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Las distintas crisis mundiales se dirimen en paralelo a la Asamblea General


Las distintas crisis mundiales, de tono global o bilateral, se dirimieron este jueves en Nueva York aprovechando la coincidencia de numerosos estadistas de todos los países con motivo de la Asamblea General de la ONU, que celebró su tercer día de sesiones de su 76 edición.

La crisis climática, la polémica migratoria en la frontera entre Estados Unidos y México, las tensiones entre Rusia y la Unión Europea y el reciente enfado de Francia con EE.UU. y Australia por la llamada "crisis de los submarinos" acapararon hoy la atención en la sede central de la ONU, que este año presenta una actividad a media máquina, acorde con los tiempos de la postpandemia.

Comenzó la jornada con un foro del Consejo de Seguridad donde los países participantes subrayaron la vinculación entre clima y seguridad, y más concretamente cómo los fenómenos causados por el cambio climático no solo traen consecuencias ambientales, sino que están causando un aumento de la inseguridad y la violencia en todo el mundo.

De hecho, de entre los 20 países más afectados por los conflictos armados, 12 de ellos están también entre los más vulnerables a los efectos de la crisis climática como sequías persistentes o lluvias torrenciales que tienen como efectos inmediatos los desplazamientos masivos de población, en especial en el entorno del Lago Chad y en Somalia.

La sequía, por ejemplo, causa recurrentes tensiones en África entre agricultores y pastores por el uso de la tierra fértil, y estas tensiones son oportunamente explotadas por grupos extremistas armados, exacerbando el ciclo de violencia.

El 80 % de los cascos azules que la ONU tiene desplegados por el mundo están precisamente en países muy vulnerables a los efectos climáticos, como puso de relieve el presidente del Consejo, el primer ministro irlandés Micheál Martin, quien pidió que las misiones de paz de la ONU integren en su mandato también cuestiones climáticas por su impacto evidente en la seguridad de las poblaciones afectadas.

Aunque los países más pobres son los que más están sufriendo las consecuencias climáticas, el secretario de Estado de EE.UU., Antony Blinken, subrayó que es un problema global, y puso un ejemplo: el reciente huracán Ida, que ha golpeado con una fuerza inusitada a la ciudad de Nueva York y Nueva Jersey, se cobró medio centenar de muertos, la gran mayoría "personas de bajos ingresos".

La crisis migratoria protagonizada principalmente por haitianos en la frontera entre México y Estados Unidos también tuvo su eco en la Asamblea, cuando el presidente de Panamá, Laurentino Cortizo, recordó que la oleada migratoria llega primero a su país, que ha visto cómo las entrada de irregulares pasaron de 800 en enero a los 30.000 en agosto.

Subrayó que, aunque su país les haya dado cobijo, comida y asistencia sanitaria, la responsabilidad no puede ser de cada país, sino que es un fenómeno global que requiere de soluciones colectivas, máxime cuando los migrantes proceden de toda Suramérica, el Caribe y en ocasiones incluso de África.

Los pasillos de la Asamblea sirvieron para propiciar un encuentro entre el ministro de Exteriores de Francia, Jean-Yves Le Drian, y su homólogo estadounidense, después de que ayer los presidentes Joe Biden y Emmanuel Macron hablaran por teléfono y el segundo anunciara el pronto retorno de su embajador, que el pasado viernes fue llamado a consultas.

Aunque Le Drian dijo que está en marcha el proceso de "recuperar la confianza", matizó que va a hacer falta tiempo y "actos" para dar por cerrada la crisis abierta por la reciente alianza militar EE.UU.-Reino Unido-Australia que ha supuesto la anulación de un contrato de compra de submarinos franceses por valor de 56.000 millones de euros.

También entre sesión y sesión hubo ocasión para una entrevista entre el Alto Responsable de política exterior de la UE, Josep Borrell, y el ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov y, a juzgar por el comunicado del primero, el tono no fue lo diplomático que se acostumbra en estos foros.

Borrell recordó a Lavrov que entre las dos partes "persisten los desacuerdos", y comenzó a enumerarlos: "Las violaciones de Rusia a la soberanía y la integridad territorial de Ucrania, la cuestión de la democracia y los derechos humanos así como la desinformación (y) el ciberespacio".