La democracia y sus valores
Decía Voltaire que la civilización no acaba con la barbarie, sino que la perfecciona. ¿Ha cambiado algo?
- Publicado en Opinión
Decía Voltaire que la civilización no acaba con la barbarie, sino que la perfecciona. ¿Ha cambiado algo?
Tal como si de los hilos de un telar se tratara, hay nudos históricos que impiden tejer la verdad. Un mundo de apariencias falsas, de mentiras y verdades embolsadas en sus contrarias, impiden que se teja esa verdad tan necesaria para la humanidad.
La frase de doña Cayetana Álvarez de Toledo y Peralta-Ramos, marquesa de Casafuerte, española desde 2007, exdiputada del PP, no es dramática, es demagógica. Quizás un intento de salir de la nada en la que se encuentra. No nos extraña que la quitaran de portavoz. Muchos de estos políticos nos recuerdan a esos escupefuegos de circo que son incombustibles, siempre que sea dentro del orden establecido.
"Podré no estar de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo". Voltaire
El lenguaje puede ser un instrumento distorsionador. Ocurre cuando las palabras pierden su sentido original y por vía de la propaganda y de la manipulación se convierten en su antítesis. Recordemos la frase de Tocqueville: “… que los ciudadanos disfruten con tal de que no piensen sino en disfrutar...”. Ocurre mucho en la esfera de los principios políticos.
Cuando se habla de cultura se piensa en un elemento meramente académico que nada tiene que ver con la labor pedestre y enfangada de la política. En casos se acepta una relación entre cultura y política, pero en la que prima aquella. Quizás porque la idea de civilización narcotiza tanto que permite aceptar que una sociedad civilizada realice actos incivilizados (como bendecir tanques). Siempre surge la excusa de la necesidad.
El mayor bien que le pueden quitar a una persona, a un pueblo, a una cultura, es el de la voluntad. Sin ella todas las virtudes de las que se disponga son endebles, precarias, seguramente efímeras. Sus sujetos pueden ser fuertes temporalmente, pero si caen, es fácilmente esperable que no se levanten, bastante tenían con estar en pie.
Quizás sea la falta de esperanza la que haya encerrado a muchos ciudadanos en el círculo vicioso Biden–Trump, provocando que el segundo sirva para blanquear al primero. Quizás la perspectiva de estos ciudadanos, o de la prensa que leen, es la de que cuando Trump acabe su ciclo –si lo acaba- le sustituya un nuevo Biden o un nuevo Blinken.
Europa (la UE) es una de las partes del mundo que más agudamente está sufriendo una crisis que ha contribuido a consolidar y de la cual está siendo más victima que beneficiaria.
Ante la vulgaridad de la publicidad, Chesterton exclamo: “Qué pena que sepamos leer”. Quizás, también pensaba en la propaganda.
El problema más grave de la Unión Europea es su generalizada inconsciencia, blindada ésta mediante unos cortafuegos que impiden que el malestar de los ciudadanos se materialice de forma adecuada. Bloomberg, empresa mundial de información financiera, afirma que “Alemania se desmorona cuando Europa más la necesita”. No es ningún descubrimiento. Portales dedicados a los negocios, no a la ideología, llevan tiempo avisando. Francia no está mejor.
Aquello de Bush hijo de los buenos contra los malos fue una idea genial. A veces las mentes más simples disponen de los recursos más eficaces. ¿Por qué complicarnos la vida queriendo establecer gradaciones morales condicionadas si todo se resume a eso: a escuchar atentamente a los gurús del pensamiento oficial y seguir sus recetas? Decimos recetas porque no son doctrinas: las doctrinas necesitan justificarse con un cuerpo coherente en sí mismo. La doctrina del demócrata Truman, por ejemplo, establecía que los malos eran tales y que por lo tanto quienes estuvieran contra ellos serían los buenos. Todo estaba claro: los tales eran fijos, no cambiantes como ahora. De ahí que el parlamento canadiense en 2023 homenajeara al Waffen-SS Yarsolav Hunka, poseedor de un abultado currículum vitae que sinceramente ya no sabemos si es bueno o malo (https://es.euronews.com/2023/09/27/canada-escandalo-por-el-homenaje-a-un-nazi-ucraniano-en-el-parlamento ). Seguramente bueno en cuanto había combatido a los malos. ¿Qué los malos en aquel entonces eran aliados? Carece de importancia.
Tenemos unos políticos y escritores aparentemente realistas que viven en el mejor de los mundos, a no ser que sepan algo que nosotros ignoramos. No es que no tengan sueños, el problema es que no tienen pesadillas.
Partimos de la idea, junto a muchos otros, de que la UE no va bien ni en lo político ni en lo económico ni en lo social; ni siquiera en lo cultural. No digamos en lo bélico. Seguramente la Comisión Europea —especialmente la Sra. Von der Layen y el Sr. Borrell, ambos elementos incomprensiblemente pugnaces-- está encantada de su labor, lo cual es más preocupante. A este malestar hay que añadir que por una vía dudosa esa Comisión va ampliando sus competencias a costa de las de los estados que componen la UE, lo que aleja a los ciudadanos de la protección de sus intereses.
Macron pertenece a una generación de políticos que intenta tapar con acciones en el exterior sus múltiples fracasos (a veces desastres) en el interior. Ahora (es un decir) nos ha tocado a nosotros soportar ese tipo de políticas parasitarias. Más a los saharauis que a nosotros. Es decir, que a pesar de que se ondea la bandera de los derechos humanos en abstracto no hay inconveniente en recolonizar (en beneficio de Marruecos y de Francia) lo que está mandatado descolonizar (en perjuicio de España). La realidad es que Francia nunca ha sido amistosa con España (recordemos el Europa termina en los Pirineos, la alianza del lirio y la luna, los Cien Mil Hijos de San Luis, el trato a los refugiados de la guerra civil, etc.). España por el contrario se siente exageradamente constreñida por unas obligaciones con los demás no precisamente correspondidas.
Lo bueno de la curiosidad es que ayuda a descubrir lo equivocado que estaba uno la semana anterior. Salvada la digresión inicial, que tiene su intención, hay que decir que el drama de la dana ha evidenciado una vez más el ínfimo nivel dialéctico de nuestra clase política, lo cual impide saber qué pasa realmente. Consideramos clase política a todo emisor de opiniones políticas con repercusión social.
Recientemente se ha planteado un conflicto entre España y Méjico por el asunto de la colonización. Sin negar las lacras del colonialismo, se tiene la sensación de que todavía resuenan los ecos de la Leyenda Negra sin que se haya separado lo real de lo propagandístico ni se haya desenmascarado su verdadera finalidad: destruir a un imperio para sustituirlo por otro.
Se están tomando medidas muy peligrosas sin que se cuente para nada con los sujetos que habrán de padecerlas. Si no véanse muchas de las decisiones de la UE, que pueden recortar o acabar con la protección social de sus estados. Recuérdese el nefasto TTIP. El derecho comunitario impera sobre las constituciones nacionales; una paradoja jurídica dado el menor grado de legitimidad de aquel.
Antes de comenzar hay que hacer una aclaración: la terminología utilizada puede parecer imprecisa, incluso errónea. ¿Por qué? Simplemente porque las cosas son así, imprecisas: no tenemos la culpa de que los nombres de los partidos no se correspondan con sus actuaciones ni los nombres de las actuaciones con sus contenidos. Y no estamos hablando de estrategias, que pueden ser objetivos remotos, sino de tácticas a corto y medio plazo. Evidentes son los casos de las socialdemocracias europeas que, congreso a congreso, han diluido sus objetivos históricos en lo que es, más que en lo que debe ser, hasta el extremo de olvidar por qué y para qué surgieron. Cójanse secciones históricas de prensa socialista y obrera y se comprobará el cambio. ¿Qué los tiempos cambian? No tanto: el problema de que los menos lo tienen todo subsiste.
En la actualidad mucha gente que se cree importante bebe veneno en copas de oro.
Ya no es fácil saber (si es que alguna vez se supo públicamente) cuál era el proyecto inicial de la hoy UE. Las declaraciones y actos de sus representantes jamás han avanzado en paralelo y con claridad. ¿Un gran proyecto para el desarrollo y la coordinación económica de naciones soberanas? ¿Un proyecto político confederal? ¿Un proyecto federal? ¿Un proyecto bienintencionado? ¿Una trampa para encadenar un continente a otro? ¿La trampa de algunos políticos para servir a las grandes corporaciones financieras?
Decíamos que la censura de hoy no necesita ni tijeras ni brochas. Es más sutil, le basta con volcar toneladas de paja sobre la aguja de oro (la información veraz). Todo esto tiene un efecto degenerativo: que la mentira consentida o compartida, sin reproches morales, vaya impregnando todo el pensamiento. Amoralidad y ausencia de reflexión crítica.
La libertad de expresión se plantea como una cuestión resuelta. Pero en este mundo traidor no hay nada resuelto ni garantizado. Al revés, parece que entramos en un periodo de arbitrarias animadversiones, tendentes al tratamiento distinto de cosas iguales.
Quien no estudia la raíz de las cosas se convierte en rebaño. José Martí. El asunto de la paz no se está tomando en serio, lo cual es una grave imprudencia. Lo necesario es un barrido total sobre el tablero de ajedrez y abandonar posiciones enquistadas. Esto ya se debió hacer en 1914, 1939 (1) y 1991, pero los secuestradores del poder, sin ninguna carta de legitimidad, como siempre, lo impidieron. El mundo está ante una inevitable reconfiguración que sólo se puede resolver mediante negociación o choque. Sin embargo, la respuesta está siendo la organización de unos fans histéricos que parece están ante una estrella de rock y no ante una encrucijada histórica en la que debieran participar cabalmente. Los Brics ya pueden medirse con el G7. El año pasado Rusia desplegó un Satán 2. ¿Sabemos qué significa, sobre todo para Europa? En plena fase de fricción no se le puede decir a la mayor potencia nuclear (5.580 ojivas nucleares frente a 5. 044 de EEUU, de un total de 12.121) que se la pretende descuartizar y convertir en cinco estados –cuando no 45; hay comités trabajando para esto-. Sobre todo si ya ha sufrido la experiencia de perder el 25 por ciento de su territorio y casi la mitad de su población. Si algo indigna de esta Europa vaciada de criterios propios es comprobar que unos jefes ineptos (que pierden elección tras elección) se empeñan en seguir la ficción de que dirigen la batalla. La situación actual sobrepasa las butades a las que nos tienen acostumbrados. De la crisis de 2008 no se han sacado consecuencias.
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