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La «dulce» semana de Sánchez


  • Escrito por José Miguel Blanco
  • Publicado en Actualidad
(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

«Ha sido una semana que carga las baterías». Así se valora en Moncloa la sucesión de hechos políticos de los últimos días que afirman que han evidenciado la fortaleza del Gobierno frente al «ruido» que aseguran que es lo único que genera la oposición.

Argumento destacado para esa valoración ha sido la aprobación por el Congreso de los presupuestos generales del Estado para el próximo año, los terceros de la legislatura, cuando en el Gobierno se reconoce que pocos auguraban en 2018 que eso fuera posible.

Pero además, resaltan que su aprobación no ha sido por escaso margen, sino que ha habido una holgada mayoría (187 votos) que interpretan como un sinónimo de la capacidad de diálogo y de acuerdo.

Apoyo similar tuvieron también en el Parlamento los gravámenes temporales a las entidades financieras, las empresas energéticas y las grandes fortunas que ha venido defendiendo Sánchez para que, en medio de la crisis provocada por la guerra en Ucrania, arrimen de forma extraordinaria el hombro para facilitar la ayuda a los colectivos más vulnerables.

Y junto a todo ello, el presidente del Gobierno ha visto cómo la sustitución del delito de sedición por otro de desórdenes públicos agravados, ha dado su primer paso con la aquiescencia de ERC mientras parece enfriarse que esa reforma vaya a ir de la mano de otra que el Ejecutivo admite que tendría más difícil explicar: la del delito de malversación.

SEGUIR EL RUMBO

«Es una panoplia de iniciativas que siguen el rumbo, la hoja de ruta de este mandato, con los presupuestos de mayor gasto social de la historia y apostando por la senda de la convivencia en Cataluña», señalan a Efe fuentes del Ejecutivo.

La visión en el Partido Popular es bien distinta y se resume en que Sánchez ha pactado con quienes quieren dividir España, con ERC y Bildu a la cabeza, y con el único objetivo de sobrevivir unos meses más en el Palacio de la Moncloa.

El horizonte de los comicios generales se sitúa para dentro de un año, pero antes hay una relevante cita con las urnas el 28 de mayo para decidir el signo político de los ayuntamientos y de buena parte de las comunidades.

Una fecha que el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, en su cara a cara con Sánchez en el último pleno de Senado, pronosticó que será una auténtica moción de censura de los ciudadanos al presidente del Gobierno y a las políticas que está poniendo en práctica.

«Es ridículo. Intenta desviar la atención de que no puede presentar esa moción porque no existe alternativa y quiere justificarse ante los poderes políticos, económicos y mediáticos que le dictan los discursos», señalan las fuentes en línea con el reproche que le lanzó Sánchez en su debate en la Cámara Alta: «no tiene autonomía».

Para el Gobierno, el presidente ha tenido una semana «dulce» y con la guinda de su elección por aclamación como presidente de la Internacional Socialista, pero lamentan que haya coincidido con el «lamentable espectáculo» de Vox en el Congreso atacando a la ministra de Igualdad, Irene Montero.

En medio de la polémica por las consecuencias no calculadas de la ley del sólo sí es sí y a la espera de que el Tribunal Supremo fije jurisprudencia ante las rebajas de penas que ha propiciado para condenados por delitos sexuales, Moncloa cree que los ataques a Montero han servido para que muchos españoles se hayan percatado de lo que representa el partido de Santiago Abascal. De eso y de que el PP no marca distancias con Vox.

ATAQUES QUE UNEN

Si hay una consecuencia de esa actitud aseguran que es la unidad de los dos partidos de la coalición en el respaldo a la ministra.

Sin embargo, esa unidad no se vio reflejada este viernes en el Día Internacional de Eliminación de la Violencia contra la Mujer, ya que PSOE y Podemos participaron en manifestaciones distintas en Madrid, y en la que contó con la presencia de ministras socialistas hubo gritos pidiendo la dimisión de Montero.

Otra «maniobra» del PP considera el Gobierno que ha servido para demostrar también que no hay fisuras en las filas socialistas ante la reforma de la sedición.

«Fue una chiquillada pedir la votación de viva voz en el Congreso con el vano afán de intentar encontrar agua en el desierto», afirma un miembro del Gobierno.

Frente a quienes vaticinan que la sustitución de la sedición por otro delito pasará factura en las elecciones, en el Ejecutivo existe el convencimiento de que con muchos meses aún por delante para acudir a votar, eso no ocurrirá.

Argumentan que, al igual que con los indultos a los dirigentes independentistas del «procés», se acabará entendiendo que se busca el interés general y la convivencia.

Todo eso resaltan que se va palpando en las encuestas al coincidir muchas de ellas en una recuperación de las expectativas electorales aunque la mayoría siga situando al PP en cabeza.

Lo que no admite duda es que tras la aprobación de los últimos presupuestos del Estado en la actual legislatura, se va a asistir a una campaña electoral de casi doce meses que abonará aún más el terreno para el enfrentamiento entre partidos. Las semanas «dulces», previsiblemente, serán contadas.