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EL PERIÓDICO
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Antonio Manuel Moral Roncal

El Crystal Palace (1851-1936)

En pleno reinado de Victoria I de Gran Bretaña, se decidió la organización de una gran exposición universal en Londres en 1851. Fue consecuencia del éxito de tres anteriores, dedicadas a manufacturas y organizadas por la Royal Society of Arts y el príncipe Alberto, consorte de la reina. La exposición siguiente debía demostrar al mundo la superioridad industrial de Inglaterra, exhibiendo equipo industrial, inventos, instrumental ligado al desarrollo científico y también obras de arte. Londres debía demostrar que era la Atenas del siglo XIX.

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Antonio Monedero, un impulsor de sindicatos católicos agrarios

Antonio Monedero Martín nació en el pueblo de Dueñas en 1872, en una familia acomodada, pues su padre llegaría a ser diputado y senador por el partido conservador. Precisamente en esta ciudad, Antonio Monedero estudió interno en el colegio San José de los jesuitas de Valladolid (1884-1886), una experiencia apuntaló su religiosidad. En Valladolid se doctoró en Derecho y comenzó a mostrar su interés por la vida pública, a través del impulso del asociacionismo agrario.

La revolución Meiji, ¿una revolución burguesa?

Durante el reinado efectivo del emperador Mutsu Hito (1868-1912), conocido como época Meiji, Japón realizó un cambio fundamental en su economía, política y sociedad que impidió, al contrario que otros estados asiáticos, convertirse en una colonia o en un protectorado de las potencias europeas o de Estados Unidos.

La novela histórica de Alejandro Núñez Alonso

Durante su juventud, el asturiano Alejandro Núñez Alonso (1905-1982) intentó ganar fama como autor de teatro y, por lo tanto, se trasladó a Madrid, meca de numerosos escritores que pensaban triunfar en la capital. Sin embargo, no logró ningún éxito por lo que tuvo que trabajar en varios periódicos, como El Heraldo y La Libertad, ejerciendo en este último como crítico de cine. A finales de 1929 decidió probar fortuna en México, donde volvió a ejercer como periodista en varios diarios, aunque fundó dos revistas: Imagen, Mapa y Arte y Plata. Pero allí logró sus primeros laureles como escritor, pero no de teatro sino de novelas: Konco, Mujer de medianoche y Días de huracán. En tierras mexicanas logró reconocimiento y paz, mientras España se desangraba en una guerra civil y, más tarde, el mundo padecía la Segunda Guerra Mundial.

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Francesc Xabier Butinyà y sus religiosas obreras

Francisco Javier Butiñá nació en Bañolas el 16 de abril de 1834, donde su familia dirigía una fábrica de hilos, oficio que desarrollaron sus antepasados en Bañolas desde que se establecieron, procedentes del Rosellón, a inicios del siglo XVIII. A pesar de ser el hijo mayor y, por lo tanto, destinado a seguir la tradición, decidió ingresar en la Compañía de Jesús. El 24 de octubre de 1854 entró en la casa de Loyola donde comenzó sus estudios para llegar a ser jesuita. Después de un periodo en el exilio en Mallorca debido a la fuerte corriente anticlerical que se desató como consecuencia de la revolución de ese año, que abrió el llamado bienio progresista (1854-1856), regresó a Loyola para continuar sus estudios.

La novela histórica de Frank G. Slaughter y William DuBois

Continuamos recordando, como ya hicimos en un artículo anterior Mika Waltari, la obra de escritores que publicaron populares novelas históricas que se convirtieron en best-sellers en el siglo XX. En este caso recordaremos a Frank G. Slaughter (1908-2001) nacido en Washington D. C. Sus padres se trasladaron a una granja cercana a la ciudad de Oxford, en el estado de Carolina del Norte, donde transcurrió su infancia. Estudió medicina en la Duke University, especializándose en cirugía en varios hospitales civiles y de campaña, al ser movilizado durante la Segunda Guerra Mundial en el ejército (1942-1945). Una vez licenciado, compaginó la práctica médica con la escritura y, ante el éxito conseguido, abandonó su profesión médica, centrándose en la literatura. Llegó a vender más de 60 millones de libros, lo que le transformó en un escritor de obras de indiscutible éxito.

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La novela histórica de Mika Waltari

Una novela histórica no debe confundirse con un libro de historia, firmado por un especialista formado en estudios universitarios especializados, pero forma parte de Historia. Este género ha ocupado su lugar en la literatura de numerosos países, ha sido -es- muy popular y, pese a numerosas licencias históricas (cuando no grandes errores) ha ayudado a fomentar el gusto por la lectura y por el conocimiento del pasado. Muchos fueron los literatos del siglo XX que escribieron alguna que otra novela histórica de calidad, por lo que nos gustaría recordarles, comenzando por alguien que vino del frío norte europeo.

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El turismo marítimo en la España de Alfonso XIII

En el siglo XIX, cuando se produjo la sustitución de la vela por el motor en los barcos, las compañías navieras pudieron fijar horarios regulares para sus líneas marítimas. La segunda revolución industrial fue acompañada de una revolución de los transportes que potenció, aún más, el traslado de población a grandes distancias, pero también un tráfico regular más seguro, favoreciendo, a la larga, el turismo marítimo.

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La fundación de la Real Academia de Bellas Artes en 1752

Los orígenes de una Real Academia de Bellas Artes en España no se comprenden si el patronazgo artístico de la Corona desde el siglo XVI, cuando, gracias al aumento de rentas provenientes de América, los monarcas emprendieron un intenso programa de construcción de obras artísticas, así como de su adorno interior y exterior. Las figuras de Felipe II o de Felipe IV no pueden entenderse en su totalidad sin la faceta de mecenas de las artes, como Fernando Checa y Alfredo Alvar han demostrado en sus estudios. Los Borbones, en el siglo XVIII, continuaron, en la medida de sus posibilidades, siendo patronos de arquitectos, escultores, pintores, bordadores, relojeros, miniaturistas, cristaleros, etc. De esa manera entroncamos la pintura de Ranc o Van Loo con el reinado de Felipe V o al mismo Goya con el de Carlos IV.

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Descubriendo el mecanismo celestial: estrellas y predicciones en el Renacimiento

En la Europa del Renacimiento (siglos XV y XVI) apenas se había variado la concepción del Cosmos forjada en la época clásica griega y romana. El geocentrismo -la idea de que la tierra era el centro del Universo- y la percepción del mundo con el ser humano como centro predominó en las elites culturales y científicas hasta la época del barroco. A partir de entonces triunfó la idea heliocéntrica -en torno al sol giran los planetas- del científico polaco Nicolás Copérnico. No hubo hasta entonces, pues, una ruptura clara entre el mundo inorgánico y el ser humano.

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Alfonso XII ante el terremoto de 1884

El día de Navidad de 1884 fue fatídico para la provincia de Granada, al producirse uno de los mayores terremotos que ha sufrido esta provincia, cuyo recuerdo todavía está latente en las zonas que sufrieron sus peores efectos. El epicentro se localizó en los pueblos granadinos de Arenas del Rey y Ventas de Zafarraya, que fueron destruidos por completo teniendo que ubicarlos y reconstruirlos junto a su antiguo emplazamiento. Alhama de Granada fue la localidad que más víctimas mortales registró, 675, y 800 heridos, ya que el tajo donde se encontraba ubicado el pueblo se desprendió arrastrando muchas casas. En total, más de 4.400 viviendas quedaron destruidas por completo en la provincia.

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La minoría gitana en la Cataluña del siglo XVIII

Desde el siglo XV, las autoridades tuvieron que enfrentarse al desafío que supuso controlar a una población nómada, si bien no muy numerosa, con acentuada identidad étnica y cultural. Estas características chocaban con los modelos de moralidad imperante y con la creación de un Estado moderno que aspiraba a controlar, en la medida de sus posibilidades, las redes sociales y el movimiento en sus territorios.

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Ahorrar un real y crear un Monte de Piedad

El 3 de diciembre de 1702, el sacerdote Francisco Piquer, capellán del convento de las Descalzas Reales, en la villa y corte de Madrid, puso una caja en su habitación y echó en ella un real de plata. Confió tanto en que Dios le multiplicaría esa moneda que llamó a varios miembros de su familia para que fueran testigos de que iba a ser el principio y fundamento de un Monte de Piedad “para sufragio de las ánimas y socorro de los vivos” mediante préstamos.

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Carlos III en Barcelona

Después de la muerte de Fernando VI (1746-1759), heredó la corona de España e Indias su hermano Carlos de Borbón, que tuvo que renunciar al trono de Nápoles para empuñar el cetro hispano. Tras abandonar su reino mediterráneo, Carlos III desembarcó en el puerto de Barcelona el 17 de octubre de 1759, contra la opinión de algunos de sus consejeros, que hubieran preferido entrar en España por Cartagena. Pero el monarca ilustrado prefirió volver a ver esa ciudad y hacer su solemne entrada por ella.

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Viudas y huérfanas en los gremios madrileños del siglo XVIII

Durante el siglo de las Luces, en la mayoría de los gremios se aceptaba que la dirección de un taller o tienda a la muerte del maestro pasara a manos femeninas. Paradójicamente, la mujer no era educada para ello, por lo que muchas viudas tan sólo podían contar con la experiencia de algunos familiares o vecinas y con su propio proceso de acomodación a las nuevas competencias.

Mujer y gremios en el Madrid de Carlos III

En 1775, Madrid contaba con cinco gremios mayores, formados por ricos y poderosos comerciantes, y más de cuarenta gremios menores, cuya difícil situación económica había provocado que el rey Carlos III decidiera, por Real Decreto, eximirles del pago de los grandes impuestos. Todos se regían por sus propias normas internas, llamadas ordenanzas, en las cuales no se reconocía a la mujer la posibilidad de obtener el grado de maestro y, con ello, la apertura de una tienda, a menos que fuera viuda. En este último caso, los maestros permitían que una mujer pudiera quedar al frente de un obrador, pero tan sólo en el plazo de un año. Así, en ningún gremio el número de mujeres, legalmente registradas, superaba al de hombres en la dirección de los talleres. No obstante, algunas corporaciones decidieron no limitar claramente el tiempo de viudez. Tal fue el caso de comerciantes menores de mercería, joyería y droguería -llamados tenderos de aceite y vinagre -, los tratantes de ropas usadas, los bodegueros, los confiteros y los menuderos. No resulta extraño que las cifras de mujeres legalmente registradas en estos oficios fueran las mayores de todas las corporaciones.

El relojero como modelo de trabajador manual en tiempos de Carlos III

En el siglo XVIII, los ilustrados españoles mostraron un claro interés por mejorar las condiciones labores de los trabajadores y, al mismo tiempo, elevar su dignidad, su honra y su imagen ante la sociedad. Para algunos de esos reformistas, el relojero reunía en su figura la imagen ideal del trabajador manual. En primer lugar, sabía leer, escribir y dibujar y los ilustrados, no debe olvidarse, intentaron fomentar la educación y, como materia, el dibujo entre los artesanos, con el fin de favorecer la calidad de sus obras. Además, el relojero era un trabajador muy completo, ya que realizaba desde el diseño de la maquinaria interior hasta la caja que la ocultaba. No sólo construía relojes sino que los reparaba, lo cual demostraba su habilidad y conocimiento del oficio, algo que nuestros ilustrados trataron de impulsar en todas las profesiones manuales.

El carlismo durante la Guerra Civil

Desde el comienzo de la guerra, a mediados de julio de 1936, la prioridad del alto mando carlista fue ganar en los campos de batalla al bando oponente, por lo que todos sus discursos oficiales -a través de la prensa y la radio- se orientaron en esa dirección. La fuerza armada de los carlistas se organizó en los tercios de requetés, los cuales tuvieron una decisiva actuación en las primeras semanas de la guerra, sobre todo en el norte peninsular y en Andalucía occidental. Precisamente, en esas zonas se habían consolidado durante el quinquenio anterior. En aquel trágico verano de 1936 el número de afiliados a la Comunión Tradicionalista aumentó espectacularmente, en un clima de exaltación bélica que la propaganda oficial no dudaba en conceptuar de "Cruzada". La mayor parte de esos nuevos voluntarios salieron de familias de clase media urbana, que se unieron a aquellos provenientes de círculos arrendatarios rurales, obreros y empleados. El carlismo llegó a organizar y sostener en el transcurso del conflicto más de cuarenta tercios de requetés, alrededor de unos treinta mil hombres. Desde un punto de vista organizativo, se creó la Junta nacional carlista que ratificó el liderazgo del principal dirigente de la época, Manuel Fal Conde, que pronto observó tres problemas en el horizonte.

El Carlismo tras la Primera Guerra Mundial

Tras la Gran Guerra, el movimiento carlista se encontró con varios retos en su agenda política: en primer lugar, enfrentarse a la crisis interna que supuso el choque entre el líder Vázquez de Mella y el pretendiente Jaime III (que hemos explicado en un artículo anterior), que dividió el partido entre jaimistas y mellistas durante varios años. Por otro lado, se intentó impulsar la presencia de los tradicionalistas en los medios obreros urbanos, no sólo en su tradicional medio rural. En consecuencia, nacieron los sindicatos libres, creados oficialmente en una reunión celebrada en el Ateneo Obrero Legitimista de Barcelona el 10 de octubre de 1919.

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1890: El año de las tres epidemias

Los españoles sufrieron una grave crisis de salud cuando finalizaba un largo periodo de cinco años de gobierno liberal, bajo la presidencia de Sagasta. La gripe exhibió sus demoledoras armas en los primeros meses; el cólera, el más temido peligro del siglo XIX, atacó de nuevo el Levante español y algunas zonas del interior, causando 2.824 víctimas en total. En Madrid, el llamado "mal del Ganges" acometió en menor medida que en anteriores ocasiones, pero lo suficiente para crear una atmósfera de miedo y tensión, que afectó al suministro de víveres en el verano. Y cuando parecía haber ya suficiente sufrimiento apareció la viruela a finales del año, cuyos efectos adquirieron una dimensión inesperada en la capital.

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Un carlista singular: Juan Vázquez de Mella y el sociedalismo

En el centro de Madrid existió una plaza dedicada a Juan Vázquez de Mella que, en julio de 2015, el ayuntamiento madrileño decidió su cambio de nombre, dedicándola a Pedro Zerolo, concejal del PSOE y activista LGBT. El cambio no provocó, como en otros casos, ningún agrio debate entre los diferentes grupos políticos. Vázquez de Mella (1861-1928) apareció enclaustrado en un tiempo y espacio ya, definitivamente, histórico.

El cardenal Guisasola: un impulsor del catolicismo social

El 13 de enero de 1914, se conoció la noticia de que Victoriano Guisasola, arzobispo de Valencia, había sido elevado a la sede metropolitana de Toledo, lo que implicaba la máxima dirección de la Iglesia española. Asturiano de familia modesta, Guisasola estudió humanidades en el seminario y derecho en Oviedo, ejerciendo como sacerdote párroco, luego obispo de Osma, de Jaén y de Madrid hasta llegar a la capital del Turia. En esta ciudad levantina se consolidó su interés por la mejora social de los más desfavorecidos al conocer los círculos obreros creados por el padre Vicent.