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EL PERIÓDICO
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Esteban Cortijo Parralejo

Mario Roso de Luna por él mismo

(Tres meses después de morirme Pepita Maynadé me dedicó estas líneas en su artículo publicado en El Loto Blanco de enero de 1932)

Cada uno de sus libros parece un magno fruto póstumo, la coronación de toda una vida. Y sin embargo, la mente privilegiada y proteica de Roso de Luna nos ofrecía, con una frecuencia inusitada, los enormes frutos de su trabajo, uno tras otro y la muerte le sorprendió sin que pudiera cumplir una promesa que nos hizo un día: la publicación de su «Autobiografía» que hubiera sido la más digna rúbrica del tesoro intelectual cuya grandeza puede sellar tan solo nuestra ignorancia.

  • Publicado en Cultura