que siguieran el efímero espectáculo), mató dos pájaros de un tiro en cuanto a récords: por un lado, las partículas de luz que transportan esta inmensa energía nunca habían alcanzado valores tan altos; es decir, es la luz gamma más energética que se ha medido nunca en el espacio. Y, por otro, la luminosidad de la explosión es enorme, mayor que cualquier otro estallido similar visto nunca.

La tecnología punta empleada en estos instrumentos del Roque de los Muchachos es fascinante, y permite orientar y enfocarlos hacia la dirección requerida en apenas medio minuto. Teniendo en cuenta que hablamos de un peso de 60 toneladas, para ambos hermanos telescópicos, es un logro extraordinario. Pero debe ser así; los estallidos de rayos gamma (GRB’s, en sus siglas en inglés) son exiguos en tiempo: el pico de luminosidad dura apenas unos segundos, que luego se va desvaneciendo. La rapidez con que se alertó a los telescopios de todo el mundo ha permitido observar y documentar el fenómeno. No es como observar la luz fija y constante de cualquier estrella, que está ahí siempre; en un GRB’s hay que rápido y preciso, porque en un abrir y cerrar de ojos desaparece de nuestra vista y no se sabe cuándo habrá la próxima oportunidad.

¿Qué causó esa explosión colosal? Las estrellas muy masivas, al llegar a su vejez, explotan en forma de supernova; si su masa es la suficiente, tras la supernova el remanente resultante se transforma en un agujero negro. La materia brota entonces eyectada al espacio en forma de chorros (o jets), los cuales interaccionan con campos magnéticos muy poderosos creados a consecuencia de la explosión, así como con la materia cercana al recién creado agujero negro, y es en esas condiciones cuando se produce la inmensa radiación luminosa de las brotes de rayos gamma.

Este tipo de fenómenos tan energéticos son sumamente útiles e interesantes para los científicos. Se hallan en el margen de lo que podemos llegar a entender, por su escala y potencia, y son resultado de procesos que aún no están bien perfilados. Hay quien dice que quizá la luz, que siempre se ha visto como una constante universal desde tiempos de Einstein, puede modificar su valor si se ve sometida a unas circunstancias tan extremas como los GRB’s. Es algo que habrá que estudiar.

Este vómito de luz tan energética en aquella lejana galaxia ha sido el testimonio de un suceso catastrófico, que de acontecer en nuestra Vía Láctea, y en nuestras cercanías hubiese puesto en jaque la supervivencia de nuestra especie y la biología terrestre. Gracias a la magia de estos telescopios en suelo canario, el mejor cielo de todo el hemisferio norte, tenemos evidencias de que el Cosmos está lejos de ser un lugar apacible, y cabe tomar conciencia de lo efímero de nuestra existencia, y de que sucesos azarosos, inadvertidos e inesperados podrían causar un cambio de rumbo en nuestras vidas… o su mismo fin.