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EL PERIÓDICO
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Elogio de la Memoria LGTB-1


Las personas lgtbi que ahora llegamos a la edad de jubilarnos, tuvimos la desdicha y la dicha de ver y vivir una serie de acontecimientos realmente históricos.

Infancia y adolescencia bajo el franquismo, “bulling”, auto-rechazo, depresiones y hasta suicidios de los que nadie supo cuantos, ni la verdadera razón. Hizo bien quien se largó al extranjero.

La transición supuso un sueño impensable cinco años antes. De 1975 a 1980 dejamos la Ley de Peligrosidad Social y hasta nuestras asociaciones fueron legalizadas. Nos lanzamos a divertirnos como nunca antes fue posible. Sin embargo el colectivo transexual todavía hoy lucha por sus derechos.

Como bien dice el psicólogo Gabriel J.Martín en su última publicación, Gay Sex, solamente vivimos sin miedo unos seis o siete años, 1978-1985. Pudimos olvidarnos de la policía y de pronto, llegó otro miedo. Aquella generación se encontró con una pesadilla inesperada, el fin de sus sueños, tan intensos como efímeros. La fiesta terminó cuando llegó el vih/sida. Fueron unos años terribles de los que aún queda el estigma sobre las personas seropositivas. No es una batalla terminada. Entre 1985 y 1996 todo se detuvo y aquella generación pionera fue diezmada. Luego pareció que todo volvía a empezar desde cero en 1998. El dolor y el miedo cubrieron la memoria de aquellos años, pero cada 1 de diciembre no dejamos de recordar a quienes perdimos y a insistir en la prevención y la solidaridad.

A veces sorprende como jóvenes lgtbi desconocen ese pasado, como si se lo hubieran encontrado con todo hecho. Se ganó pulso a pulso y derecho tras derecho en las calles y en las instituciones. Nadie nos regaló nada.

Con el cambio de siglo la medicación contra esa pandemia ya era efectiva para convertir en crónica esta enfermedad y en este sentido la ciencia ha seguido avanzando.

Se establecen los primeros barrios rosas, Chueca en Madrid y mucho más tarde el Gaixample en Barcelona. Aumenta la participación en las manifestaciones del 28 de junio en todo el estado. Aparecen escritores y periodistas que recuperan la memoria de la represión franquista, salen del armario más y más personalidades y en 2005 nos convertimos en el tercer país del planeta en reconocer el matrimonio igualitario, tras Holanda y Bélgica, y seguidos por Canadá. Cuanta emoción contenida al rememorar aquellas inmensas manifestaciones en Madrid al calor de Chueca. Hemos seguido inundando las calles año tras año desde los 90's- y luego en Barcelona a partir de 2008. Hay que agradecer que los medios de comunicación siempre estuvieron a nuestro lado.

El movimiento lgtbi en estos últimos 43 años ha tenido muchas caras, desde activistas a nuevos discursos académicos que han acompañado esta gran evolución de nuestra sociedad. Las personas lgtbi se han hecho cada vez mucho más visibles. No todo fue Madrid o Barcelona, fue y es desde ciudades grandes o medias donde nos hacemos visibles, hasta pequeños municipios orgullosos, porque estamos en todas partes. Hay agresiones porque hay más visibilidad y porque re-nace el discurso intolerante heredado de la dictadura e impulsado hoy por los ultras.

Esta marea del arco iris ha contribuido mucho a superar prejuicios y tabúes sexuales de toda la sociedad, incluidas las personas heterosexuales. No solamente ha sido y es un movimiento sectorial, es transversal, ha supuesto un cambio impensable hace veinte años. Hoy en vanguardia, las familias homoparentales rompen esquemas porque son visibles las 24h del día.

El movimiento lgtbi ha sido y es una apuesta por un modelo social donde la normalidad sea la diversidad en la igualdad. Queda mucho por delante y en primer lugar urge el completo reconocimiento de las personas transexuales, las primeras que se enfrentaron a la policía en los 70's y que fueron resistencia durante el nacional-catolicismo franquista que tanto y tanto las maltrató. La memoria lgtbi es un aporte muy importante para entender como ha cambiado nuestra sociedad.