Quantcast
EL PERIÓDICO
ESP   |   AME   |   CAT      NEWSLETTER
ÚNETE ⮕

Arte homoerótico oriental anterior al siglo XX (I parte)


Desde Japón hasta Turquía se vivió una larga etapa de respeto o tolerancia ante las relaciones homosexuales o la transexualidad, rota con la llegada de los cristianos occidentales a finales del siglo XIX.

IRAN

Durante siglos las relaciones homosexuales se vivieron de una forma natural en Irán. A través del mundo helénico conocemos la existencia de eunucos que estaban al servicio de los grandes señores, costumbre que no se perdería ni tras su helenización, ni tampoco tras su islamización. 

El mundo islámico y en especial el chií, no lo persiguió, incluso sus líderes se mostraban orgullosos de tener jóvenes amantes. Muchos padres permitían y favorecían que sus hijos se iniciaran en la sexualidad con otros jóvenes feminizados. Durante el siglo XVI se produjo una abundante producción de miniaturas.

A los hombres más poderosos les gustaba mostrarse junto a sus jóvenes amantes. Uno de sus más importantes líderes, el Sha Abbás I fue representado de forma claramente amorosa en numerosas miniaturas con sus pajes.

Aunque los líderes religiosos condenaban la sodomía, la moral sexual era menos estricta con este tema, siempre y cuando se realizara en privado. La práctica de la pederastia era corriente durante el Califato Abbasí. Los historiadores han apuntado que el interés por el contacto con los muchachos se incrementa paralelamente a medida que se van haciendo más estrictas las normas de protección e internamiento de las mujeres en el ámbito doméstico. Durante esta época encontramos referencias a las relaciones pederastas masculinas en la poesía y la pintura desde las tierras de Al Andalus hasta la India.

Hubo artistas tales como Riza i-Abassi, que deleitaron a reyes y príncipes con miniaturas y caligrafías persas exquisitamente trabajadas. Los mullah y los censores se revolvieron contra estas historias de amor entre hombres, pero éstas eran celebradas por hombres de todos los extractos de la sociedad, desde califas a porteadores, y todos deseaban ser servidos por "chicos de juventud eterna, tan bellos como las perlas" (ghilman) cuando llegasen al paraíso.

CHINA

En China la homosexualidad masculina y femenina fue corriente en grandes periodos de su historia. Debido a la inexistencia de términos específicos para designar las relaciones afectivas y sexuales entre hombres, se referían a ellas con diferentes metáforas. El término más usado fue la "manga cortada" (在中国同性恋。) y se refería a un  emperador que cortó una manga de su túnica al levantarse para tener que ir a atender asuntos de estado, para no despertar a su amante masculino que se había dormido sobre ella.

Otros términos en los que denominó la homosexualidad fue "melocotón compartido" "tendencia por los hombres" o "hermanamiento".

Al final del s. XIX con la llegada de los occidentales empezó la persecución y ocultación de la homosexualidad. Con la revolución cultural de Mao se destruyó gran parte de este legado, se salvaron rollos de dibujos y pinturas en distintas colecciones privadas.

JAPÓN

Japón entre los siglos XVII y XIX desarrollo una importante y floreciente industria de grabados de contenido erótico. Son los denominados shunga. Estos grabados no acostumbraban a producirse como láminas sueltas, como hoy los podemos visualizar, sino en rollos de formato horizontal.

El shunga («imágenes de primavera») es un género de producción visual japonés que tiene como tema principal la representación del sexo. Hay quienes sostienen que el shunga tomó su fuente inspiración en las ilustraciones médicas que poblaban las páginas de los antiguos manuales chinos, proceso que comenzara en la llamada Era Muromachi (1336-1573). Chou Fang, el gran pintor erótico de la dinastía china T’ang, es considerado como influyente en este desarrollo inicial del que despuntaran las shungas. 

En Japón está vinculado principalmente con la producción gráfica conocida como «estampas del mundo flotante", dentro del período EDO (1603-1867). Se realizan a partir de imágenes de álbumes o de ilustraciones de textos de la literatura popular de entonces, así como con la producción pictórica de la época.

A pesar que su producción estuvo marcada por regulaciones y prohibiciones por parte del gobierno, la realización de este tipo de obras continuó prácticamente hasta finales del s. XIX con la prohibición de material «obsceno». Las escenas describían relaciones sexuales de todo tipo, incorporando en ellas a los más variados actores de la sociedad japonesa de entonces, como comerciantes o samurais, e inclusive seres fantásticos y mitológicos.

El floreciente negocio que representó llevó a que estos trabajos fueran firmados y sus autores gozaran de notoriedad pública: Ishikawa Toyonobu 1711-1785, Suzuki Harunobu,  Miyagawa Choshun, etc.

Los shungas representan escenas de sexo con total naturalidad, su contenido puede ser por igual heterosexual como homosexual. A mediados del siglo XIX Japón inicia un proceso de occidentalización que lleva paulatinamente a dificultar su desarrollo. Finalmente el Código civil de 1907, en su artículo 175, estableció penas de cárcel contra la obscenidad, a partir de entonces los shungas pasaron al mercado negro.