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Marín Civera o la creación de una ideología proletaria

Hace 45 años, el 25 de mayo de 1975, moría en el exilio mexicano el pensador sindicalista Marín Civera Martínez. Nacido en Valencia en 1900, entre muchas de sus facetas destaca la de divulgador de una “alta cultura de masas” superadora de la novela social de los años 20. En el fondo se trataba de crear una cultura obrera propia limpia de escoria burguesa, a la manera gramsciana.

Hijo de un médico amante de la ópera y de la pintura, con una gran biblioteca en casa, Civera pudo adquirir una vasta cultura durante su juventud. Cursó el bachillerato en el Colegio de los Jesuitas de la ciudad del Turia, y después estudió contabilidad y logró alcanzar profundos conocimientos de Economía, disciplina que consideraba fundamental para el progreso social. Trabajó en una empresa consignataria de maderas de El Grau de Valencia y ejerció durante algún tiempo como profesor mercantil.

Afiliado a la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), en diciembre 1919 asistió como delegado del Sindicato Único de Empleados de Comercio de Valencia al Congreso Nacional de la CNT (Congreso de la Comedia.) Dicha delegación fue la encargada de proponer la creación de Sindicatos de Profesiones Liberales y Sindicatos de Distribución para incorporar a los técnicos e intelectuales al proceso revolucionario y, de este modo, poner a la organización sindical en condiciones de gestionar la producción y distribución industrial. Son las tesis del sindicalismo revolucionario. En 1920 ayudó a fundar el Sindicato de la Distribución y fue delegado del mismo en el Comité Regional de Levante de la CNT, donde llevó a cabo una importante labor estadística importante.

Pero Civera será más conocido como agitador cultural que como sindicalista. Durante la dictadura de Primo de Rivera ya había publicado La política del porvenir (1928) y había colaborado en los semanarios valencianos Diciembre y Estudios. En 1930 funda, financia y dirige los Cuadernos de Cultura, folletos quincenales de los que se publicaron casi un centenar de títulos hasta 1933 sobre diversas disciplinas de interés para el movimiento obrero (Economía, sindicalismo, Sociología, Historia, Filosofía, etc.), escritos por autores de diversas tendencias políticas (libertarios, republicanos, socialistas, comunistas, etc.): Hildegart, Santiago Montero Díaz, Ángel Pestaña, Ramón J. Sender, Andreu Nin, Gonzalo de Reparaz (padre e hijo), Amparo Poch y Gascón o el propio Civera (nº 1, Socialismo, y nº 5, La formación de la economía política), entre otros. Las cubiertas están diseñadas por sus paisanos Josep Renau y Manuel Monleón.

En la misma línea de eclecticismo político obrerista, aunque menos limitado al ámbito ibérico, entre 1932 y 1934 edita, dirige y vuelve a sufragar los veinte números de la prestigiosa publicación mensual valenciana Orto. Revista de Documentación Social, donde repiten muchos autores de los Cuadernos de Cultura y Josep Renau al frente de la redacción artística. Hay secciones referentes a sanidad, divulgación científica, aspectos críticos de la religión, urbanismo, agrarismo, actualidad política, economía, sexualidad, arte, feminismo y luchas sociales. Aunque el tema fundamental de debate en sus páginas es el de la cultura y su función social.

La práctica política de Civera es la de siempre: formar a las clases productoras para crear una ideología proletaria alejada de la cosmovisión burguesa y apta para la futura toma y control de los medios de producción. En cuanto economista, nuestro hombre da una importancia fundamental a la teoría económica. Trata de superar las contradicciones de las diferentes escuelas socialistas, así como de conciliar lo mejor de las tradiciones liberal, marxista y libertaria.

Del liberalismo aprovecha lo que puede de los economistas clásicos y lo que llama la “transición liberal” de David Ricardo, a caballo entre aquéllos y Marx.

Del marxismo asume la interpretación de los procesos económicos y de la historia, con una clara idea de la lucha de clases y su papel en la destrucción del capitalismo. Cree haber identificado la esencia de su filosofía, “los tres sistemas de Marx”: la “revolución permanente y la dictadura del proletariado” de la revolución de 1848; el sistema “cooperativo-sindicalista”, de la Comuna de París, y el sistema basado en “el sufragio universal y la lucha política parlamentaria” de los inicios del Partido Socialista alemán. Civera es un reformista y no dudará en definirse como neomarxista: “El pensamiento de Marx no se presta a la ortodoxia. Expone, razona, critica y da un método”.

Del anarquismo toma la estructura socioeconómica sin aparatos burocráticos, esto es, con la participación directa de todos los interesados en el proceso productivo. Pero considera que no tiene alternativas políticas y económicas lo suficientemente claras como para poder ser aplicadas en la nueva sociedad revolucionaria; la existencia de múltiples matices en los distintos anarquismos lo hacen incluso contradictorio.

En realidad, Civera sigue siendo un sindicalista revolucionario. E incorpora las propuestas más modernas del sindicalismo que circulaban entonces por Europa, como las de Pierre Besnard, Christian Cornelissen o Achille Dauphin-Meunier.

En 1933, apurado por problemas económicos derivados de su labor como editor, saca una plaza por oposición en el Instituto del Vino y se instala en Madrid. Es tanteado entonces por Ángel Pestaña para formar un partido político que diera voz al sindicalismo revolucionario en las instituciones republicanas: extraña criatura que trata de ligar dos actividades que por definición actúan en planos distintos. Reacio en un principio y partidario de aproximarse al PSOE, en marzo de 1934 participa en la fundación del Partido Sindicalista (PS), del que será un destacado teórico, y colabora en su vocero El Sindicalista.

En verano de 1936 regresa a Valencia, donde dirigirá el diario El Pueblo cuando al año siguiente sea adquirido por el PS. En él podemos encontrar muchos editoriales suyos. También es miembro numerario de la Sección de Estudios Económicos del Instituto de Estudios Valencianos. El 28 de noviembre de 1937 sustituye a Pestaña al frente del rotativo sindicalista barcelonés Mañana, y en diciembre, tras su muerte, asume la presidencia del partido.

La producción escrita durante aquellos años es amplia y heterogénea. Entre otros títulos destacamos El marxismo. Origen, desarrollo y transformación (1930) y El sindicalismo. Historia, filosofía, economía (1931), así como las recopilaciones de artículos El sindicalismo y la economía actual (1936) y España contra el fascismo. La guerra civil desde el punto de vista internacional (1936).

Al terminar la guerra cruzó los Pirineos y fue encerrado en el campo de concentración de Argelès. Después de muchas penurias consiguió partir hacia México, arribando a Veracruz el 17 de octubre de 1942. Las miserias continuarán hasta que al año siguiente logre trabajo en la editorial mexicana UTEHA (Unión Tipográfica Editorial Hispano Americana).

De formación filosófica humanista, en el país azteca desarrolló una gran labor como ensayista. Allí publicará su trilogía Presencia del hombre (1947), Rebelión del hombre (1948) y El Hombre visto por los grandes hombres (1956). Dirigió, además, la redacción de la revista Mediterrani, y trabajó y colaboró en diversas publicaciones como CNT, Comunidad Ibérica, Quaderns d’Exili y Horizontes, entre muchas otras.

Educador e historiador. Licenciado en Historia por la Universitat de les Illes Balears (UIB), dedica sus estudios a las facciones más heterodoxas del anarcosindicalismo español. Colaborador habitual del portal divulgativo Ser Histórico, acaba de publicar el libro Ángel Pestaña, falangista. Anatomía de una mentira histórica (Piedra Papel Libros, 2020).