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Lepe. La casa de cartón de Andalucía: ¿Crisis económica o crisis humana?


© Ángeles de la Torre © Ángeles de la Torre

Hay espacios que son no lugares…allí, la policía no se pasa para ver si existen las condiciones de riesgo por coronavirus…No ponen multas…pueden seguir viviendo hacinados, pueden lavarse cincuenta con una lata y en la misma ducha, sin desinfección, nada, no hay peligro. ¿Ese lugar no cuenta, esto es Andalucía, esto es Europa?

Ayer visitamos los asentamientos de chabolas en Lepe. Pablo Coca está realizando un documental sobre la inmigración, yo quiero hacer un pequeño artículo. Nos dirigimos al albergue del pueblo, un lugar que dejó el ayuntamiento a medio terminar y que hoy es vivienda de muchos trabajadores de la fresa.

- Estos son privilegiados, los del asentamiento de las chabolas que ves junto a los invernaderos de plásticos desearían estar aquí, pero no hay sitio para todos, - el que habla es Antonio Abad, fundador y presidente de la Asociación ASISTI[1] CUENCA MINERA cuya sede está en el albergue - yo era carpintero, estoy ya jubilado, soy de Riotinto, cuando me invitaron a venir aquí y vi lo que había, no me quise ir más. Esto está olvidado de todo, las ayudas no llegan, parece imposible que esto esté pasando en Europa. Ha habido ayudas para el Ayuntamiento de Lepe por el COVI-19, aquí no se ha visto nada, hemos pedido por favor un punto de agua para que puedan beber, lavarse, lo mínimo.

ASISTI reclama no solo alimentos, porque ellos, la mayoría trabajan y pueden permitírselo, sino también y sobre todo, infraestructuras mínimas para poder vivir dignamente.

- Hay una asociación ASNUCI que colabora con el ayuntamiento y está trayendo estos días el agua en un camión cisterna por la emergencia del Coronavirus, creemos que esto tiene que ser siempre, no sólo mientras dure la pandemia. Llevamos aquí mucho tiempo, esto no es de ahora, hay unos once asentamientos de chabolas en Lepe y no se hace nada por mejorar las condiciones de vida. He intentado poner contenedores de basuras, me he ofrecido a recogerlos y llevarlos a donde sea, tampoco me lo permiten. Aquí no hay nadie que mire para acá, los propietarios tampoco dicen nada, hay como una especie de acuerdo tácito, el alcalde no quiere oír hablar del tema y esto se consiente.

Todos cuentan la misma realidad: somos negros, no quieren alquilarnos la casa. Cobramos 40 euros al día, trabajamos desde las 7.30 a las 2.30 recogiendo arándanos, fresas casi ya no hay.

En Sevilla ha habido durante el COVID-19 una campaña para recoger bicis y traerlas a los asentamientos; la solidaridad de mucha gente es con lo único que cuentan en esta sociedad donde el racismo, la xenofobia y la aporofobia están aumentando y destruyendo los principales valores humanos. Con la pandemia la necesidad de las bicis para trasladarse a los campos de trabajo ha sido fundamental. En los coches no permitían ir más de dos. Nos acercamos a uno de los asentamientos, no nos atrevemos a entrar con la cámara, no quieren que les vea su familia en esta situación denigrante. Una nube de polvo matiza el paisaje ocre, los cartones se transparentan a través de los plásticos, un ritmo lento se adueña de una tarde calurosa de finales de mayo. Uno de los senegaleses que está viviendo en su coche nos aborda, tiene curiosidad en saber qué hacemos allí. El se quedó en paro, estaba trabajando en una fábrica de productos cárnicos en Sevilla cuando se declaró la pandemia. Un amigo lo llamó para ver si podía llevarlos al trabajo, no podían ir más de cuatro en un coche. Ahora vive en su vehículo, dice que las condiciones de vida en las chabolas es peor, todos hacinados, él no puede acostumbrarse, aquí no hay normas para la pandemia, ni mascarilla, ni higiene, ni distancia de seguridad. Empiezan a venir otros del asentamiento animados por la curiosidad. Bromean sobre el uso de las mascarillas.

- En el trabajo si nos la ponemos, pero esto es todo política - dicen tres de los senegaleses riéndose con esa mirada de los que han pasado por todos los males- a nosotros no pueden engañarnos, ¿vosotros habéis visto a alguien con coronavirus? Nosotros no, con tantos muertos y nosotros no hemos visto ni uno - bromean y nos hacen cómplices de su escepticismo- no le tememos a la muerte -el que habla tiene la mitad izquierda de la boca sin dientes-

Los tres sonríen mientras insisten en que es una mentira, hay enfermedades mucho peores. Ellos han pasado ya lo peor, el desierto, y sobre todo las pateras y las lanchas neumáticas.

- Nosotros íbamos en una zodíac y cuando estábamos montamos nos dimos cuenta de que estaba pinchada, pero volver era peor, habíamos ya pagado el viaje, la policía marroquí nos hubiera matado a golpes, estuvimos achicando agua toda la noche, entramos a la una de la noche y llegamos a las diez. Había dos niños y tres mujeres los demás éramos hombres, fue terrible, en cualquier momento podíamos volcar y ahogarnos todos. Ahora no queremos volver sino con papeles, por si volvemos, que podamos venir en avión o en barco pero con unas condiciones dignas.

- Llevo tres años en España, los contratos son de tres meses, se acaba el trabajo y tenemos que buscar en otro sitio, subimos a Lérida a la pera y a la manzana, luego a Logroño, después a Jaén a la aceituna y ya es una época en que hace mucho frío, trabajamos siete u ocho horas, pero allí en cambio, si tenemos casa, se pueden alquilar, la gente es distinta. No quiero que me vean en estas condiciones, estamos como animales. Una imagen de aquí tarda un segundo en estar en África. Por eso no queremos salir en las cámaras, tenemos dignidad. Nosotros estamos trabajando para que las cosechas no se pierdan, en mi país un maestro cobra en un mes lo que yo aquí en uno o dos días, ese es el problema. Pero ahora no puedo volver, no puedo volver con las manos vacías, para que todos me vean sin nada en las manos, y allí gente de mi generación que se ha quedado ahora tiene casa, trabajo, una familia y ahora se reirían de mí. Por eso tampoco es justo que trabajemos duro y no se nos valore como trabajadores ni como personas.

Bacari, Abubacar es informático, está en otro asentamiento, construyendo con palets de madera la estructura de una nueva chabola. Luego los forran de cartón y después de plástico para la lluvia y la humedad. El asentamiento está a las afueras de un polígono industrial donde los grandes comercios como Decathlon o Mercadona, hacen su gran negocio, el gran mercado capitalista y floreciente crea a su vez este tinglado de casas de cartón que reciclan los inmigrantes para hacer sus casas. Paradojas de la lucha por el medio ambiente: el reciclaje es la única forma de subsistir. Hoy hace mucho calor, Bacari nos invita a sentarnos en un cubo de pintura vacío, en cualquier sitio a la sombra, aquí, es lo que podemos ofreceros. El calor entre las casas de plástico es axfisiante, me arde la cabeza y busco un poco de sombra. Mientras narra su historia vestido con su camiseta del Madrid, nos cuenta que ya le queda menos, son solo tres años y conseguirá los papeles, entonces podrá volver a Senegal. No, fotos no, por favor, el Facebook y las redes hacen mucho daño, hay mucha crueldad con nosotros. Miro su rostro, una nobleza y valentía que querría para nuestros jóvenes, un arrojo en su pasión por lo que hace, en su ideal por conseguir lo que se propone, no se arrepiente de haber marchado, no se queja del camino terrible y miserable, ni de las dificultades, podría ser Ulises, el héroe de la Odisea que marcha de su tierra, Ítaca, que deja a su familia y su lengua materna para enfrentarse a los monstruos más terribles, uno de ellos es el de la indiferencia y otro el del racismo.

Decía Blas Infante en 1922, antes de que este insigne andaluz fuese asesinado por la barbarie de los franquistas: La crisis actual antes que crisis política y crisis económica, es crisis humana. Es crisis de humanidad.

[1] ASISTI CUENCA MINERA (Asociación Solidaridad Igualdad Sostenibilidad Trabajo Integral)-- Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. http://blogdeangelesdelatorrebravo.blogspot.comhttp://blogdeangelesdelatorrebravo.blogspot.com http://angelesdelatorre.weebly.com/

Doctora en Bellas Artes. Especialidades de pintura y escultura en la Facultad de Bellas Artes de Sevilla. En 2003 publica con la editorial Archiviana, el libro desarrollado a partir de su tesis: El pensamiento artístico, ciencia y religión en al-Ándalus.

Es profesora de Educación Secundaria destinada actualmente en el IES Néstor Almendros de Tomares.

Ha realizado numerosas exposiciones colectivas e individuales y ha sido seleccionada en varios certámenes de pintura, acuarela y escultura.

Entre las exposiciones colectivas destacan la celebrada con el Colectivo Surcos de poesía, titulada A la Deriva, inspirada en el tema de la inmigración y el Estrecho, celebrada en la Sala del Ayuntamiento de Coria del Río; en 2017 Invisibilizadas, celebrada en la sala Antiquarium de Sevilla y centrada plásticamente en todas aquellas causas y personas invisibilizadas por la sociedad apolínea de la ciudad de Sevilla; en 2018 la titulada, Mujer y Trabajo sobre los problemas que derivan de los conflictos de género en el trabajo; en 2019 Maculadas sin remedio, sobre la mujer y la permanencia de los estereotipos con el tema recurrente de la Virgen Inmaculada de Murillo y su celebración.

Destaca el premio de escultura a la Memoria de los represaliados por la dictadura de Franco, convocado por el ayuntamiento de Coria del Río.

Dibuja las ilustraciones del libro sobre Miguel Hernández La luz que no cesa, realizado el Colectivo Surcos y la Universidad de Sevilla.

Presenta junto con Pablo Coca, el videoarte Diálogos con una calavera, sobre el tema de Memoria Histórica, en la Casa de las Sirenas de Sevilla.

En 2019 publica con la editorial Aconcagua el libro novelado y documentado en archivos históricos, titulado Exiliado piel adentro. Historia de un médico republicano.