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La persecución de la homosexualidad en la España de la transición: Antoni Ruiz


(Tiempo de lectura: 4 - 7 minutos)

Mientras Europa avanzaba hacia la despenalización de la homosexualidad, España en 1970 aprobaba una de las leyes más represivas, era la Ley de Peligrosidad Social y Rehabilitación Social.

En una identificación rutinaria de la policía en la ciudad de Valencia en 1995, Antoni Ruiz era retenido por ir indocumentado. Mientras le intentaban identificar escuchó una voz que decía: "Cuidado con este, es maricón".

Durante la transición española la homosexualidad siguió penalizada. La Ley de Peligrosidad Social siguió vigente y muchos homosexuales seguían sufriendo sus efectos. El indulto de 1976 o la ley de Amnistía de 1977 dejaron fuera a los presos sociales, los homosexuales presos siguieron retenidos en los llamados "centros de reeducación", los expedientes siguieron en vigor por lo que no fueron destruidos. A finales de 1976 cerca de 800 personas estaban recluidas merced a esta Ley.

En marzo de 1976, Antoni tenía solo 17 años y confesó a su familia su homosexualidad. La reacción no fue la esperada, la madre pidió ayuda a una monja que inmediatamente informa a la Brigada Regional de Investigación Criminal. A la madrugada era detenido, eran las 6 de la mañana. Detenido por ser homosexual, simplemente.

Aquí empezó un largo periplo: primero en la Jefatura Superior de Policía donde estuvo tres noches sin dormir, sufrió malos tratos, vejaciones y fue violado (un policía lo puso en contacto con otro preso "Este es maricón como tú, aprovecha"). Más tarde pasó al Juzgado de Peligrosidad Social, allí siendo menor le obligan a firmar el ingreso a "un colegio", le engañaron. No tuvo ni un defensor, ni la presencia de un familiar.

Sin saber que le habían abierto un expediente por peligrosidad social lo llevaron a la Modelo de Valencia, donde estuvo 15 días. De allí fue trasladado a la cárcel de Carabanchel y dos días después es trasladado al Centro Penitenciario de Badajoz.

Él mismo nos cuenta cómo era un día en la vida de Antoni Ruiz en la cárcel:

"Vivíamos con una inconsolable sensación de tristeza, en unas condiciones muy precarias: mala alimentación, frío, chinches, piojos...Sobrevivíamos como podíamos. Nos ayudábamos los unos a los otros, los que conservábamos la cordura, porque algunos presos, que repetían condena y llevaban varios años en la cárcel, terminaron por volverse locos. Lo más importante era salir adelante."

Para soportar el acoso de otros presos debe refugiarse en la capilla de la prisión, allí el capellán le ayudará a recuperar la libertad. Antes el juez había archivado el caso sin que nadie se preocupara en permitir su salida del penitenciario de Badajoz.

A la salida viene el destierro a más de 100 km de su pueblo natal, vive un año con su tío en Denia. Cuando al fin regresa intenta independizarse, pero tiene antecedentes penales y nadie quiere contratarle. Sobrevive como trabajador sexual, sufriendo el constante acoso de la brigada 26.

En 1995 toma conciencia con la necesidad de que le sea devuelto su expediente, es una cuestión de derechos humanos. Pero su expediente está en diez organismos distintos y tardará 6 años en conseguir su destrucción. Hoy está al frente de la Asociación de Ex-presos políticos, desde allí trabaja para la recuperación de la memoria histórica y la restitución de la dignidad de todas las personas que sufrieron persecución por su sexualidad.

ANEXO: LA LEY DE PELIGROSIDAD SOCIAL

A finales de los años 60 se vivía un ambiente de liberación sexual que no gustaba a las mentalidades carpetovetónicas que gobernaban el país. La mayoría de países estaban despenalizando la homosexualidad, en nuestro país las personas trans, al igual que las lesbianas y gais, eran cada vez más conscientes de su identidad y orientación, y luchaban para salir a la calle y visualizarse. La juventud masculina se dejaba crecer el pelo, las chicas dejaron las faldas para ponerse pantalones. El franquismo creía que esto iba acabar con las esencias patrias.

Y como suele ocurrir en nuestra historia en lugar de optar por la apertura, al grito de "Santiago y cierra España" optaron por una de las leyes máss retrógradas y represivas en contra de la homosexualidad: La Ley sobre Peligrosidad y Rehabilitación Social.

Para su elaboración se apuntaron entusiásticamente juristas de dudoso prestigio como el juez destinado en Barcelona, Antonio Sabater Tomás, tristemente célebre por sus ensañadas sentencias homófobas y por la autoría de un buen número de publicaciones en las que relacionaba delincuencia con homosexualidad. El proyecto de ley incluía a "la mendicidad, la homosexualidad, el vandalismo, el tráfico y consumo de drogas, la venta de pornografía, la prostitución, el proxenetismo, los inmigrantes ilegales y a cualquiera que fuera considerado peligroso moral o socialmente por el régimen". La diferencia con las leyes anteriores es que condenaba por ser, no por hacer. Es decir, esta ley podía condenar a una persona por el simple hecho de ser homosexual. Más allá de un vicio, una enfermedad o una perversión para el tardofranquismo la homosexualidad en sí era un delito. "Ha de ser un código preventivo, de prevención del delito". Señaló Luis Gómez de Aranda, Decano de la Facultad de Derecho de Madrid y uno de los redactores de la ley.

Según Alberto Mira esta ley "era un ejemplo nefasto de legislación franquista, que evoca tolerancia irracional y los terrores de disgregación social que forman parte central del imaginario del régimen". Mientras la comunidad científica debatía sobre si la homosexualidad era una enfermedad mental, en 1973 consideró que no, España endurecía la represión homofóbica.

Hasta entonces los homosexuales eran el paradigma del mal, unos perversos agentes del diablo. Ahora eran además unos enfermos que debían ser internados para su cura y rehabilitación. El proyecto redactado por Antonio Sabater Tomás condenaba directamente a los homosexuales. En su voluntad era una ley "preventiva''.

Gracias a las presiones el redactado final señalaba "los que realicen actos de homosexualidad". Aunque eliminaba la condena directa a la homosexualidad, el texto era ambiguo y en la práctica sirvió para que los jueces lo interpretaran según su propia ideología. Así una persona que confesara ser homosexual o alguien que estuviera en un bar de "ambiente" podía verse envuelto en un proceso según el juez de turno.

Una ley con una formulación tan difusa dio pie a actuaciones arbitrarias por parte de policía y jueces. Se considera que fruto de ella 50.000 personas fueron represaliadas, cerca de un 10 % por ser homosexuales. Esto en un período de poco más de diez años.

Al detenido no se le consideraba jurídicamente un delincuente, por ello no se le permitía un abogado defensor. Un tribunal compuesto por un juez, un fiscal y un forense dictaba una condena "hasta la desaparición de la peligrosidad". La sentencia podía ser de tres meses a cuatro años, más el destierro a la salida y un expediente de penales que marcaría a los represaliados. Los centros destinatarios eran los de Huelva (homosexuales activos) y Badajoz (pasivos). Centros que quedaron pequeños inmediatamente por lo que normalmente eran enviados a otros centros penitenciarios junto a los presos comunes.

Se actuó principalmente contra personas de un estrato social bajo, siendo los trabajadores sexuales y las personas trans quienes más sufrieron el peso de la ley. Es necesario recordar que el franquismo no diferenciaba entre homosexuales o transexuales. El periodista Enrique Rubio decía "...han oído hablar de travestis, gais, de lo que en castellano puro se llama maricas o, finalmente, homosexuales"...

Cuando finalmente la ley fue derogada los expedientes de las personas juzgadas no se destruyeron, pues no hubo amnistía para ellos. Gracias a la labor de la Asociación de Expresos Sociales muchos años más tarde se logró un proceso para eliminar estos expedientes e incluso indemnizarlos, pero fue frenado de golpe al llegar el PP al poder.

Más información:

-Blog de la asociación de Ex-presos Sociales de España: http://expresos-sociales.blogspot.com.es/

-El látigo y la pluma, Fernando Olmeda, ed Oberon-Amaya -Redada de Violetas Arturo Arnalde. Egales.

-De Sodoma a Chueca. Alberto Mira. Egales.

-Entrevista al diario Hoy: http://www.hoy.es/prensa/20061213/sociedad/madre-pidio-consejo-monja_20061213.html

 

Experto en historia LGTBI.

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