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EL PERIÓDICO
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Miguel Ángel Vázquez

Ayuso, sólo ficción

El discurso emocional ha desplazado de la arena política a la razón y a la gestión. Con dos crisis profundas en apenas una década y una fatiga pandémica muy extendida entre la población española, el ilusionismo triunfa ante una sociedad desencantada y ahíta de malas noticias. Con este caldo de cultivo, al menos a corto plazo, pueden hacer su agosto los vendedores de humo, los charlatanes de feria, los sofistas del populismo. En esta sociedad del simulacro, en más ocasiones de las deseables, la verdad tiene menos valor que la apariencia. Hasta el punto de que, siguiendo a Jean Baudrillard, lo simulado se presenta como verdad ante la imposibilidad de diferenciar entre lo que es real y lo que es falso. Lo estamos viendo en esta campaña electoral en la Comunidad de Madrid, donde se imponen la soflama y la impostura y se soterran los hechos, los argumentos y las propuestas.

Yo me vacuno

Cuando me disponía a escribir este artículo, he recordado a mi compañero periodista Valentín García, quien fue todo un símbolo de vida frente al cáncer. Le plantó cara con valentía, entereza y unas intensas ganas de vivir. Valentín resistió con todas sus fuerzas al grito de #YoMeCuro y se sometió con convicción al tratamiento médico hasta el último momento. Cuando veo ahora las dudas de ciertos sectores de la sociedad española ante la vacunación, he rememorado su confianza en la ciencia y en la labor de los profesionales sanitarios a la hora de encarar un desafío de tanta envergadura.

Codicia y capitalismo

Hace unos días, el primer ministro británico, Boris Johnson, se sinceró en una reunión privada con un grupo de parlamentarios de su partido y atribuyó el éxito en la consecución de la vacuna del coronavirus al capitalismo y a la codicia, conceptos que casi siempre van de la mano. Esta confesión a puerta cerrada, tan franca como inoportuna, se hizo pública en paralelo al hallazgo de casi 30 millones de unidades del inyectable de AstraZeneca almacenadas en una planta industrial cerca de Roma y cuyo destino era el Reino Unido. La casualidad informativa hizo evidente la avaricia que mueve a ciertos países poderosos y a las grandes multinacionales farmacéuticas. Los primeros, tirando de chequera para superar cuanto antes la pandemia y recobrar la normalidad. Las segundas, para engordar sus beneficios favoreciendo la puja y dando prioridad a los contratos con más rentabilidad económica.

Jaque al PP

Un movimiento inesperado a modo de efecto mariposa ha convulsionado el tablero político en las últimas horas. El jaque al Partido Popular en Murcia ha tenido una fuerte repercusión política en el debate nacional. En esta comunidad, PSOE y Ciudadanos han llegado a un acuerdo global para poner fin a lustros de gestión bajo sospecha y controvertida a cargo del PP en ese territorio. Esta sacudida murciana ha tenido réplicas con distintos epicentros geográficos. En la Comunidad de Madrid se está pendiente de que la justicia dictamine si habrá elecciones anticipadas, como pretende Isabel Díaz Ayuso, o si se debaten sendas mociones de censura registradas por parte de PSOE y Más Madrid. En Castilla y León, los socialistas ya han tramitado una iniciativa similar para remover al actual ejecutivo autonómico.

La historia y sus lecciones

Siempre he observado con envidia sana como la poderosa maquinaria de Hollywood ha mitificado hitos históricos de Estados Unidos. Gracias al cine y ahora también a las plataformas de contenidos, los principales acontecimientos norteamericanos engrosan el imaginario colectivo global. Por esta vía, no sólo la ciudadanía de allí tiene un amplio conocimiento de su historia, reforzado indudablemente por su sistema educativo. Es que, además, estos episodios del devenir estadounidense forman parte de la cultura de personas de otros muchos puntos del planeta a través del amplio catálogo de películas y series a nuestro alcance. Por este motivo, hay sectores de la población española que saben más de lo acaecido al otro al lado del Atlántico y de la obra y milagros de sus personajes más destacados que de nuestra historia y nuestros referentes, siendo la española más extensa y más rica sin incurrir en un exceso de chovinismo ni en el patrioterismo ramplón de himnos y banderas. Se echa de menos, tal vez, ese gran altavoz y un modelo de enseñanza que hubieran puesto en valor cómo se ha ido construyendo este país tan viejo, diverso y plural con todas sus luces y todas sus sombras.

El dilema catalán

Al escritor mexicano Carlos Monsiváis le leí que "si nadie te garantiza el mañana, el hoy se vuelve inmenso". La incertidumbre sobre el resultado en Cataluña hace que estos últimos días de la campaña no sólo sean inmensos, sino también extraordinariamente intensos. Los partidos apuran sus bazas en unas elecciones excepcionales por la situación de pandemia y por la extrema polarización del espacio público. Las encuestas pronostican un triple empate, con un mayor número de votos para el PSC, y mucha igualdad en los escaños asignados a socialistas, ERC y Junts. Todo queda muy abierto en la medida del elevado porcentaje de indecisos que auguran los sondeos y el alto índice de abstención por el eventual impacto del coronavirus. El recuento será de infarto y el nuevo gobierno puede caer de un lado u otro por apenas unos miles de votos.

De exiliados y prófugos

Nos dicen que las comparaciones siempre son odiosas. Algunas, incluso, irritantes e insostenibles. De boca de Manuela Carmena le ha venido a Pablo Iglesias uno de los mayores reproches por equiparar a los exiliados de la Guerra Civil y el franquismo con la situación que vive hoy Carles Puigdemont, cómodamente instalado en Bruselas. La jueza y ex alcaldesa de Madrid considera un “disparate” semejante paralelismo porque “en una democracia, si alguien no se presenta ante un tribunal es un prófugo, no un exiliado”. Más allá del debate semántico o terminológico, se trata de poner el foco en la enorme injusticia cometida con quienes tuvieron que salir de nuestro país en 1939 para salvar la vida y escapar de la represión de la dictadura golpista de Franco.

El virus trumpista

Con el asalto del Capitolio hemos sido conscientes de la fragilidad de la democracia. Incluso en países con siglos de convivencia democrática y donde pensábamos que estaba firmemente consolidada, como es el caso de Estados Unidos, el riesgo existe, especialmente con el resurgimiento del populismo y el nacionalismo exacerbado. Donald Trump ha inoculado ese veneno durante cuatro años, socavando las instituciones, alentando las más bajas pasiones, procurando el enfrentamiento entre partidarios y detractores, y ha puesto a la primera democracia del mundo en jaque. La turba de insurrectos tomando la sede de la soberanía popular se ha de erigir en un aprendizaje para toda la sociedad frente a los peligros que conlleva ese radicalismo destructivo.

Rumbo cierto

Despedimos este año terrible con la certeza de afrontar 2021 con una hoja de ruta clara y ampliamente compartida. En apenas tres días comienza la campaña de vacunación contra el Covid-19, a finales de primavera un setenta por ciento de la población estará inmunizada y recuperaremos la normalidad tras meses fatídicos por la pérdida de demasiadas vidas humanas en España… y en todo el mundo. Este horizonte de relativo optimismo por estar cada vez más próxima la posibilidad de doblegar al virus no nos debe hacer bajar la guardia en esta recta final sino mantener la responsabilidad individual y colectiva, el civismo y el respeto a las restricciones sanitarias. Queda el último esfuerzo para conseguir este objetivo común.

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Asuntos absolutamente públicos

Casualmente, o tal vez no, la derecha extrema (PP) y la extrema derecha (Vox) han empleado la misma calificación para valorar dos cuestiones de actualidad dentro de nuestro espacio público nacional: “Son asuntos privados”. El búnker conservador, tan dado a zaherir, anatematizar y condenar a priori a cualquier adversario político progresista o nacionalista con una mera información periodística, ha pasado de puntillas por estos acontecimientos a tenor de sus protagonistas. Ya estamos más que habituados a que las derechas tengan un baremo ético y de exigencia de responsabilidades según quién, un doble rasero que aplican de forma selectiva y caprichosa con el más absoluto impudor.

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Dumping fiscal y desigualdad

El Gobierno de España ha conseguido sumar esta semana los apoyos suficientes para garantizar la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado para 2021, unas cuentas expansivas, con la mayor inversión social de nuestra historia, que están pensadas no sólo para la reconstrucción para superar la crisis económica y social causada por el Covid-19, sino que sientan las bases para un nuevo modelo productivo que pivote en más y mejor educación y formación y en la apuesta decidida por la innovación y la ciencia, la economía digital y la transición ecológica.

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Con alevosía

“Sólo los estúpidos perseveran en el error”. Me viene al recuerdo esta sentencia de Cicerón ante la cadena de desaciertos (y mala fe) protagonizada por el Ayuntamiento de Madrid en contra de la memoria histórica en general y de la figura del socialista Francisco Largo Caballero, ministro de Trabajo y presidente del Consejo de Ministros durante la República, en particular. Si ya fue un yerro de bulto que Partido Popular y Ciudadanos, siguiendo el rebufo de Vox, aprobaran la eliminación del callejero y del espacio público de toda referencia a Largo e Indalecio Prieto, también varias veces ministro en ese periodo, mucho más lacerante ha resultado la tozudez en seguir tropezando en la misma piedra con una gestión plagada de irregularidades y medias verdades, que son las mayores de las mentiras.

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Follón de censura

Tomo prestado el título de este artículo a Iñaki Gabilondo, brillante definición de lo que ha pasado en el Congreso de los Diputados durante las últimas horas. La moción de censura de Vox no auguraba nada de interés para España y los españoles. Los peores pronósticos se han confirmado. Como nacía condenada al fracaso, lo único que ha hecho la extrema derecha es convertirla en un acto electoral para su mejor gloria, enfangar la vida pública, agitar las bajas pasiones y ahondar en su estrategia de odio, división y enfrentamiento. Un bochornoso espectáculo al modo Trump.

Revanchismo antidemocrático

Hay decisiones políticas que sólo buscan la provocación y la revancha, que exclusivamente persiguen romper la convivencia, generar división y crispación y activar las bajas pasiones latentes en determinados sectores de la sociedad española. Dentro de este grupo de iniquidades se enmarca la iniciativa de la extrema derecha (Vox), apoyada por Partido Popular y Ciudadanos, para retirar las referencias en el espacio urbano de Madrid de dos personalidades democráticas de la República, los socialistas Francisco Largo Caballero, ministro y presidente del Consejo de Ministros, e Indalecio Prieto, quien dirigió varios ministerios en este periodo histórico.

Por la Memoria

El profesor Antonio Orihuela, autor de ‘Moguer 1936’, libro que narra la Guerra Civil y la cruenta represión franquista en este municipio de Huelva, entiende “la memoria de las víctimas como la afirmación de una injusticia cometida sobre cuyo olvido se ha construido nuestro presente”. Muchas familias perdieron a sus seres queridos y fueron obligadas a sepultar sus recuerdos. Ése fue el doble castigo infligido a los derrotados, a los que el terror franquista humilló, impuso un silencio doloroso y maniató sus conciencias favoreciendo así la consolidación de la visión deformada y propagandística de los vencedores.

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Lágrimas de cocodrilo

A la Junta de Andalucía no le salen las cuentas. Su presidente, Juan Manuel Moreno Bonilla, dice que las arcas autonómicas están exhaustas. Todo dentro de una maniobra de plañidera para seguir forzando la confrontación con el Gobierno de España e intentar disimular su inacción y sus problemas en la gestión de la crisis del Covid-19. Lloriquea el presidente andaluz por la falta de recursos para hacer frente al curso escolar justo cuando acaba de recibir 384 de los 2.000 millones extraordinarios destinados por el Estado para educación. Tanto lamento suena a excusa para desviar la atención.

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