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175 AÑOS del MANIFIESTO COMUNISTA, un acontecimiento histórico que continúa vigente, con un nuevo ropaje


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La Liga de los Justos, una sociedad secreta revolucionaria fundada en París por inmigrantes alemanes encargó a Federico Engels y Karl Marx, la redacción del «Manifiesto del Partido Comunista» (en alemán: Manifest der kommunistischen Partei), que se publicaría por primera vez en febrero de 1848. Se acaban de cumplir ahora 175 años de aquel panfleto que debía de servir de orientación para los revolucionarios que pretendían la transformación de la sociedad, para dotar en igualdad y justicia social a los llamados proletarios.

En 1888, Engels agregó una nota al pie, en la edición inglesa del manifiesto donde aclaraba que por proletarios se entendía a la “clase de trabajadores asalariados modernos, que privados de los medios de producción propios, se ven obligados a vender su fuerza de trabajo para poder existir”; una clase social compuesta por trabajadores, de origen humilde sometida a los poseedores del capital y dueños de los medios de producción.

Según el materialismo histórico, la lucha de clases entre opresores y oprimidos constituía la génesis del modus vivendi en la historia. Así, cuando la clase burguesa; embrión de lo que en algo más de un siglo, sería el empresariado dominante, ascendió al poder, el modo de producción renacentista evolucionó al capitalista, arrastrando nuevas contradicciones e injusticias.

Los cambios que se han presentado a lo largo de la historia fueron explicados a partir de la forma en como los seres humanos se han organizado para relacionarse con el entorno y entre ellos mismos, para producir sus medios de vida, satisfacer sus necesidades y lograr reproducirse como especie.

Conforme las organizaciones sociales se hacían más complejas, apareció la división social del trabajo, expresada inicialmente en la dicotomía campo/ciudad, y con su desarrollo, la estructuración de la sociedad en clases sociales, basada en extraer de la fuerza del trabajo, un beneficio en favor del patrono, especialmente del exceso del valor añadido de producción. Sin embargo, en este primer cuarto de siglo XXI, han cambiado las circunstancias, la coyuntura es distinta, la estructuración de las clases sociales se ha modificado, pero sigue vigente en el trasfondo, la confrontación y la diferenciación de clases.

Es indudable que el gran poder del capital internacional, el imperialismo capitalista y el dominio de potencias económicas-militares, sigue ejerciendo la presión necesaria, para extraer el máximo beneficio de la fuerza del trabajo, exprimiendo las capacidades, el talento y el esfuerzo de los trabajadores de cualquier nivel, que hoy constituyen la nueva cara de aquel antiguo proletariado. La emergente clase media del siglo XX, ahora se observa compuesta, por trabajadores de distinto nivel, signo y especialidad, profesionales, técnicos, científicos y emprendedores de todo tipo, se ha convertido en la “clase de trabajadores asalariados modernos…”, que enunciaría Engels.

El Manifiesto se escribió en un momento histórico de transición dentro del capitalismo, caracterizado por el progresivo paso del capitalismo originario, de taller y de base artesanal y comercial hacia un capitalismo industrial, de base fabril y que trae la consolidación definitiva de la burguesía industrial como clase hegemónica en los países centrales de Europa. 1

Habría que destacar que simultáneamente, se encontraba presente el capitalismo agrícola, dominado por los terratenientes, que se aprovechaban de la mano de obra campesina a los que se les ofrecía unas condiciones para una escasa supervivencia. El estatus de proletario, sin embargo, no está ligado exclusivamente al trabajo industrial. Y es por ello, que hoy surge la necesidad de cuestionarse si la clase media, apareció como una entidad política para romper con el capitalismo, o por el contrario surgió como consecuencia de las políticas socialistas y socialdemócratas en Europa, presionados por los países de la órbita soviética, al este del muro de Berlín, sin desdeñar el papel oscuro del fascismo, que pretendió torcer el rumbo de la historia y su derrota en Europa supuso un cambio radical en el progreso y el bienestar social y por otra parte los movimientos populistas y nacionalistas, que pretendieron concurrir con una línea intermedia, un tercer movimiento histórico, distanciándose, al menos en teoría, del capitalismo imperado en occidente y del comunismo soviético, cuéntese a De Gaulle, Nasser, Tito y Perón.

El Manifiesto comunista, que vendría a sustituir al socialismo utópico, alberga como objetivos, que deberían establecerse las condiciones de igualdad en materia de propiedad, especialmente de la tierra, y perseguía como meta, fundamentalmente la democratización de los medios de producción, que deberían pasar en un primer momento a las clases trabajadoras.

Otros de los objetivos del Manifiesto, consistían en la abolición del trabajo infantil, la emancipación de las mujeres y la prevención de los conflictos bélicos. Está claro que 175 años después, estos objetivos aún no se han conseguido y, sin embargo, sigue vigente el espíritu que lo iluminó, desde una nueva perspectiva sociológica, la lucha de clases sigue estando presente.

El capitalismo en la actualidad se encuentra en una fase de mutación. Estaría girando en este siglo hacia una nueva forma de organización social a nivel global, como respuesta a las crisis de civilizaciones y a la debilidad sistémica.

El neoconservadurismo surgido en EE.UU. en los años 60 y el neoliberalismo, asentado en la libertad económica y el libre mercado, se sostienen en dos pilares básicos, la privatización de los bienes y servicios públicos y la desregulación, y se ha convertido en la plataforma política, que intenta evitar el colapso del sistema, que comienza a dar síntomas de agotamiento.

Pero solo la idea de un mercado regulado implica en sí mismo una autentica utopía. Un sistema basado en esas instancias no podría existir de forma duradera sin aniquilar la sustancia humana y natural de la sociedad, sin destruir físicamente al hombre y transformar su ambiente en un desierto. Karl Polanyi, 1944.

Si bien el capitalismo del siglo XX no ha dejado nunca de mostrar su esencia clasista, patriarcal, colonial, depredadora y hasta violenta, (las grandes guerras mundiales, los permanentes conflictos bélicos en América latina y África y más cercanos a nuestros días una nueva guerra en el continente europeo, en ellas siempre existió una causa económica), pero también es cierto que logró posicionar su relato en una combinación permanente de coerción y consentimiento.

En este siglo XXI, el capitalismo se redefine bajo nuevos parámetros políticos, económicos y culturales. La misma fundamentación, aunque con menos límites a su actuación. 2 Hay una apuesta por la gobernanza global, que esconde un gobierno de facto de las grandes multinacionales, extendiendo las fronteras comerciales en base a las necesidades básicas de la humanidad y a las necesidades generadas por la nueva era digital, atando en corto el control de la fuerza del trabajo.

El capitalismo del siglo XXI estructura un nuevo proyecto que desmantela los mínimos democráticos y contribuye a dar pasos a populismos proteccionistas, señalados políticamente como un capitalismo regresivo y como referencia normativa se proyecta en un individualismo extremo, en el marco de los viejos dogmas culturales. 3

Dos distinguidos economistas especialistas en la pobreza, Abhijit Banerjee y Esther Duflo, ofrecen una perspectiva basada en estudios sobre los hogares de 13 países –entre los que se encuentran Tanzania, Pakistán e Indonesia–, concentrándose en aquéllos cuyos ingresos en el 2019 variaban entre 2 y 10 dólares al día, y se preguntan si verdaderamente se pueden considerar como clase media.

La desaparición del socialismo industrial eurocéntrico tiene consecuencias de gran alcance, no solo para la constitución de fuerzas sociales, sino también para su organización. El socialismo y la socialdemocracia, así como los herederos del eurocomunismo han perdido mucho de su atractivo, al menos en Europa, ya que la realidad de América Latina es muy diferente, la gravedad de sus necesidades mantiene viva la necesidad de transformación, la sustanciación de las clases medias son muy inferiores en sus estándares a las europeas y sus niveles de pobreza y de explotación reclaman algún cambio revolucionario o evolucionario, que les otorgue la dignidad y el respeto necesario.

La nueva era post contemporánea, la era digital y de la transformación tecnológica, la era que va camino del transhumanismo, la edad del cambio comunicacional, la del progreso errático por la amenaza de la quiebra del sistema a nivel mundial, esta época necesitada desesperadamente del establecimiento de una gobernanza caracterizada por la igualdad como objetivo y la libertad, sin condicionamientos, la libertad para el razonamiento libre, se nos presenta hoy estructurada en una serie de clases medias, en las que se enrolan trabajadores por cuenta propia, explotados por el sistema, pobres asalariados en relación inestable de dependencia, marginados o “vulnerables” que viven de la organizaciones que se encuentran al margen de los órganos de gobierno y creados, tal vez, para mantener a la sociedad, divida en sus preocupaciones; esta sociedad del siglo XXI, mecida entre adormideras, sigue debatiéndose en una lucha de clases entre los ricos y poderosos y los necesitados ocultos tras un silencio que brama desgarrador.

Todos ellos constituyen hoy, la generación llamada proletaria hace 175 años, amenazados por los populismos de una ultraderecha con ropajes acordes a este siglo, una misma derecha ultramontana que usa el trampantojo como ardid comunicacional y a ellos los acompañan los autoritarismos de todo signo, nacionalistas, religiosos o simplemente los qué tienen por bandera la inconsciente estupidez humana. Manotazos desesperados intentando que no se derrumbe la injusticia privilegiada que los mantiene en la gobernanza y en la singladura hacia una sociedad con dos orillas diferentes del mismo río.

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EDDY SÁNCHEZ DIARIO PÚBLICO. 2/2018 Licenciado en Derecho por la Universidad de Salamanca y en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Doctor en Economía de la UCM

EDDY SÁNCHEZ DIARIO PÚBLICO. 21 febrero, 2018

Gonzalo Fernández Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL) - Paz con Dignidad 21 NOV 2017.El salto diario

Doctor en Psicología Social, Profesor Retirado de la Universidad de Barcelona. Docente de distintas universidades de España y América Latina.

Conferenciante, Asesor para la vinculación académica Internacional. - Ha sido Experto Internacional de la O.E.A, y Catedrático de la Escuela de Especialización de la O.E.A. (Panamá) y director de Proyectos del Fondo Social Europeo. UE.