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EL PERIÓDICO
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Antonio Manuel Moral Roncal

Claudel y Bernanos: católicos ante los retos de la literatura y la crítica

Junto a Jacques Maritain, Paul Claudel (1868-1955) fue una de las dos personalidades clave de la renovación literaria católica francesa, a comienzos del siglo XX, y de su decisiva influencia social, que propició la conversión al catolicismo de otros intelectuales como Francis Jammes y Jacques Riviére. Su cima lírica fue su conocida obra “Cinco grandes olas”, aunque también escribió la exégesis “Un poeta mira la cruz”. Claudel, licenciado en Derecho, se encaminó pronto hacia la carrera diplomática, contrayendo matrimonio con la hija de un arquitecto de Lyon, con la que tuvo cinco hijos. Además de varias estancias en China, fue nombrado cónsul en distintas ciudades europeas, siendo destinado posteriormente a las embajadas de Francia en Tokio (1922 a 1926), Washington (1927 a 1933) y Bruselas (1933 a 1935).

La polémica en torno al nacionalismo de acción francesa (1899-1936)

¿Qué fue Acción Francesa? Un movimiento cultural y político que surgió de la polémica en torno al caso del oficial francés Dreyfus (1894-1906) que fue acusado de espiar a favor de Alemania. El asunto dividió a la nación francesa: si los que estaban en contra de Dreyfus utilizaron su condición judía para cargar contra él, los anticlericales republicanos utilizaron el caso Dreyfus para atacar al catolicismo.

Maritain y la revolución cultural católica

El escritor y consagrado intelectual francés Jacques Maritain (1882-1973) fue llamado “el corazón” de la renovación cultural católica desarrollada en la primera mitad del siglo XX. Sus ideas contribuyeron a articular la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948) y asentaron los cimientos de la democracia cristiana europea. Fue el primer laico en ser invitado al Concilio Vaticano II (1962-1965) y el encargado de leer su mensaje a los intelectuales. Precisamente, en sus escritos se inspiró la declaración conciliar Dignitatis humanae sobre la libertad religiosa.

La renovación intelectual católica ante la crisis europea (1891-1918)

En 1914 fueron numerosos los pensadores, escritores y artistas modernistas que percibieron con fuerza el hundimiento de los principios sobre los que se había edificado la modernidad europea. Esa percepción aumentó con la experiencia traumática que sufrió el continente derivada de la Primera Guerra Mundial. Durante el siglo XIX y en la primeras décadas del XX, el progreso colectivo basado en la fe absoluta en la ciencia se había erigido como principio clave de la modernidad impulsada por la cultura oficial de los Estados occidentales. De ahí que algunos intelectuales defendieran que, fundamentalmente, la pintura debía ser realista y naturalista, lo mismo que la literatura y la música, hasta el extremo. La autognosis defendida por el filósofo Nietzche suponía la imposición del fuerte sobre el débil, aplicando a la sociedad los principios darwinistas de la selección natural y la lucha por la vida. Un combate que debía regir también en la esfera geopolítica, según algunos miembros de las élites dirigentes. Tras la Gran Guerra (1914-1918), que había precipitado un caos fronterizo en Europa del Este y una desestructuración social y económica en Centroeuropa, loa totalitarismos comenzaron a ofrecer orden, unidad, sacrificio del individuo por lo colectivo, un listado de valores arbitrarios pero valores al fin, un salvavidas en el que no hundirse en el mar de las incertidumbres metafísicas. Pronto se convirtieron en "religiones políticas" que amenazaron a las religiones tradicionales.

Ignacio Uría, Entre Columnas. Historia, periodismo y otros animales

Aparece en las librerías una refrescante antología de columnas del profesor de la Universidad de Alcalá y periodista Ignacio Uría, seleccionadas entre otras muchas publicadas en diversos medios de comunicación a lo largo y ancho de dos décadas. Plenas de sensibilidad y humor, sus 235 páginas nos llevan del pasado al presente para pintar un optimista fresco de la realidad diaria.

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La conquista del oeste norteamericano

A comienzos del siglo XIX, los Estados Unidos todavía sufrían tres frenos principales que impedían una rápida industrialización: el dominio económico de la antigua metrópoli, la escasez de mano de obra cualificada y la ausencia de vías de comunicación. Gran Bretaña se había esforzado por limitar el desarrollo manufacturero de sus colonias de Nueva Inglaterra, con el objeto de mantener estos territorios como abastecedores de materias primas. Con la independencia desapareció este freno, pero durante varias décadas la joven nación no estuvo en condiciones de competir con los artículos de su antigua metrópoli. Los impedimentos se fueron venciendo con el incremento de población y la llegada de mano de obra experimentada europea, bien entrado ya el siglo XIX, cuando una política gubernamental enérgica decidió favorecer el avance de las comunicaciones.

Un hombre de frontera en la presidencia de los Estados Unidos: Andrew Jackson

A comienzos del siglo XIX, los avances territoriales que sintieron los Estados Unidos hacia la frontera del Oeste nativo se dejó sentir a finales de la década de los años veinte en la dinámica interna de los partidos políticos. Se consolidó un bipartidismo que ha llegado hasta nuestros días, de una manera u otra. Un típico representante de ese espíritu colonizador, fue el general Andrew Jackson (1767-1845) , con el apoyo de los demócratas renovados, ganó las elecciones de 1828. Este presidente había participado en la guerra de la Independencia (1774-1783) desde muy joven, hecho que marcó su carácter fuerte, a veces brutal, debido a las condiciones de vida tan extremas que sobrellevó, propias de un "hombre de frontera".

El estallido de un conflicto internacional: la Guerra de Crimea

A mediados del siglo XIX, los emblemáticos Santos Lugares de Jerusalén se encontraban confiados a católicos latinos, bajo la protección del II Imperio francés, y a cristianos ortodoxos, bajo la del Imperio ruso. Pero era el Imperio otomano quien realmente controlaba el territorio, cuyo sultán mostró su apoyo a los católicos en algunos conflictos derivados de esa custodia, lo que provocó los recelos y protestas de Moscú. En esta política de conservación de los intereses católicos en Oriente, el emperador Napoleón III tuvo el apoyo de su esposa, la española Eugenia de Montijo, ferviente creyente muy preocupada por el avance de los ortodoxos en Tierra Santa. El zar Nicolás I deseaba aumentar la presencia rusa en el Mediterráneo, por lo que le resultaba decisivo el dominio del estrecho de los Dardanelos, donde se situaba Constantinopla, la capital de los Otomanos. La posición de la diplomacia británica y francesa se mostró contraria al crecimiento del comercio y de la influencia rusa en el Próximo Oriente, lo que aumentó la tensión internacional.

Ramón Estalella: Acción humanitaria de un diplomático en la Guerra Civil y posguerra

Ramón Estalella y Pujolá (1893-1986) fue uno de los diplomáticos que, ante el drama cainita de la Guerra Civil española y la inmediata posguerra, decidió apoyar todo tipo de actuaciones que pudieran salvar vidas. Doctor en Derecho, compatibilizó sus estudios con la vida bohemia e intelectual madrileña, durante el reinado de Alfonso XIII, formándose como pintor en los estudios de los pintores Eduardo Chicharro y de José María López Mezquita, siendo tertuliano de la Cripta de Pombo. Ingresó en el Cuerpo Diplomático de Cuba, viajando a La Habana en 1924 para revalidar su título de doctor en Derecho Público, donde expuso individualmente, por primera vez, una serie de pinturas al año siguiente. Destinado a la Legación de Cuba en España, contrajo matrimonio con Ana Manso de Zúñiga y Montesino en 1929.

La Cruz Roja, la duquesa de la Victoria y la guerra del Rif

Hace unos años, fue muy popular una serie televisiva titulada Tiempos de Guerra, ambientada en la guerra de Marruecos, durante el reinado de Alfonso XIII. Su trama giraba en torno a las vicisitudes de unas enfermeras que se presentaban voluntarias para atender heridos en Melilla, entre ellas Carmen Angolotti, duquesa de la Victoria (1875-1959). Su guión estaba basado en hecho reales.

Hacia el 98 cubano

A finales de la década de los años 60, las capas más radicales e independentistas de la sociedad cubana apostaron por abrir un conflicto abierto con España. Su objetivo ya no era la unión con unos Estados Unidos que habían abolido la esclavitud, sino la independencia.

Recuerdo de un historiador: José María Jover

José María Jover Zamora (1920-2006) fue uno de los historiadores españoles que, desde la década de los años sesenta del siglo XX, más decididamente contribuyeron a la renovación de la historiografía especializada en la Edad Contemporánea.

Los carlistas ante Madrid: la Expedición Real (1837)

Como concluimos en un artículo anterior dedicado a las expediciones legitimistas durante la Primera Guerra Carlista (1833-1840), la liderada por el propio pretendiente al trono fue la más importante de todas ellas. Sus motivaciones se encuentran en el miedo que la reina regente María Cristina tuvo tras la revolución de 1836 y la subida al poder de los liberales progresistas, por lo que inició negociaciones -a través del gobierno de Nápoles- para ceder la corona al pretendiente, con una serie de condiciones: el matrimonio de su hija Isabel con el hijo de don Carlos, el mantenimiento del título de reina viuda y la concesión de perdón a quienes, en el bando isabelino, habían defendido su candidatura pero no ideas revolucionarias. Para ello resultaba necesario que don Carlos, con su ejército, se acercara a Madrid.

Un Zar que quiso ser Papa y dueño de Malta

En su camino hacia la conquista de Egipto, el 12 de junio de 1798, el general Napoleón Bonaparte logró derrotar y tomar las defensas de los caballeros de la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén en la mediterránea isla de Malta. El Gran Maestre Ferdinand Von Hompesch no pudo hacer nada para evitar la expulsión de la Orden, algunos de cuyos caballeros se refugiaron en Trieste y Roma. Esta violación de su neutralidad política de la isla -respetada por todas las potencias europeas- provocó una auténtica crisis política en Rusia, cuyo Zar Pablo I (1796-1801) estuvo tentado de declarar la guerra a la Francia revolucionaria.

Javier Ucelay, “La dinastía carlista en la Pintura”, Galland Books, 2021

La divulgación de símbolos, imágenes y retratos resultó fundamental en las contiendas políticas del siglo XIX, tanto entre partidos liberales como entre sus contrarios. El presente volumen, de 176 páginas, editado por el director del Museo Carlista de Madrid -con sede en El Escorial- , presenta una historia de los retratos de la dinastía de monarcas carlistas. No sólo se recopila una enorme cantidad de cuadros, estampas, litografías, fotografías y miniaturas de museos públicos y colecciones privadas, sino que acerca al lector la vida y obra de sus singulares autores.

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Las expediciones carlistas o cómo pasearse por territorio enemigo

Durante la Primera Guerra Carlista (1833-1840), se produjo un hecho singular: los carlistas organizaron expediciones de ayuda a simpatizantes que se encontraban en la España isabelina y que necesitaban un refuerzo militar para sublevarse. Al penetrar en territorio enemigo, los liberales tendrían que perseguir a las columnas carlistas que circularan por su territorio si no querían descuidar su retaguardia, evitando un desastre no sólo militar sino político. Ello beneficiaría al frente norte, que dejaría de ser escenario bélico durante esa persecución.

Cuando Alfonso XIII de España detuvo un pronunciamiento militar

Como consecuencia de la formación de las juntas de defensa y su jaque fallido al gobierno en 1917, diversos sectores militares se encontraban envalentonados en la España que trataba de adaptarse a la nueva realidad surgida como consecuencia de la Primera Guerra Mundial en Europa. El régimen constitucional debía aumentar su democratización, pues el sufragio universal masculino y un conjunto de libertades y derechos, consagrados en la constitución, no eran ya suficientes. Pero los gobiernos continuaban necesitando el apoyo del Ejército para garantizar el orden público y la consolidación del proyecto africano del Protectorado del Rif.

La identificación de hijos reales en la Castilla bajomedieval

Según el pensamiento bajomedieval, la mujer formaba una unidad con el hombre, con el cual debía compartir sus felicidades y sus pesares, dándole hijos legítimos. Como madre era una mediadora entre el hombre y la prolongación de su linaje: su vientre era un continente líquido, entre el hombre y su hijo. En el caso de las reinas, debían transmitir estas condiciones a sus hijas, casándolas adecuadamente para que aumentaa la nobleza de sus linajes. Además, varios tratadistas medievales argumentaron que la extensión del cuidado de la reina competía a todos los hombres del reino, por lo que la posición de la misma en la monarquía era un foco de tensiones y un punto de colisión de impulsos contrapuestos.

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En torno al centrismo político en España

Para algunos historiadores, el centro político ha sido un lugar de encuentro, un punto de confluencia entre los sectores más moderados de los partidos de izquierdas y de derechas. Como ha señalado José Vidal Pelaz, ha habido personas que, en cambio, han valorado más su esencia, su actitud, por lo que, de esta manera, el centrismo vendría a ser sinónimo de pacto, de convención, de una clara voluntad de acuerdo entre diferentes corrientes de pensamiento. Más críticamente, algunos politólogos han descalificado al centro, al criticarlo y presentarlo como un disfraz, el cual oculta a sectores de la derecha que -con un claro sentimiento de culpa- desean hacerse perdonar por las izquierdas. Críticas que muchas veces han venido de los extremos políticos del arco parlamentario.

Un liberal en tiempos convulsos

Hace pocos días que ha aparecido en las estanterías de las librerías un nuevo volumen de Guillermo Gortázar titulado Romanones. La transición fallida a la democracia (Espasa, 2021). A través de la biografía de uno de los líderes más famosos del Partido Liberal en el reinado de Alfonso XIII, el lector se adentra en las diversas etapas que jalonaron la Historia española desde la Restauración canovista hasta el primer franquismo.

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Cuba: objeto de deseo norteamericano a mediados del siglo XIX

Cuba se convirtió en una zona de tensión por la persistencia del colonialismo europeo, la lucha británica contra la trata de negros y el anexionismo de potenciales territorios esclavistas promovidos por gobiernos sureños de Estados Unidos. Sobre Cuba pesaron varias ofertas de compra a España, amenazas filibusteras -expediciones privadas organizadas ilegalmente para expulsar la autoridad española-, el anexionismo declarado de algunos presidentes estadounidenses, y el Manifiesto de Ostende de 1854, por el que diplomáticos estadounidenses declararon que su país tenía derecho a apoderarse por la fuerza de la isla si se negaba su venta.

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¿Por qué estalló una tercera guerra carlista?

En España, profusos agentes confluyeron en el estallido de la Tercera Guerra Carlista (finales de 1872 -comienzos de 1876), entre los cuales destacó un nuevo auge de la violencia. Fue un hecho clave de esta época que la vía armada fuera apreciada como la más rápida herramienta para conseguir la victoria del carlismo en un momento histórico que, a ojos de sus líderes, había que aprovechar inaplazablemente, antes de que la revolución iniciada en 1868 se moderara o los monárquicos alfonsinos -partidarios de Alfonso XII, hijo de Isabel II- lograran alcanzar el apoyo de la población conservadora. Reorganizados desde 1868, el carlismo contaba con una buena red de prensa provincial, juntas locales y una reorganización política que les llevó a potenciar la imagen de su pretendiente, Carlos VII.

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