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El coche de una madre


(Tiempo de lectura: 4 - 8 minutos)

¿Qué significa que una madre tenga coche? El que más o el que menos se lo ha preguntado alguna vez. Cuando digo una madre, digo eso, una mamá, puede ser un papá o un engendro, una persona, un ente, una mujer, una joven, alguien que fue una chica como yo, pero que ahora tiene niños, que ha traído hijos al mundo y que por ello cambia su vida, bueno, debe cambiar su vida, a otra diferente, con otras características muy peculiares. No es ninguna broma.

¿Qué hay en las puertas del coche de una madre, de una madre, por ejemplo? con tres chavales casi gemelos? Son la mafia contra mí. Uno puede encontrar a la sazón: veinte o treinta de los cd -yo sigo con ellos- sin fundas entre los que son indispensables la colección de Miliki, clinex nuevos y/o arrugados, unas tijeras, un frasco de perfume, una botellita de yogurt para beber, caramelos, chicles, recetas, salvaslip, propaganda cultural, propaganda infantil, algún chupete, un osito pequeño, muñequitos diversos de los del maldito huevo kinder, multas arrugadas que esperan derrengadas a ser abonadas alguna vez en la vida...

Los olorcillos raros reinan por doquier en todo el automóvil para vergüenza de amigos y extraños que contemplan con horror cómo ha podido una cambiar tanto al volverse madre, ¡pues sí! ¡He cambiado! Mi coche ya no huele a fragancia sándalo de Armani, ahora huele a pota, a cáscara de plátano escondida y a petit suisse.

¡Qué decir del espejo retrovisor! No sirve para nada, claro, cargado como va de muñequitos infames que suenan todos al unísono en cuanto tomas una mínima curva, ¡qué le vamos a hacer! Mis hijos son felices. Al pequeñín, Quique, le gusta tocar el tambor, y lo golpea todo el rato, el mayor cantaba en latín, ahora se ha quedado solo en el violín, y el mediano hace la segunda voz de lo que canta el mayor en latín, pero unas veces bien y otras veces mal adrede, para cabrear al mayor porque dice que le ha quitado la canción.

Aviones de papel me distraen la conducción, gritillos, risas y algún que otro puño que se escapa, a la par que: ¡mira, mira, mamá lo que tengo!, otra llora, suena el móvil (probablemente será alguien importante, pero ya da igual) y tú piensas, ¡Dios mío qué están haciendo! Respiras hondo, otra vez respiro, te acuerdas del curso de meditación, del yoga, del taichí, y finalmente te acuerdas de su padre, de la leche en verso y de no sé qué más mandangas. Ufff! Quiero llegar a mi casa.

Cuando te bajas de tu asiento de chófer, y das un vistazo atrás has podido comprobar el bombardeo bestial, está lleno de cosas, más y más cosas que nadie va a limpiar porque son pequeños y aunque les eduques lo hacen un día, pero no todos. En verdad tengo amigos muy listos, artistas únicos, incapaces de recoger su ropa, hacen montañas de ropa en el cuarto…incapaces de hacer algo en su casa...es posible que equivocados crean que no pueden convivir con nadie. Yo tampoco y me aguanto. Pero no, no lo hacen y no merece la pena discutir por ello, de verdad. Siempre les digo que den trabajo y que contraten a alguien, aunque se queden sin comer, no pasa nada, el orden es importante.

El perrito se apunta a la gresca, el osito ha perdido su ojo (uno de los chavales llora porque no encuentra el ojo), busco el ojo pero no aparece, los papelitos de aluminio del bocadillo de la merienda lo impiden, o bien están en el suelo o bien están en el bolsillo del asiento acumulándose día tras día. Yo gastando mi caro perfume Samsara de Guerlain para que no huela a pie, culo o cualquier cosa porque tengo el olfato muy delicado…El tetra-brik del zumo con la puñetera pajita que si ha habido suerte y no se ha volcado pues no hemos puesto perdida la tapicería añadiendo nueva fragancia al vehículo, pero al cogerlo ves que no está del todo vacío y te pones perdida de zumo ¡qué asco!, bueno, mañana, no les traigo zumo! (pero es que dicen que es muy sano) les traigo una manzana, claro y entonces se quedará el hueso cadáver en el suelo. Al ver la manzana para merendar creo que ahí se reorganizan en mi contra para hundirme la vida. Y lo logran, luego compenso la vida sana, llevando al día siguiente bollitos.

Ostras tía, -me digo a mí misma- ¡Pues que no se quede la porquería en el suelo, dáles una bolsa! (encima te culpabilizas) Les doy una bolsa para que guarden los desperdicios, ¡no sé qué es peor!, el coche lleno de bolsas, en una mezcolanza de bolsas útiles y bolsas de basura, más botellas de agua. Incluso las usan para ahogar a su hermano vecino mientras pasas delante de los guardias como una tortuga cualquiera, disimulando y tal.

Bueno, ¡no peleéis más por las canciones, jobar, ¡las canciones no se roban! Dices eso con la cabeza metida entre los asientos quitando smartis y cacahuetes caídos entre medias y entre los agujeritos que no hay cristiano que los saque. A todo esto, los niños siguen felices jugando ya en la puerta de la casa olvidados por completo del estado de tu coche reservado por completo para ti. Varias carteras, la del cole más la del sport que por tres son seis carteras ocupando la totalidad del coche, más un balón o dos y si estudian música...En las puertas de atrás y bolsillos si te descuidas uno o dos días se puede encontrar: más cds sin funda, funda de cd sin cd, colonia, cepillos de pelo, cochecitos de jugar, mandos de play, juegos de games bois, más clinex, toallitas húmedas, tetra-brik a punta pala, lápices, bolis a los que se le sale la tinta porque en los trayectos los nenes se aburren y muerden los mismos provocando la salida de la misma...¡caguuueeennn! monederitos con pequeñas piezas de cinco y diez céntimos...pa qué???

Yo fui una chica, una joven revolucionaria, creo que incluso a pesar de ser mujer de pelo en pecho, incluso ligaba aunque no me enteraba muy bien, ocupada siempre en entuertos de Quijote.

Ahí están, libros de lectura de viajes de diversas edades, juegos de adivinanza, partituras, apuntes, diccionario, canicas, muchas canicas, cartas, muchas cartas, multitud de ellas...uno de ellos en un semáforo se traga una canica y hace que se ahoga, el otro, tira por los aires las monedas porque le da la gana y se parten de risa porque son felices.

En fin, podría seguir y seguir enumerando el sufrimiento que produce ver el estado de las cosas que es como el estado de la Nación pero en pequeño, en tu coche que no es más que reflejo de la sociedad y de todo lo que te rodea porque eso es lo que tienes que gobernar. El coche es el segundo lugar donde estar, es la segunda casa donde se hacen trayectos ciertamente largos y debe ir preparado para todo, incluso para la guerra cotidiana, y una ve con estupor cómo le ha cambiado la vida y cómo de su coche hiper-pijo ha pasado a dar el bienestar o comodidad a sus hijos para que no les falte de nada, para que como hace frío en la calle merienden en el coche (con lo que ello conlleva) en definitiva en compartir tus cosas, algo que probablemente ellos no lo harían, pero eso da igual porque tú lo que tienes que hacer es dar ejemplo. El otro día cuando me pararon los polis que, para mí, siguen siendo los maderos y me dan miedo, me pidieron la documentación del coche, pues eso, les di, un petit suisse, un salvaslip y un cd. El hombre se quedó de piedra, pero le expliqué que en ese coche siempre llevo chavales, que me multara sí, pero que iba a 160 por que me esperaban otros niños que eran mis alumnos de la Facultad. El poli alucinó como las cabras y ¡qué le vamos a hacer! Soñando con que un día te fugas con uno o yo qué sé, la vida pasa y en ese ir y venir nos encontramos como en medio de un pasillo con todas las ventanas abiertas y mucha corriente porque el viento del amor de una madre con su entrega puede cambiar el propio universo.

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