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Diez años del 15M, la 'revolución' alentada por la indignación ciudadana


España conmemora este sábado el décimo aniversario del llamado 15M, el movimiento en el que participaron miles de ciudadanos "indignados" para exigir un cambio político y social frente a la crisis económica, la corrupción, el desencanto con los partidos y la falta de perspectivas para los jóvenes.

Varios miles de personas, en torno a 25.000, según los organizadores, salieron a la calle en Madrid el día de San Isidro convocadas por el desconocido colectivo "Democracia real ya", sin imaginar la sacudida que iban a desatar en toda España en puertas de las elecciones municipales y autonómicas del 22 de mayo.

Al grito de "Que no, que no, que no nos representan" y "Oé, oé, oé lo llaman democracia y no lo es", la marcha llegó a la Puerta del Sol, donde 200 jóvenes decidieron montar una acampada, que se convertiría en el símbolo del fenómeno social.

Fue la mecha que empezó a extenderse por muchas ciudades e, incluso, por algunas capitales mundiales, lo que llevaría a la prensa internacional a hablar de la "Spanish revolution" como parangón de las primaveras árabes.

Con los políticos volcados en sus mítines de campaña, los "indignados" se plantaron en Sol ante la mirada de la Policía Nacional, desconcertada por el ambiente festivo de la protesta.

Los colectivos del "kilómetro cero", bautizada como "Plaza de la Solución", eran heterogéneos por edad -no faltaban jubilados o "yayoflautas"- y formación o profesión -predominaban gente en paro-, pero con un mínimo común: hartazgo con la clase política.

Los de "Toma la Plaza" se organizaron en asambleas e, incluso, nombraron portavoces para canalizar sus declaraciones a la prensa con gente anónima no ligadas a ningún partido.

Uno de los éxitos del 15M fue el eco que tomó el movimiento gracias a las redes sociales, que sirvieron como amplificador de sus demandas y polo de atracción para sumar adeptos.

Con el paso de los días y ante la ola generada por la protesta, los políticos empezaron a dirigir su mirada hacia el fenómeno, aunque con la disyuntiva de qué hacer con el campamento de Sol.

Tras un primer desalojo el mismo día en que prendió la mecha, el entonces ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, acordó contener a la Policía para evitar que la protesta derivara en un escenario de enfrentamiento en puertas de las elecciones.

Una estrategia que mantuvo a pesar de que al Junta Electoral Central (JEC) caldeó el ambiente con su decisión de declarar ilegales todas las manifestaciones del 15M en la jornada de reflexión y el día de la votación.

"La Policía sabe perfectamente lo que tiene que hacer. Donde hay un problema, no crean otro, ni dos, ni tres", sostuvo Rubalcaba, partidario de actuar con "congruencia, oportunidad y proporcionalidad" frente a la presión del PP de Mariano Rajoy, a favor de que el Gobierno cumpliera la resolución de la JEC.

Sin incidentes, el 15M siguió latiendo pese al dictamen del órgano electoral, la policía no disolvió las concentraciones y tanto la jornada de reflexión como los comicios se desarrollaron con normalidad.

La gestión de la crisis económica del jefe del Ejecutivo, José Luis Rodríguez Zapatero, obligado a hacer recortes drásticos para evitar la quiebra del país, hizo que el PSOE sufriera el castigo en las urnas y concediera el triunfo al PP.

Sin partidos aún que encarnaran su espíritu y recogieran sus demandas, el movimiento 15M recibió con indiferencia los resultados electorales y se conjuró a prolongar los campamentos de protesta levantados en las plazas al menos una semana más.

La de Sol permaneció en pie 28 días, hasta el 12 de junio, tras surgir problemas de infraestructuras y coordinación y de aumentar las presiones de los comerciantes de la zona.

Días antes, los "indignados" volvieron a clamar de forma pacífica en toda España en una movilización rematada con la demanda de una huelga general.

La llama siguió prendida bajo el lema "No nos representan" en los meses siguientes, con nuevas manifestaciones el 15 de octubre y, un año después, con el "Rodea el Congreso" promovido por la Plataforma 25S.

El 15M les apoyaría en su denuncia contra "el secuestro de la democracia" y los recortes, pero no en su segunda convocatoria de 2013.

En las elecciones anticipadas de noviembre de 2011, en las que Rubalcaba tomó el testigo de un Zapatero arrastrado por la crisis, las demandas de los "indignados" no se concretaron en ninguna candidatura política.

Fue en las europeas de 2014 cuando Podemos, con un joven profesor de Ciencias Políticas como líder, Pablo Iglesias, abanderó el descontento social e irrumpió con 1,2 millones de votos.

Con el tiempo, el 15M fue perdiendo fuerza, aunque dejó huella en algunos grupos de protesta, como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca o las mareas a favor de la sanidad y la educación.