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EL PERIÓDICO
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Jesús S. Giner

¿Miles de millones de planetas acuáticos en la Vía Láctea?

Sabemos que nuestra galaxia, la Vía Láctea, contiene una cantidad enorme de estrellas. Muchas de ellas, según los cálculos, podrían tener a su alrededor planetas, lo que supone probablemente centenares de miles de millones de planetas de todo tipo (gigantes de gas, de hielo, rocosos, solitarios, etc.). Cada uno de ellos es único en sí mismo, con su historia, su evolución y condiciones propias; pero los científicos prefieren centrarse en aquellos que, a priori, pueden tener agua en su superficie, y que tengan unas condiciones aptas (según nuestros criterios) para la posible aparición de la vida. Y no lo hacen porque tengan una preferencia sesgada hacia lo que se asemeja a la propia Tierra, sino porque ésos precisamente parecen ser los requisitos para que la vida extraterrestre pueda germinar: agua líquida y un entorno adecuado (atmósfera protectora, distancia adecuada a la estrella, etc.).

Vida en Venus: una nueva posibilidad

Venus, para la búsqueda de vida extraterrestre, siempre ha sido el “patito feo”. Su hermano menor y más lejano, Marte, era el que se ganaba siempre los titulares y las portadas de periódicos, ya fuera porque creíamos ver allí formaciones artificiales (alucinadamente, por supuesto) o bien porque podría haber tenido, en un pasado lejano, condiciones para albergar algún tipo de biología inesperada. En todo caso, el vecino rojo era siempre el protagonista, y era allí, a sus arenas, adónde queríamos ir para descubrir si había o no rastros de hermanos microbianos.

Un cometa para la pandemia

Desde que el cometa Hale-Bopp dejó de verse en los cielos de la Tierra en 1997, y exceptuando a su colega McNaught que iluminó el cielo meridional en 2006, daba la impresión de que estos astros con cabellera habían decidido no acercarse más por nuestras cercanías. Hubo algunos, sí, pero fueron decepcionantes, poco brillantes o muy efímeros. Parecía (como en el caso de las supernovas, aunque aquí con más desazón aún, pues la última en nuestra galaxia fue visible… ¡en 1604!) que tendríamos que conformarnos con rememorar esas glorias pasadas… hasta que, de improviso, como todo lo bueno, vino algo que alegró los cielos de este pandémico año 2020.

Un asteroide con forma de mascarilla “cerca” de la Tierra

Apenas hay dudas respecto a la relevancia de los medios de comunicación para difundir y hacer llegar al gran público noticias inmediatas de investigaciones y estudios científicos. La Ciencia debe mucho a esta labor de divulgación constante. Sin embargo, a veces ese mismo loable ahínco puede mutarse, o contaminarse, por la evidente necesidad que este tipo de medios tiene de noticias “que llamen la atención”. Y, entonces, puede que se pierda algo de rigor, de precisión, en la importancia que posee la misma información.

¿Tiene Plutón un océano líquido con vida bajo su superficie?

Mientras el ser humano sufre en la Tierra las consecuencias de la terrible pandemia del virus Covid-19, que ya ha causado más de 70.000 muertos, en las lejanas estribaciones del Sistema Solar circula, frío y lento, el planeta enano Plutón. Hace unos años se dio a conocer que, posiblemente, este pequeño mundo que bordea al Sol a una distancia cuarenta veces más lejana que la terrestre podía ocultar en su interior un océano de agua líquida.

Spitzer. Adiós a un venerable

El telescopio espacial Hubble (HST) es, sin duda, el más famoso de la historia de la astronomía. Actualmente sigue en activo, tras casi 30 años, con una hoja de servicios impecable (exceptuando la metedura de pata inicial, de responsabilidad humana, al enviarlo al espacio dotado de unas gafas millonarias… y terriblemente defectuosas). El HST ha ido viendo cómo, a su lado, iban desfilando otros telescopios espaciales, cuya popularidad jamás le han hecho sombra. Puede que ello estuviera justificado en casi todos los casos (no en vano el Hubble es, por longevidad y productividad, un hito espacial sin precedentes), pero hay uno que sí podría rivalizar con el abuelo de los telescopios espaciales.

La estrella de Belén, ¿persiste el misterio?

Uno de los enigmas que, durante cientos de años (sino miles), ha cautivado a los astrónomos y a la imaginación popular, ha sido la naturaleza de la famosa Estrella de Belén. Se han propuesto muchas hipótesis, y cada una tiene su aceptable posibilidad, aunque unas más que otras.

Rosalía de Castro, por fin entre las estrellas

Antaño solía hablarse, sin hacer demasiado esfuerzo, de las “dos culturas” en relación con los intereses intelectuales de una persona. Si alguien era “de ciencias”, sus conocimientos de humanidades o artes eran harto defectuosos; y al revés, era improbable que un poeta o literato tuviese nociones científicas sólidas. Esto no siempre era así, desde luego, porque afortunadamente las personas tenemos curiosidad y quien se limita a un campo corre el riesgo de quedar miope, cultural y formativamente.

WDJ0914 + 1914, una estrella caníbal

Estamos acostumbrados a entender los sistemas solares (es decir, los espacios dominados por la estrella central y su cohorte de planetas, lunas, asteroides, etc., todos ellos girando a su alrededor) de un modo ‘clásico’, predefinido. Pero en los últimos años las sorpresas en el ámbito del estudio de los planetas extrasolares (aquellos situados en otros sistemas solares, y que por tanto orbitan a otras estrellas) no dejan de aumentar. E incluso se dan casos que no sólo sorprenden, sino que hacen revisar las viejas teorías y las nociones aceptadas.

Falta un gato (en el cielo)

El firmamento nocturno, con su multitud de estrellas, está dividido en constelaciones. Las constelaciones no son nada físico, no son algo “real”, en el sentido de que formen vínculos entre las estrellas que las forman. Al contrario, las constelaciones no son más que subjetivos, arbitrarios y (con los milenios) perecederas agrupaciones estelares, que hemos conformado nosotros (los seres humanos) por conveniencia. Sirven para poner un poco de orden, reconocer figuras y ubicarnos. Pero las estrellas constituyentes se suelen hallar lejísimos unas de otras, sin la menor ligazón gravitatoria. Cada una de ellas recorre su camino y, a su tiempo, deformarán la efigie que hoy forman hasta desaparecer y ser reemplazadas por otras.

Un estallido Magic(o)

Como dos inmensos panales reflectantes, los telescopios hermanos Magic I y Magic II escudriñan los más remotos lugares de nuestro Universo desde su ubicación, privilegiada y límpida, en la cima del Roque de los Muchachos, en la canaria isla de La Palma. Son telescopios extraños, con un semblante infrecuente, pero se debe a su objetivo y a la forma en que trabajan. Su cometido no es discernir mejor detalles de una nebulosa o perfilar el rostro de un planeta, sino detectar la luz, lejanísima y casi instantánea, de explosiones muy violentas (es decir, muy energéticas) que barren el firmamento en un instante ínfimo.

Mercurio transita hoy por delante del disco abrasado del Sol

Desde aquellos lugares en que las nubes permitan escudriñar el cielo diurno, hoy acontecerá un raro fenómeno: si miramos al Sol (con la debida protección), tendremos ocasión de ver un pequeño disco oscuro que, con mucha lentitud, va pasando por delante del disco, mucho mayor y luminoso, de nuestra estrella. Ese pequeño disco es el planeta Mercurio, mundo que según se dice el gran astrónomo Nicolás Copérnico nunca tuvo la ocasión de ver.

Astros, logias y farsas

Todos, en algún momento de nuestras vidas, hemos dirigido la vista hacia el firmamento nocturno. No debe extrañar, pues si somos seres humanos es en parte gracias a ello. La contemplación del cielo y su enigmática y oscura presencia forma parte de nuestra naturaleza. Somos seres conscientes (al menos, muchos de nosotros…), de modo que no solo miramos, sino que también percibimos y tratamos de entender lo que vemos.