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EL PERIÓDICO
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Vota Rosa (1)


Al inicio de los años 80's, me sorprendió gratamente como las secciones lgtb de todos los partidos políticos holandeses, (menos los demo-cristianos), se reunían afablemente y se ponían de acuerdo en impulsar dentro de la respectiva formación una u otra propuesta para sensibilizar desde dentro y conseguir la promulgación de leyes positivas.

He puesto el adverbio “afablemente”, porque en nuestro estado, las sectoriales lgtb de los partidos políticos que surgen en los 90's, no se reunían, ni pactaban nada. Cada una trabajaba por la hegemonía de su partido en el mov.lgtb. Siempre me ha parecido un grave error.

Aquí en esos años, el mov.lgtb estaba medio desmantelado, tras el éxito de ganar la salida de la Ley de Peligrosidad Social (1979) y la legalización (1980). Todo era una fiesta sobre la que cayó el vih/sida que apagó esos pocos años de vivir sin miedo.

El tema gay había pasado a un tercer plano, pocas noticias y pocos grupos. Luego con la llegada del vih/sida, se volvió a resucitar la cuestión homosexual con tintes sensacionalistas, el “cáncer gay”, “el cáncer rosa “, etc.etc. Terrible.

En Holanda la influencia lgtb venía desde dentro de cada partido, impulsada también por la organización decana y unitaria COC, que se encargaba de la sensibilización social en general. Pero aquí, nada de nada.

En la Coordinadora Gai-Lesbiana de Catalunya reflexionamos sobre la necesidad de sacar el tema lgtb de la marginalidad e insertarlo en la agenda política.

Entrados los 80's todavía no existían las sectoriales lgtb de los partidos políticos y en cambio con el vih/sida y los problemas legales que la pandemia acarreó, se hizo necesario pensar en alguna fórmula de incidencia.

Entonces un enfermo de lo que fuera, si la familia lo decidía, no podía recibir la visita de su pareja en el hospital, no había reconocimiento alguno y todavía estábamos muy muy lejos del matrimonio igualitario (2005). Nada era como ahora, las parejas de hecho homosexuales no existían para la ley, o sea, ni derechos sucesorios, ni otros tantos recursos propios del matrimonio.

Las familias decidían como realizar los funerales, en muchos casos de espaldas a las creencias del difunto, escondiendo si falleció por vih/sida y sin contar con la pareja. Muy cruel e injusto.

¿Qué hacer?. Pues nos inventamos en la Coordinadora Gai-Lesbiana la campaña “VOTA ROSA” para las elecciones autonómicas catalanas de 1988.

Hicimos la reflexión de la cantidad de personas homosexuales y/o bisexuales según el Informe Kinsey de 1947, que fue tan atacado con otros estudios, que al final resultó confirmado. En toda encuesta siempre aparecía un porcentaje de homos y bisexuales, más o menos parecido, respecto del total de la población. Nos quedamos con el 10% que según Kinsey son preferentemente homosexuales. La encuesta que se realizó en la UAB dió un 11%.

En resumidas cuentas, nos lanzamos a un doble ejercicio de afirmación lgtb.

Por una parte, difundir en la comunidad lgtb el valor del voto como personas, como ejercicio de plena ciudadanía y el deber de exigir a las instituciones implementar sus compromisos respecto de la homosexualidad.

Nada de ser de segunda clase. En aquel momento el principal referente era la completa “Declaración contra la discriminación de la homosexualidad”, que el 1 de octubre de 1981 aprobó por amplia mayoría el Consejo de Europa. Declaración que conseguimos fuese ratificada por el Congreso de los Diputados y por el Parlamento de Catalunya. Pero con una declaración de intenciones y de principios no era suficiente.

Por otra parte y en base al número de personas homosexuales -el 10%- de la población, argumentamos ante los partidos políticos que íbamos a pedir recomendación de voto, según sus compromisos con las propuestas que la CGL les hiciese (nuestra fuerza estaba en la gran repercusión en los medios de comunicación que supimos recuperar). Con el PSOE en el gobierno se nos abrió TVE.

El mecanismo que establecimos era enviar a cada candidatura un programa de propuestas y reivindicaciones sobre cuestiones lgtb y luego realizar una rueda de prensa con la primera persona de cada lista para que públicamente expusiera que compromisos asumía o no.

En aquel entonces, entre las prioridades estaba la destrucción de las fichas policiales por homosexualidad que databan del franquismo, propuesta muy bien recibida en la comunidad lgtb, (aunque años más tarde hubo las pertinentes discusiones sobres su conservación o no, como prueba o testimonio de la represión ejercida). Hemos de situarnos en 1988, el recuerdo de la dictadura estaba muy presente.

En 1988 tuvimos un buen arranque de gran difusión pues el candidato del AP a la Generalitat de Catalunya, se reunió con la CGL y con los medios de comunicación para decir que NO a todas las propuestas presentadas. Alejo Vidal Quadras nos hizo un gran favor con su posición ultra-conservadora. De inmediato el resto de candidaturas se afanaron en posicionarse y así nació la primera campaña Vota Rosa.

Si mal no recuerdo, recomendamos el voto al CDS de Adolfo Suárez, a Iniciativa per Catalunya (heredera del PSUC) y al PSC-PSOE. Condenamos el voto a AP (que luego se convirtió en el PP) y a CiU.

Además de la correspondiente nota de prensa con las recomendaciones de voto, también se insertaron anuncios en prensa. Las primeras caras públicas de Vota Rosa fueron Daniel Gabarró e Isabel Castro de la CGL.