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EL PERIÓDICO
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Gonzalo Andrés García Fernández

La importancia de pensar históricamente el momento constituyente chileno

Chile vive momentos en crisis, pero en el buen sentido de la palabra: está cambiando, está mutando política y socialmente. Las pasadas elecciones del día 15 y 16 de mayo de 2021 fueron históricas para el país, al decidirse por vez primera quienes serán los integrantes que redactarán la nueva Constitución del país. Un momento marcado por su claro carácter republicano; otrora anómalo, incluso desde el propio nacimiento del Estado-nación chileno (siglo XIX). Desde el pasado octubre 2019, las movilizaciones sociales han precipitado con fuerza la Constitución de 1980, para dar pie a un nuevo horizonte social y político que fuera ilusionante y útil para cambiar la vida de la gente.

De cómo la utopía se tornó en distopía

Las deep crisis de las sociedades occidentales del siglo XXI en tiempos de pandemia

En la actualidad parece muy difícil encontrar a alguien que no reconozca que vivimos en perpetua crisis. Es algo que se ha popularizado. Ante dicha percepción, constantemente vemos en los medios de comunicación soluciones parche para problemas estructurales. En los últimos meses, la vacuna se ha señalado e identificado como la gran solución a todos nuestros problemas (la zanahoria a seguir), pero son muchos los especialistas que nos advierten de algo menos popular y es que las pandemias parecen haber llegado para quedarse. Nuestro habitual modo de vida se ha visto alterado, y con ello también la habitual praxis política que posibilitaba todo ello. Las sociedades de consumo y placer son parte de la cultura del siglo XXI o, en otras palabras, las sociedades de hedonismo de consumo del siglo XXI. Nuestros problemas en el trabajo y personales, así como nuestras aspiraciones y sueños se han visto, como mínimo, trastocados por la contingencia pandémica. Le echamos la culpa al virus, cuando en realidad el problema es político; y cuando la política (institucional; de partidos políticos) no parece terminar responder a nuestras viejas y nuevas necesidades, nos abrazamos a la embriaguez. Evidentemente esto no es parte de algo nuevo. No estamos diciendo nada nuevo. La sociedad de consumo, de embriaguez e inconsciente de la historicidad de nuestro presente no es algo nuevo. Lo que sucede es que ahora, en la actualidad, todo se ha acelerado incluso más de lo que muchos pensábamos en un principio, cuando todo comenzó. Por esta razón hablaremos de deep crisis, y en plural, ya que nos hemos podido percatar del hondo alcance de las mismas, así como de sus múltiples ramificaciones que adolecen las sociedades contemporáneas.