La conciencia de Zeno
- Escrito por Mercedes Peces Ayuso
- Publicado en Cultura
«Es cómodo vivir pensando que somos grandes y que nuestra grandeza permanece en un estado latente»
La conciencia de Zeno, 1923, Italo Svevo
En la fama de este libro modernista tuvo una notable influencia su amigo y profesor de inglés James Joyce, que pasó un tiempo en Trieste, la tierra del autor, cuyo verdadero nombre era Aron Hector Schmitz, de ascendencia judía. Su italiano (toscano) era su segunda lengua, después del alemán, algo que se reflejará en el estilo literario de su obra. Al igual que Zeno, intentará ser un buen comerciante, y se sentirá muy interesado por la teoría freudiana del psicoanálisis. Llega la Primera Guerra Mundial y quiebra su negocio, como tantos ahora, y Svevo retoma con más ahínco su pasión por la literatura. Escribir La conciencia de Zeno le llevará cuatro años, pero poco pudo disfrutar de su éxito porque muere atropellado en 1928 al cruzar la calle.
El diario de Zeno Cosini está lleno de mentiras. Así se presenta la novela, escrita por su psicoanalista, aunque en realidad son capítulos sobre adiciones y pérdidas. Zeno es un hombre calvo lleno de neuras, adicto al tabaco, mujeriego, algo conformista y de buen humor cuya vida es bastante desastrosa. Además, es el contrapunto del propio autor y de su pensamiento contradictorio, porque más que la ideología de los grandes pensadores de la época le interesa los elementos constructivos y analíticos que ofrecen, de ahí la utilización del monólogo interior para desentrañar la psique humana. Zeno es un excéntrico sin grandes problemas, así que se los busca por dentro. Su adicción al tabaco es la excusa perfecta para echarse siempre el último cigarrillo y empezar de cero al día siguiente, sabiendo que esa constante sensación de final le dará la oportunidad de resolver el conflicto cada día de su existencia. Es la vida de un antihéroe neurótico, adúltero, comerciante torpón, tan incapaz de conseguir lo que quiere como de disfrutar de lo que tiene. Le cuesta vivir la vida, prefiere novelarla. La vida misma, señores. Quizá por eso sea tan irónico el título, símbolo de la condición humana, pues a pesar de estar escrito en la feliz década dorada, no se deja engañar por esos locos años 20 y preludia, sabe en realidad, que el gran monstruo está escondido, invernando, esperando la ocasión de despertar y devorar. La cuestión última que plantea Svevo al final del libro es sumamente actual: la liberación por el sacrificio. O sea, la posibilidad de que la salvación venga de fuera, por un cambio (improbable, que conste) de circunstancias porque no somos capaces de poner orden en nuestra vida por nosotros mismos por el camino de la rectificación. Han pasado justo cien años y la cuestión no es en absoluto baladí. Miremos a nuestro alrededor, enfermos de hiperconciencia por y para todo, pero incapaces de realizar el cambio porque seguimos creyendo que este vendrá de fuera. Pues no, ya nos podemos quedar sentados. La vida exige avances y cambios, es aceptación y rebeldía, paz y compromiso, risas y quebrantos, es dejarse columpiar sin perder el equilibrio. No la pongas en mano de nadie que te empuje demasiado y saltes por los aires. No te olvides de que, en palabras de Zeno: La vida no es fea ni mala: es original. Es tuya.
Mercedes Peces Ayuso
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.
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