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El feminismo lesbiano de las invisibles


Tras aquella primera Marcha por la Visibilidad Lésbica convocada en Madrid por el Comité Reivindicativo y Cultual de Lesbianas, el 28 de junio de 2008, y pasados ya unos añitos de la celebración del Día, ahora 26 de abril, la invisibilidad lésbica sigue siendo una forma de violencia hacia las mujeres.

La visibilidad gay mal que bien tuvo siempre su reconocimiento, legado de la veneración a la sexualidad masculina, los hombres gays se han hecho un hueco en la historia, con independencia de su profesión o cargo publico. Ya ha habido en el Gobierno Español dos Ministros gays de la mano del PSOE, Fernando Grande-Marlaska y Máximo Huerta Hernández ¿ y las lesbianas ?. Ahora hasta las nuevas generaciones de gais de los partidos de la derecha se quejan de ser relegados, aseguran ser la gran cantera que tiene la derecha, y que la izquierda quiera acaparar la representación LGTBI. Pero,,, de nuevo,,, ¿dónde están las lesbianas?.

El lesbianismo en la historia ha sido silenciado, incluso por los tribunales y la Santa Inquisición, pero también por la opinión pública que mirando hacia otro lado ha negado que las mujeres tengan una sexualidad independiente, y que su deseo sexual pudiese despertar la atracción sexual de otras mujeres, pues no se concibe las relaciones sexuales sin la penetración...del falo. El lesbianismo ha carecido de su merecido reconocimiento, por lo cual las lesbianas siguen invisibles, ya que sin referentes propios tuvieron que asumir el rol masculino para hacer notar su diversidad afectivo – sexual.

Pero lo peligroso es cuando esa prevalencia sexual androcéntrica se convierte en heteronormativa, reflejándose en las leyes, planes y políticas institucionales, sea este el caso por ejemplo de la Comunidad de Madrid durante el Gobierno de coalición conservadora (PP – Ciudadanos - Vox), con la discriminación de las lesbianas en el Plan de Medidas de Refuerzo Contra la Violencia Machista de 2020, donde la Medida “Educación afectivo-sexual” quedó reducida a las relaciones heterosexuales ignorándose la realidad social de la diversidad afectivo-sexual de las mujeres, ídem en cuanto a las “Acciones de sensibilización, información, prevención dirigidos a colectivos vulnerables”, donde se excluyó al colectivo de lesbianas sin más contemplaciones, dejándolas sin medida de protección frente la violencia machista. Este ninguneo institucional es el que se enfrenta cada día, y es que la existencia lesbiana en el patriarcado es imposible.

Y ahí tenemos ganando terreno, con su discurso patriarcal negacionista de la violencia de género, a la ultraderecha Voxiana, el partido del orgullo homófobo (se presume también lesbófobo), porque cada cual debe vivir su vida privada y su orientación sexual puertas a dentro, si manifestaciones escandalosas en lugares públicos, como por ejemplo la visibilidad lésbica. Derecha anticuada y pacata que afortunadamente ignora el avance del homonacionalismo europeo, el fenómeno de los partidos de extrema derecha con un programa anti-asociacionismo LGTBI, xenófobo, racista y patriarcal, contrarios al matrimonio igualitario, los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, y el feminismo, pero empeñados en atraer los votos de lo que denominan “minorías sexuales”, caso del Frente Nacional Francés de Le Pen, con Florian Philippot como segundo, y Sébastien Chenu, fundador de la organización gay conservadora GayLib, así como el Partido de ultraderecha “Alternativa para Alemania”, donde Alice Weidel, una lesbiana visible, está (lamentablemente) a la cabeza del mismo con una discurso político nacionalista-conservador, pero elegida pretendiendo asegurar el voto de las mujeres y no solo el LGTBI.

Ante tanta estupidez e hipócrita empresas electoral de una minoría privilegiada LGTBI, que dice no necesitar "politizar" su identidad sexual, pero lo que no tiene es ningún interés en la causa de los derechos LGTBI, solo se sirven de su condición para posicionarse; ante la falta de respuesta contra las “zonas libres de LGBTI” de países como Polonia que pretende acabar con toda la Comunidad, y en particular, ante unas siglas LGTBI en todos los países, que invisibilizan la diversidad afectivo - sexual de las mujeres y en nada representan la vida común de las lesbianas, no queda otra opción que recuperar el feminismo lesbiano (o incluso el conjunto del lesbianismo político), la práctica de politizar el lesbianismo, aunque cualquier forma de manifestarlo sea legítima.

Y es que lesbianismo no es solo una mera orientación sexual al igual que tampoco lo es la heterosexualidad, edificio de tradiciones e instituciones mediante un modelo organizativo de vida privada y pública, con un sistema sociopolítico y económico a su modo de entender el mundo, en definitiva, una política de vida porque lo personal es político, que difunde una producción de conceptos donde no hay lugar para las lesbianas si no se habla en su idioma, más allá de que el género sea una construcción social impuesta a las mujeres, entre otras para la apropiación de sus cuerpos, y sin excepción por motivos de orientación sexual, es decir, aun no estando vinculadas afectivo-sexualmente con el otro sexo, lo que se paga con el proceso de la invisibilización.

Hay que recabar un manifiesto del reconocimiento de la voz lésbica dentro del movimiento feminista hacia la transformación social, porque la opresión por motivo de sexo forma parte de un conjunto de opresiones, aunque sea la principal. La invisibilidad lésbica será perenne si no se acaba con el sistema político de los patriarcados, homo y hetero, así como con la ilusión de una vida feliz identificada en las comunidades LGTBI, donde la prominencia del movimiento gay y trans se hace presente. Hay que volver a examinar la estratificación de la sexualidad, las estructuras patriarcales de los partidos e instituciones, la heterosexualidad obligatoria requerida a las mujeres para su promoción y éxito, lo que impide de manera difusa con la cultura de la dominación, la construcción social desde la sexualidad, la realización personal, política y profesional.

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