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Macron desdramatiza el riesgo de cortes de luz, sólo “en caso extremo”


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El presidente francés, Emmanuel Macron, se esforzó en desdramatizar el riesgo de que haya que proceder a cortes de electricidad este invierno por el parón de una parte importante del parque nuclear francés, e insistió en que eso sólo ocurrirá en "un caso extremo" para el que no obstante conviene estar preparado.

"No tiene que haber pánico", repitió varias veces Macron en una entrevista al canal de televisión TF1 cuando se le preguntó por la eventualidad de esos cortes, para los que su Gobierno ha preparado planes de contingencia que contemplan suspensiones del servicio de electricidad de dos horas como máximo y con carácter rotatorio por sectores geográficos.

Explicó que "es normal que el Gobierno prepare un caso extremo" para evitar así el desorden y organizar, por ejemplo, la continuidad del transporte o de los servicios básicos.

"Son escenarios ficticios, pero hay que prepararlos", insistió antes de añadir que si todos cumplen con el llamado "plan de sobriedad" para reducir el consumo de energía en un 10 %, y la compañía eléctrica estatal EDF sigue con su trabajo para reactivar los reactores nucleares parados, no ocurrirán.

Y eso -añadió- aunque los meses de diciembre y enero sean fríos. Un comentario que cobra particular actualidad estos días, en los que las temperaturas han bajado en prácticamente toda Francia por debajo de las habituales en esta época del año.

Ahora están parados, por labores de mantenimiento o por defectos detectados en los últimos meses, una veintena de los 56 reactores del parque nuclear francés, que habitualmente aportaban un 70 % de la electricidad del país.

La consecuencia es que Francia tiene que importar corriente de forma masiva de los países vecinos, como Alemania, España, Bélgica o Reino Unido, y el gestor de redes RTE no descarta la posibilidad de cortes de corriente durante este invierno en caso de olas de frío.

Por otro lado, Macron defendió la pertinencia de la reforma de pensiones que su primera ministra, Élisabeth Borne, dijo que se presentará formalmente el próximo 15 de diciembre para que su tramitación parlamentaria comience en enero para un comienzo de aplicación el próximo verano.

El elemento principal de esa reforma es retrasar la edad mínima de jubilación con carácter geneal de los 62 años actuales a 65, algo a lo que se oponen todos los sindicatos, los partidos de izquierda y la extrema derecha de Marine Le Pen.

Para el presidente francés, sin embargo, "tenemos que hacer esta reforma" porque en caso contrario el sistema de pensiones estaría "en peligro".

Su Gobierno la justifica afirmando que sin la reforma se generaría un déficit para el sistema de 12.000 millones de euros en 2027, que seguiría subiendo los años siguientes. En una línea similar, Macron afirmó que "es indispensable".