Los falsificadores
- Escrito por Mercedes Peces Ayuso
- Publicado en Cultura
«La novela se ha ocupado de los reveses de la suerte, de la fortuna buena o
mala, de las relaciones sociales, del conflicto de las pasiones, de los
caracteres, pero en absoluto de la esencia misma del ser»
Los monederos falsos, 1925, André Guide
Con esta obra volvemos a la literatura modernista. Presentamos a André Guide: Premio Nobel de Literatura en 1947, agudo pensador, escritor prolífico y amigo de Óscar Wilde, con el que compartió la reprobación y el sufrimiento de una sociedad que les acusó de corromper a la juventud por su homosexualidad (lo que también le valió a Guide, protestante, la reprobación de la Iglesia católica y la inclusión de sus obras en el índice de libros prohibidos) pero libre hasta el final.
Publicada en una revista, el libro se abre y se ofrece poliédrico, vanguardista (preludia el nouveau roman), poblado por una multitud de tramas, personajes y géneros por los que toda la novela cabalga trotando, intentando demostrar la complejidad del mundo real y la limitación de la novelística tradicional a la hora de abarcar el complejo mundo de las interrelaciones humanas. Como buena novela modernista, es una obra de arte en sí misma, interesada en el análisis y el proceso creador del autor, un relato dentro de relatos y por eso toca tantos temas: la moralina, el adulterio, la homosexualidad, el cinismo, la religión, la culpabilidad, el onanismo, la apariencia de un París burgués de entreguerras en lo que lo falso es bello, como la arruga. El título remite a una expresión utilizada y conocida en la época ̶ no, no se equivocaba el traductor Julio Gómez de la Serna, pues en su segunda acepción ‘monederos falsos’ es como se les denominaba a los falsificadores, pero como parece anticuado ha sido revisado y ahora también lo encontraréis como Los falsificadores de moneda.
En realidad, el título no es nada baladí, aparece también en la propia novela como título homónimo de una obra que Eduardo, uno de los personajes principales, está escribiendo, y actúa como soporte constructivo para reflexionar sobre literatura, literalidad, dobles sentidos y falsos espejos. Sus páginas se estructuran sobre un complejo andamiaje y una gran cantidad de escenas y situaciones, a veces carentes de aparente sentido, que son precisamente, el constructo de la novela, es decir: la falsedad claramente establecida por el cinismo supremo de una sociedad que premia y valora la perversidad. Ya solo por esto, es digna de leerse. Lo malo es que a algunos les servirá para mejorar la nota de su máster en falsificaciones y aprender un par de trucos sabiendo perfectamente que están pagando su placer con monedas fraudulentas.
Al fin y al cabo, la literatura es un espejo social sublimado, y esta obra un ejercicio intelectual que muestra la cara impertérrita de cierta parte de la naturaleza humana empeñada en embarrar, en lanzar botes de humo, en ser una artista del engaño. Por eso me encanta esta frase de la obra, porque resume a la perfección el hilo rojo de la crítica de la novela y el lema que muchos a día de hoy continúan abanderando: «Pero, ¡qué diablos!, lo importante no es tanto ser franco como dejar al otro que lo sea». Pues eso.
Mercedes Peces Ayuso
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.