Ama la vejez, pues siempre viene acompañada
Hace varios meses tuve el privilegio de participar en un curso de verano, en el que, junto a jovenzuelos ilusionados por adquirir conocimientos, había un buen número de personas jubiladas que, en la madurez de su vida, tomaban notas de las enseñanzas que los distintos ponentes trataban de transmitir a los asistentes. El encuentro entre generaciones tan distantes y las cuestiones que allí se dilucidaban enriquecían los debates con consideraciones y matices de los que todos aprendimos.
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