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«Una bomba falangista en la Casa del Pueblo de Palma»

A las 21:15h del 4 de junio de 1936 explotaba un potente artefacto en la Casa del Pueblo de Palma (Mallorca). Había ensayo del Orfeón Proletario. Cayeron heridas siete personas: los socialistas Pere Oliver, Joan Sastre, Magdalena Company y Reyes Díaz Fortuny, que estaba embarazada; el niño Miquel Mesquida; el conserje del edificio, Miquel Lladó, y el director del coro, Jaume Dalmau.

Además de mítines y reuniones, allí tenían lugar numerosos actos culturales y recreativos. Por este motivo buena parte de la actividad en la primavera de 1936 estaba relacionada con la preparación de la expedición mallorquina a la Olimpiada Popular que tenía que celebrarse en Barcelona a partir del 19 de julio.

La victoria del Frente Popular en las elecciones generales de febrero de 1936 y las primeras medidas tomadas por el gobierno de Madrid (reactivación de las reformas socioeconómicas y restitución de los ayuntamientos suspendidos y liberación de los represaliados tras los sucesos revolucionarios de octubre de 1934) venían espoleando a las izquierdas mallorquinas, que sólo habían logrado imponerse en dos de los nueve distritos electorales de Palma y en uno de los 51 municipios isleños.

Aquel jueves la fuerte detonación atrajo una multitud que se concentró frente a la Casa del Pueblo, exigiendo el cierre de los locales de los partidos de derechas y de la prensa reaccionaria, así como la detención de los líderes fascistas locales. Esa misma noche, los representantes de la UGT y de la regional de la CNT acordaron la convocatoria de una huelga general para el día siguiente.

El paro fue un éxito. El transporte y el comercio se detuvieron por completo en la ciudad, y una manifestación recorrió sus calles. También se prendió fuego a las iglesias de Sant Jaume y Santa Fe, y se asaltaron los locales del Centro Tradicionalista, de Acción Popular y de Renovación Española.

Hubo otros altercados menores antes y después, en su mayoría protagonizados por falangistas, aunque la explosión en la Casa del Pueblo enrareció el ambiente sobremanera. Para darse cuenta de ello basta echar un vistazo a la prensa local de la época. Se difundió incluso el rumor de que la bomba era responsabilidad de los anarquistas, versión que será muy difundida por el franquismo. Habrá que esperar hasta 1955 para que el aristócrata Alfonso de Zayas, jefe falangista provincial, reconozca su autoría en Historia de la Vieja Guardia de Baleares.

Curiosamente, el edificio de la Casa del Poble y la parcela sobre el que se construyó eran una donación del financiero mallorquín Joan March a la Federación de Sociedades Obreras, a comienzos de los años 20. Estaba ubicado en la calle Reina María Cristina, donde hasta hace poco podía verse el enorme solar otra vez vacío.

Pocas semanas después de la explosión de la bomba, colocada en un cesto, triunfará en Mallorca el golpe de Estado reaccionario. Y Joan March, siempre hábil repartiendo los huevos en diferentes canastos, será uno de sus principales financiadores.

Educador e historiador. Licenciado en Historia por la Universitat de les Illes Balears (UIB), dedica sus estudios a las facciones más heterodoxas del anarcosindicalismo español. Colaborador habitual del portal divulgativo Ser Histórico, acaba de publicar el libro Ángel Pestaña, falangista. Anatomía de una mentira histórica (Piedra Papel Libros, 2020).