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EL PERIÓDICO
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Ricardo Peña Marí

Los indultos como cacería fallida de la derecha

El teatrillo de la plaza de Colón del pasado fin de semana ha dejado bien clara la falta de honestidad de nuestras derechas en el tema de los indultos. Al igual que en tantas ocasiones —recogida de firmas contra el Estatut en 2006, negociación de Zapatero con ETA en 2007, crisis económica de 2008-2012, crisis política con Marruecos en 2021, etc.—, la derecha solo está interesada en manipular las emociones de los ciudadanos para erosionar al gobierno de izquierdas de turno.

Los indultos como inversión

La derecha no tiene ninguna duda de que la hipotética concesión de indultos a los dirigentes condenados del procés sería una afrenta inaceptable a España, a la legalidad vigente y a la Constitución. Serían, en su opinión, un premio a los que violan las leyes, debilitaría al Estado, y sostienen con absoluta certeza que las razones del Presidente Sánchez son pura y simplemente su conveniencia personal para conservar el poder.

España 2050 y España 2021

El 20 de mayo, el Presidente del Gobierno presentó el proyecto España 2050 ante los medios de comunicación y numerosos representantes de la sociedad civil. Se trata de un estudio de prospectiva, que trata de imaginar cómo será la sociedad española dentro de treinta años y de identificar cuáles deberían ser los objetivos más relevantes a perseguir desde ahora para llegar a esa fecha en las mejores condiciones posibles.

Algunas claves de "Lo de Madrid"

Si uno repasa las encuestas previas a las elecciones a la Comunidad de Madrid, ninguna preveía la bajada tan acusada del PSOE, ni el retroceso tan generalizado de la izquierda. El promedio de las encuestas más importantes, publicado por El País el 27 de abril, tan solo se aproximó a los resultados de Vox (9,2% frente al 9,1% realmente obtenido el día 4 de mayo), de Unidas Podemos (7,1 frente al 7,2) y de Ciudadanos (4,0 frente al 3,6). Subestimó bastante el del PP (41,0 frente al 44,7) y el de Más Madrid (14,1 frente al 17,0) y sobrestimó aún más el del PSOE (23,0 frente al 16,9). El equilibrio izquierda-derecha era, en 2019, del 47,6%-50,6% y ahora ha pasado a ser del 41,1%-57,4%, incluyendo en la derecha el voto perdido a Ciudadanos. Es decir, entre un 6% y un 7% de los votantes —casi en su totalidad del PSOE— ha cambiado de bando, desde la izquierda a la derecha, en 2021 con respecto a 2019. ¿Qué ha pasado?

Madrid y la banalidad del mal

Esta expresión, ampliamente utilizada, la acuñó la filósofa alemana Hannah Arendt para explicar cómo fue posible el genocidio de los judíos por parte del nazismo contando con la colaboración de burócratas, no especialmente malvados, que simplemente aplicaban los procedimientos de exterminio como si se tratara de una tarea administrativa más. También puede aplicarse a situaciones en las que el mal o el peligro crecen a nuestro alrededor sin que seamos capaces de advertir su presencia. Algo de esto está sucediendo en España desde hace varios años y se ha manifestado recientemente en Madrid.

La democracia visceral

Nos han engañado. Nos han hecho creer que la humanidad ha encontrado mecanismos perfectos para autogobernarse y no es verdad. Seguimos conduciéndonos por “la ley de las tripas”, que viene a consistir en que yo hago lo que me pide el cuerpo y, el bien común, si acaso, otro día.

La gestión de Díaz Ayuso

En contra de la opinión del resto de los grupos parlamentarios, incluyendo a sus socios de gobierno, la señora Díaz Ayuso ha convocado elecciones en la Comunidad de Madrid (CM) en mitad de la legislatura y en mitad de una terrible pandemia aún por controlar. Según su peculiar estilo de arrojar toneladas de tinta hablando de otros problemas, ha dejado poco espacio en los medios para analizar su gestión de estos dos años. Y, sin embargo, es lo único que debería importar a un votante que pretenda emitir su voto de un modo racional. Hemos de hacer un esfuerzo para sobreponernos al ruido ambiental y evaluar fríamente lo que ha hecho y lo que cabría esperar de ella si gobernase.

Un nuevo contrato político y social

Según el filósofo Manuel Cruz, la sociedad española está enferma y, según el historiador Álvarez Junco, está bastante cabreada. En cualquier caso, no parece que nuestros últimos años puedan calificarse de buenos, especialmente para los más jóvenes. Muchos pensadores lo llevan advirtiendo desde las páginas de los periódicos y las tertulias, pero pocos responsables políticos parecen dispuestos a darse por aludidos.

¿A quién le importa Toni Cantó?

Si realizamos una simple búsqueda en Google con la cadena “Toni Cantó PP”, nos aparecerán 24 millones de resultados, casi todos ellos referidos a los últimos días y protagonizados por la práctica totalidad de los medios de comunicación escritos y audiovisuales. Ello puede servir como indicador de la atención —a mi juicio, desproporcionada e injustificada— que los medios han prestado al último salto, desde Ciudadanos al PP, de este titiritero de la política. ¿Por qué sucede esto?

No dejéis caer a ciudadanos

No cabe duda de que el partido Ciudadanos (Cs) está pasando por el peor momento de su historia, desde su fundación en 2006, y de que, asediados por la estrategia depredadora del PP y por la deserción de muchos de sus cuadros, corre el riesgo de implosionar. Sin embargo, sería muy negativo para la democracia española el hundimiento —por tercera vez en el centro político, tras el CDS y la UPyD— de un proyecto como este.

La ultraderecha acecha Madrid

“Socialismo o libertad”: ese fue el grito de guerra falaz —la ideología socialista presupone la libertad y una posible opción de esta debería ser votar socialista— del inicio de la campaña electoral de la Presidenta de la Comunidad Madrid Isabel Diaz Ayuso en su comparecencia del 10 de marzo, donde anunció que convocaba elecciones para el 4 de mayo.

Identidades

La revista Investigación y Ciencia ha publicado recientemente un número monográfico dedicado a los neutrinos. Su lectura me ha resultado apasionante y, sin duda, interesará a todos aquellos que sientan curiosidad por la ciencia. No se requieren grandes conocimientos de física gracias a que —como es tradición en esta revista— se utiliza un lenguaje muy asequible y también unas magníficas ilustraciones.

El rapero: que siga el espectáculo

En el momento de escribir estas líneas, todavía continúan algunas algaradas nocturnas similares a las que, desde hace una semana, asuelan varias capitales españolas, con el aparente motivo de protestar por el encarcelamiento de un rapero. Rapero, cuyo nombre me niego a reproducir para no caer en el mismo vicio que voy a criticar a continuación.

Sostiene Unidas Podemos

Sostiene Unidas Podemos (UP) que España no es una democracia plena. Lo hizo, además, con ocasión de la opinión expresada por el Ministro de Asuntos exteriores ruso, quién comparó el encarcelamiento en Rusia del opositor Aleksei Navalni con el de los políticos independentistas catalanes. Que la prestigiosa revista The Economist realice anualmente una clasificación de 167 países en base a 60 indicadores y España ocupe en él el lugar 22 —dentro de los 23 países considerados democracias plenas y donde otras democracias como Estados Unidos, Francia e Italia son consideradas “imperfectas”— no parece importarles demasiado. Que ese discurso haya sido utilizado por la dictadura Rusa para desprestigiar a España y de paso a toda la Unión Europea, tampoco. Atacar a España en la esfera internacional lo habían hecho los independentistas catalanes, y a veces también el PP en el seno de la Unión Europea, y siempre se había juzgado esta actitud como antipatriótica. Pero, hacerlo desde la propia Vicepresidencia de Gobierno, es una innovación cuando menos interesante.

A mis amigos catalanes de izquierdas

Viví siete años en Barcelona durante la década de 1980 y tuve ocasión de observar de cerca la sociedad catalana. Por fortuna, en esos años el virus independentista no estaba apenas extendido, tal vez en menos de un 10% de la población. Descubrí una sociedad sobre todo laboriosa y poco dada a perder el tiempo. Comparando con algunas desafortunadas experiencias en Madrid, me sorprendió comprobar que los enfrentamientos personales nunca se llevaban hasta el extremo de poner en riesgo la eficacia del trabajo común. Las discrepancias se negociaban y eso hacía que, en general, las instituciones públicas funcionaran competentemente. También las empresas privadas mostraban signos de gran vitalidad. En aquellos años, Cataluña daba la sensación de ser una sociedad viva, culta, despierta y a la vanguardia de muchas áreas, en comparación con el resto de las regiones españolas.

Elogio de lo civilizatorio

La mayoría de los artículos de opinión que se publican en la prensa física y electrónica están dedicados a criticar las cosas que no funcionan o que nos parecen mal, que suelen ser casi todas. Alguna vez habrá que detenerse a elogiar y poner en valor aquellas que nos parecen bien. Ese es el propósito de estas palabras: elogiar las instituciones que nos protegen y que han surgido históricamente tras un largo proceso civilizatorio.

Confrotar versus gestionar

Como sociedad, los españoles salimos de la larga dictadura franquista con muchos lastres. Uno, no menor, fue el arrastrar durante largo tiempo un profundo complejo de inferioridad en relación a los países de nuestro entorno natural, o sea, de Europa. Bastaba con viajar fuera y comparar cómo funcionaban allí las ciudades, los transportes, las empresas y las universidades con respecto a las de nuestro país para volver sumidos en una depresión.

Los hechos alternativos

Una de las derivaciones que más me han impactado del reciente asalto al Capitolio estadounidense por parte de hordas de fanáticos seguidores del ya ex-Presidente Trump ha sido el dato estremecedor de que el 86% de sus votantes estaban convencidos de que había habido un fraude electoral y les habían robado unas elecciones legítimamente ganadas. Todavía hoy, tres de cada cuatro lo siguen creyendo.

Pese a todo, salvaguardar la calidad democrática

Durante los últimos gobiernos de Felipe González, allá por 1995, la derecha española, liderada entonces por José María Aznar, inauguró una nueva forma de hacer política que rompía los mínimos consensos democráticos alcanzados en la Transición de 1978. Se la llamó “política de la crispación”. Veinticinco años después, seguimos en ella.

Por qué hay que financiar la ciencia

El descubrimiento y desarrollo de las vacunas contra la Covid-19, que recientemente han comenzado a suministrarse a la población, nos dan un nuevo y bello ejemplo de cómo funciona la ciencia y por qué es imprescindible financiarla sin los cicateros cálculos cortoplacistas que oímos a algunos responsables políticos: hay que financiar sólo la ciencia aplicada, sólo la ciencia excelente, etc.

Democracia y "brutalismo"

La democracia requiere de unos mínimos consensos para funcionar. Si no se respetan esos mínimos, nos adentramos en el terreno de lo desconocido y las sociedades quedan al albur de todos los oportunismos y violencias.

  • Publicado en Opinión