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EL PERIÓDICO
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Ricardo Colmenero Martínez

La Guerra de la Independencia a través del cine postfranquista

La guerra contra la invasión napoleónica de España (1808-1814) ha sido llevada a la gran pantalla desde los orígenes del cine, atravesando todo el siglo XX. Centrándonos, en este artículo, en la producción realizada a partir de 1975, cabe recordar que el director Bernardo Fernández tuvo más de un problema con su película Contra la pared. El film comenzaba al final de la guerra, cuando un soldado y un oficial volvían por separado a sus pueblos y sin medios para el viaje. Al encontrarse, deciden seguir juntos el camino, y el teniente promete que empleará en su casa al soldado. Pero al llegar al pueblo se encuentran con que la guerra lo ha destruido todo y sólo queda un viejo viviendo allí. Sin dinero ni comida, los protagonistas se convierten en ladrones a partir de pequeños robos que terminan cuando acaban siendo criados en un burdel y llegan a convertirse en criminales como resultado de una serie de actos delictivos. Son finalmente ajusticiados injustamente. Como señaló el cartel anunciador del film, era “la primera película underground del cine español”. Tras muchos problemas de rodaje, el sindicato oficial -que todavía existía- les negó su existencia legal por haber sido empleados actores que no tenían carnet sindical pertinente.

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Un nacionalismo peculiar: el tercer carlismo

Por "tercer carlismo" nos referimos al movimiento desarrollado entre 1868 y 1876 por los legitimistas españoles. Su nuevo pretendiente, Carlos VII, fue presentado entonces como la solución para evitar el ”desastre nacional” derivado de la revolución democrática de 1868. Políticamente, al contrario que los realistas de inicios del siglo XIX, que se habían concentrado en defender las instituciones tradicionales tal y como se encontraban entonces, la nueva generación de carlistas defendió que bastaba con restaurar " su naturaleza". De esta manera resultaba más importante la esencia de las Cortes y de los municipios, que el modo de formar aquellos cuerpos. Las leyes debían adaptarse a las nuevas realidades sociales del siglo XIX pero inspirándose y respetando el espíritu de las leyes fundamentales, ya que los carlistas no creían en constituciones de raíz liberal. Y, por otra parte, no resultaba necesario resucitar íntegramente la legislación del Antiguo Régimen que, por la marcha de los tiempos, se había transformado en obsoleta.

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La enseñanza musical e industrial en la Sociedad Económica Matritense a comienzos del siglo XIX

Además de otros ámbitos más conocidos, la labor educativa de la Sociedad Económica Matritense con las clases más desfavorecidas se manifestó en la industria de las denominadas artes liberales. En efecto, tal y como señaló el Diario Balear del 29 de octubre de 1817, esta agrupación creó en ese año un obrador y una escuela para la enseñanza del grabado y estampado de música. El objetivo principal fue incentivar un medio honrado y digno de subsistencia para aquellos cuya educación estaba encomendada a la Sociedad Económica Matritense por mandato real.

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Máquinas y herramientas en la Económica Matritense (1816-1820)

Las Sociedades Económicas de Amigos del País siempre favorecieron la imitación y divulgación de avances técnicos europeos en España, al relacionar su expansión con el crecimiento de la economía. De esta manera, una vez que se hubo divulgado ese interés, llegaron a sus sedes tanto memoriales como cartas donde numerosos mecánicos, inventores y maquinistas exponían sus adelantos, solicitando un reconocimiento por parte de la Sociedad y su ayuda para realizar a gran escala su diseño. En caso de no obtener dinero de los Amigos del País, les rogaban su apoyo ante las autoridades locales o su recomendación ante el Consejo Real. Hubo quien sólo demandó el título de Socio de Mérito o una certificación honorífica para su obrador o taller, lo cual explica al nivel de popularidad de estas instituciones, como la radicada en Madrid. En su mayoría, esos creadores fueron artesanos y mecánicos emprendedores que intentaron mejorar herramientas y máquinas, gracias a la experiencia que les había facilitado la práctica continuada de su oficio. Al no solicitar un privilegio de patente reconocían implícitamente que se trataba de una mejora sustancial, pero no de una invención total. Entre 1816 y 1820, en la Económica Matritense se recibieron 17 solicitudes en este sentido, desde alambiques y máquinas hidráulicas hasta molinos, prensas, hiladoras, tornos, cardadores, sembradoras, rastrillos, máquinas  para apagar incendios y harineras. En la mayoría de los casos, los Amigos del País apoyaron sus demandas, pero les remitieron a la administración real a la hora de obtener una recompensa en metálico.

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No profiero las glorias de Varones

Canción heroica en honor de las señoras socias económicas matritenses, y señoras asociadas, para la enseñanza de las infelices de la galera y de las dos cárceles de Villa y Corte.

Si la semana pasada este diario ofreció un interesante testimonio sobre la acción solidaria a los mendigos de la Sociedad Económica Matritense, esta semana se rescata del olvido un interesante documento que recuerda la labor pedagógica de las mujeres socias de susodicha organización en las cárceles de Madrid y en la Galera Real situada en la calle Atocha1.

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El Papel sobre mendigos: dignidad laboral y solidaridad en la Sociedad Económica Matritense

El día 11 de octubre de 1817 don Tiburcio Hernández, censor de la Real Sociedad Económica Matritense, leyó en la junta ordinaria de esta asociación un discurso sobre la pobreza, la educación infantil y la solidaridad con los más necesitados. Esta intervención quedo titulada con el nombre de Papel sobre mendigos y fue publicada en el mismo año en la Imprenta Sancha de Madrid.

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Lloviendo piedras y Un traje blanco: catolicismo social y obrerismo desde dos ópticas muy diferentes

Puede parecer arriesgado realizar un ejercicio comparativo entre dos películas tan aparentemente distintas. La primera, Lloviendo piedras (1993), es un alegato a la dignidad de la clase trabajadora desde una óptica ideológica socialdemócrata y de clase, si bien muchos críticos afirman que es la obra políticamente menos explícita del director Ken Loach. En segundo lugar se encuentra Un traje blanco, un largometraje dirigido por Rafael Gil en 1956 en el que se narra la historia real de un niño que trabaja explotado en una mina y sufre un accidente laboral. Ciertamente, esta última película bebe del lenguaje propio del cine católico de la época, especialmente de la influencia que Marcelino Pan y Vino dejó en el séptimo arte español protagonizado por niños hasta finales de los cincuenta. Serían, por tanto, dos películas ideológicamente situadas en las antípodas.

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Las fábricas-escuela de los Amigos del País en el Madrid de Fernando VII

La Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País, desde los días de su fundación, recibió numerosos proyectos de maestros y fabricantes para crear o transformar sus establecimientos en escuelas especializadas. El lema de la Matritense era claro: “Socorre enseñando”. La educación básica pero también una enseñanza profesional resultaba necesaria para sacar de la pobreza y la indigencia a muchos trabajadores. Además, los artesanos, comerciantes y pequeños negociantes necesitaban mano de obra especializada de una manera creciente.

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El Colegio de Sordomudos: Una creación de la Económica Matritense en el siglo XIX

El colegio de Sordomudos de la capital fue una de las instituciones educativas más meritorias de la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País, el cual fue el 9 de enero de 1805, en un piso arrendado en el número 2 de la calle de Las Rejas. El rey Carlos IV ordenó que cien mil reales de vellón, provenientes de las mitras de Sigüenza y Cádiz, sirvieran de forma perpetua para sostener económicamente este establecimiento.

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