Anfitrión, Sosias o Doppelgänger
- Escrito por Mercedes Peces Ayuso
- Publicado en Cultura
«Mercurio: ¿Quién llama a la puerta?
Anfitrión: Soy yo.
Mercurio: ¿Quién es ese yo?
Anfitrion: Soy aquel mismo yo, que responde»
Anfitrión, finales del s. II a. C., Plauto
En literatura, el tema del doble es recurrente y numerosos autores de todos los tiempos lo han tratado, pero será durante el Romanticismo alemán y la novela inglesa isabelina cuando la figura literaria del doppelgänger (literalmente sosias en castellano), adquiere su connotación más extendida y legendaria. Un sosias se acerca más a la idea de persona con mucho parecido con otra, palabra que por cierto proviene del Anfitrión de Plauto, cuando el dios Mercurio suplanta la apariencia del esclavo Sosias para que su padre Júpiter pueda seducir a la mujer de Anfitrión, o cuando Merlín convierte al enemigo de Uther Pendragón en su doble con los mismos fines donjuanescos ̶ por no olvidar al inefable doble de Franco de la película Espérame en el cielo ̶ y fueron muchos los autores que utilizaron en sus obras la idea del doble como copia (interna o externa; objetiva y subjetiva). El concepto no solo se limita al personaje con personalidad dividida (Doctor Jekyll y Mr. Hyde, Dorian Grey), sino al parecido físico, fantasmal o real, e incluso una mezcla de ambos (Los elixires del diablo de Hoffmann), llegando al caso del desdoblamiento de los heterónimos de Pessoa. Por no hablar de todos los doppelgängers que la imaginería popular adjudica a personas famosas muertas, (Elvis Presley, Jim Morrison, a los que muchos “ven” aún vivos) y, sin ir más lejos, los parecidos más que casuales entre personas anónimas. ¿Quién no ha oído decir que se parece muchísimo a X o Z? Parece tema de replicantes, aunque la ciencia responde que se debe a compartir similitudes de ADN, sobre todo de genes que conforman el rostro. Siento cargarme el mito.
Volviendo a Anfitrión, en esta tragicomedia teatral vemos al dios Júpiter descendiendo a la Tierra para consumar su pasión carnal con Alcmena, la mujer del primero, dando lugar a una serie de confusas y jocosas apariciones entre el personaje real y el doble, hasta que al final, una vez paridos dos hijos con ella, (Ificles y Hércules), todo queda en un yo me vuelvo al Olimpo y aquí no ha pasado nada; eso, sí, después de decirle a Anfitrión que no se queje, que verás las gestas de mi hijo Hércules (al otro, se lo encasqueta al rey). Así que después del favor, el duplicado se queda tan contento que, de hecho, de él proviene la palabra anfitrión, es decir, persona que recibe y agasaja a sus invitados. Tiene miga la cosa. Hoy en día tenemos algo más moderno, a la par que simpaticón: el avatar virtual. Al fin y al cabo, hijo de los tiempos, este representa gráficamente a un usuario pero no tiene porqué parecérsele. Pero como todo está conectado, resulta que, curiosamente, comparte etimología con los anteriores, pues proviene del sanscrito y significa deidad que desciende del cielo. Y todo encaja: si los avatares de la vida son humanos, el avatar es divino.
Mercedes Peces Ayuso
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.
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