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Uno más de los muchos profesores


Foto de EFE. Foto de EFE.

De un día para otro, así fue, como tantos, como nos vimos inmersos y “poseídos” por el llamado y no conocido teletrabajo.

Ese fatídico 11 de marzo de este “bendito” 2020 empezó todo. Unos días antes se rumoreaba el confinamiento en Madrid, y que empezaría por la educación, mi asombro y he de confesar mi ignorancia eran palpables, incluso bromeábamos con el hecho de lo sucedido en oriente, pero todo llega, y en ese caso llegó. Siendo incrédula mi visión, no lo fue mi razón y un día antes de la decisión oficial, yo, por cuenta propia, hice un plan para unos veinte días lectivos de trabajo de mis cursos de bachillerato y ESO, unos cien alumnos aproximadamente. El día se anunció, hubo cierto revuelo en los alumnos y en algunos profesores. Pude ver que los alumnos en sus aulas estaban contenidos, algo nerviosos y he de decir que confiados en el papel del profesorado, hacía mucho que no sentía y no tenía esa sensación. Tuve cierta suerte ese día pues tenía mi mayor carga lectiva de la semana, es decir daba todas las clases y por lo tanto todos mis cursos, algo que me vino muy bien pues la noche anterior me adelanté e hice una previsión y planificación.

Con determinación y mostrando ánimo y seguridad informé a mis alumnos, clase por clase, hora por hora, con intensidad en cada una, notando el agotamiento al final de la jornada, la estructura y planificación de la clase era la misma: mostrar seguridad, responsabilidad, salubridad y trabajo académico, lo difícil vendría después.

Al acabar ese día se realizó una reunión en la que el equipo directico de mi centro acertó de pleno; nada de volver, la salud es para todos y de todos, alumnos y profesores, algo que no sucedió en todos los centros de la Comunidad autónoma de Madrid, pues la incertidumbre desde el principio, el no saber y la improvisación fueron los ejes de la administración.

Después de diversas reuniones ese día y el siguiente empezó el llamado teletrabajo, sin ninguna ayuda por parte de las administraciones, incluso tuve la sensación durante el primer mes de trabajo que la propia administración pública no se fiaba de nosotros, percibí inspección continuada sobre lo que estábamos haciendo, algo absolutamente desmotivante y vergonzoso, directamente no se fiaban de nosotros. Se publicaron decenas de mandatos, órdenes, decretos, etc. llenos de información contradictoria y absolutamente improvisada e irracional, incluso hasta el último momento Madrid tuvo a miles de interinos en un maltrato psicológico absolutamente innecesario, pues sumado a su labor estaba la convocatoria de las oposiciones en secundaria, esperpéntico.

Al final lo público lo sostiene el que trabaja a ras de suelo, y con la ayuda de compañeros, redes sociales, tutoriales, cursos y los propios alumnos hicieron del experimento algo muy estresante, inmenso pero enriquecedor a nivel humano, como ejemplo diré que una compañera de Andalucía me ayudó mucho para utilizar una plataforma educativa, y yo a otros compañeros, creándose un efecto dominó de solidaridad, también muchos alumnos se ofrecieron para ayudar con discreción, empeño y voluntarismo.

El trabajo imperioso estuvo también lleno de empatía aunque hubo excepciones, algunas tristes, pues hubo alumnos y lo peor familias, que aprovecharon las circunstancias para obtener réditos injustos, algo muy dramático.

La diferencia entre los cursos fue inmensa, entre los mayores (bachillerato) y los menores (ESO), y mi experiencia abarcaba todos, pues los pequeños necesitan más amparo y liderazgo, un referente, y se vio perdido en muchos casos.

Mi asignatura, geografía e historia, está llena de materiales y posibilidades, eso me sirvió de "comodín" para hacer muchas cosas interesantes, y algunas sorprendente, pero se de otros compañeros con sus asignaturas en dónde la complejidad e incluso imposibilidad fue increíble, haciendo casi imposible su evaluación y seguimiento. Un símil para entendernos es como si un jefe y sus decenas de empleados deben trabajar desde casa de un día para otro, y que estos dependen en gran medida de él/ella, con una problemática muy diversa, eso implica que no hubiese ni horas ni días, y que a pesar de ello la calidad no puede bajar, algo que fue casi imposible y más por la falta de confianza y desamparo administrativo, no facilitando sino todo lo contrario, ¡imaginen!

No quiero que esta experiencia sea un alegato contra nada ni nadie, pues todos sabemos de lo sucedido, y se, para mi tristeza, que hace mucho estamos abandonados, pero si una cosa me ha quedado clarísima es que la educación presencial es la EDUCACIÓN, todo lo demás son sucedáneos artificiales de esta, y más en las edades con la que nos toca trabajar, lidiar e ilusionar cada día.

Menudo papelón hemos tenido y que nos queda bajo la dejadez y obstaculización administrativa, nadie nos pregunta a nosotros, nadie y nunca, pero lo humano nos estimula pues como se suele decir; muchos son los llamados y pocos los escogidos, esa es nuestra vocación, tan poco valorada y ciertamente vilipendiada.

Licenciado en Historia y en Historia del Arte por la Universidad Complutense de Madrid. Miembro del Colegio de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras de Madrid (CDL). Ponente en las Primeras Jornadas pompeyanas realizadas por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid en 2014. Colaborador de la revista; ArtHum de Arts y Humanidades. Cursos diversos en los museos Thyssen y Nacional del Prado. Experiencia en el mundo educativo desde 2003, especializándose en el ámbito de ESO y Bachillerato en dónde actualmente trabaja para la CM.

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