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EL PERIÓDICO
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Adrian Santana García

La colina que escalamos

Washington D.C., Día de Reyes, 1:00 p.m., la Estatua de la Libertad yerta sobre la cúpula del capitolio observa desde lo alto cómo cientos de personas se aproximan al edificio que ella corona, gritan su nombre, “libertad”, pero sus figuras y las proclamas de la multitud no acompañan a las palabras que pronuncian. Vienen desde el Este, desde la Casa Blanca, y tienen un objetivo: “Salvar a América”.

Tonny Benn: el aristócrata obrero

“Supremo error del pasado fue confiar el destino del

país a los individuos más que a los principios.”

Giuseppe Mazzini

En política, muchas veces se elige al individuo sin atender a los principios del mismo, unos principios que, sin temor a equivocarnos, se verán reflejados en las políticas que desarrolle desde su cargo. Si algo identificaba a Anthony Wedgwood Benn, o Tony Benn como él mismo prefería que lo llamaran, era la defensa a ultranza de los principios que le guiaban en política, así lo reconocerían siempre tanto sus compañeros laboristas como sus rivales conservadores. Sin embargo, a pesar de la defensa y además de la transparencia de sus principios, Benn sufrió en primera persona ese “supremo error del pasado” al que hace referencia en su cita Giuseppe Mazzini, uno de los padres de la unificación italiana. Dentro de su partido, los principios inquebrantables de Benn no le granjearon el apoyo de sus compañeros para liderar el laborismo británico y, si bien el Partido Laborista perdió un gran líder y possible Primer Ministro, la ciudadanía británica ganó un grandísimo activista y diputado que hasta el final de sus días luchó por las causas más justas y los derechos de la clase trabajadora.