‘50 sombras. El musical’: sexo verbal y oficio teatral
- Escrito por Manuel Espin
- Publicado en Cultura
En 2011 la británica E.L.James publicaba en Estados Unidos la primera de las entregas de '50 sombras de Grey', donde con un formato típico del 'pret a porter' en papel se toca un tema que en otra época habría sido tabú: la dominación/sumisión de la mujer como práctica sexual asumida. Recordemos los tiempos en los que el reconocimiento del orgasmo femenino era equivalente a ser identificada con una prostituta.
'50 sombras...' tuvo varias secuelas 'literarias' (por llamarlo algo) con más de 31 millones de libros vendidos, y su adaptación a la gran pantalla en episodios que han funcionado desde la perspectiva del público. Para no ser menos llegaron sus derivaciones, como 'Book Club' (2017) y su continuación, donde cuatro super-veteranas y ochentonas (Jane Fonda, Diane Keaton, Candice Bergen, Mary Steenbourger) que leen el libro deciden poner en práctica sus lecciones, en una desangelada comedia que en otros países hizo buenas taquillas.
Ahora el Teatro de La Latina estrena '50 sombras. El musical' que no deja de ser una parodia sobre un asunto al que sin duda se presta. Aparecen como coautores de libreto y músicas casi una decena de nombres, bajo la dirección de Matteo Gastaldo. Esa diversidad de orígenes musicales se aprecia en la partitura donde hay una gama de temas y estilos, desde el gospel a la música-disco. Lo peculiar es el choque entre el libreto (no sabemos si al adaptador español se le ha ido la mano) y la puesta en escena.
De limitamos a fijarnos inicialmente en el libreto -tres disparatadas amas de casa dispuestas a hacer o 'dejarse hacer' lo que han leído en el famoso libro- el repertorio de dobles sentidos, palabras escatológicas, jugueteos en torno al sexo, uso de terminología erótica (del 'bondage' a expresiones de canal porno) `podría interpretarse como una colección de 'sketchs' 'made in José Luis Moreno' aunque subidos de tono. Es decir: predomino del sexo verbalizado, donde para provocar las risas se recurre incluso a lo chusco. Sin embargo, la puesta en escena evita las referencias explícitas. Por no haber no hay desnudos integrales, ni 'roces' y la exhibición en clave sado-disciplina-sumisión se limita a una mínima broma cómica con la protagonista atada, que al final se repite con él como varón sometido. Es decir, lo que parece más vulgar está en los diálogos que parodian el argumento de '50 sombras de Grey'; no en las situaciones porque el espectáculo va en dirección contraria al porno.
Los términos y el lenguaje juegan al doble o el triple sentido, sin prejuicios de ninguna clase, y se escucha de todo, incluso referencias vulgares. Desde la perspectiva del espectáculo escénico se percibe que hay oficio, agilidad en el reparto de actores-cantantes- bailarines, una dirección aceptable que aprovecha el mínimo decorado giratorio, reutilizando partes de escenografías de otras obras (lo que no es criticable si el resultado es positivo) con buen juego del video.
Apareciendo una protagonista con voz y soltura escénica (Ana Herebia) dentro de una producción coral; y especialmente una presencia como la de Leo Rivera que se atreve a bajar a la platea donde pregunta al público 'cuando es la última vez que lo ha hecho'. Rivera que es un cómico teatral con desparpajo ha demostrado en otras obras ser también actor de texto al que no siempre le dan oportunidad de lucirse salvo en personajes disparatados.
Enfrentarse a esta producción que se define como 'parodia' pero que en su libreto cae en aquello de lo que intenta criticar utilizando los estereotipos del original, implica obviar el chascarrillo revisteril o el lenguaje nada sutil que se escucha repetidas veces; que por paradoja 'no se ve representado' en el escenario en cuando a lo escatológico, ni llega desde el punto de vista erótico a nada más.
La parodia tampoco se posiciona en los contenidos más chirriantes que había en el original y que en su momento provocaron muchas preguntas (¿cómo se entiende en nuestra sociedad asumir el sometimiento sexual de las mujeres?, ¿no es sospechoso que el reconocimiento de su capacidad de elección quede reducido a la práctica del sado-masoquismo?).
Tratar de encontrar otro tipo de respuestas es inútil, porque este musical centrado en un juego de 'sketchs' cómicos y números basados en el doble sentido (como los argentinismos sobre términos de sexo) y diálogos desvergonzados no busca otra cosa que el espectáculo.
Manuel Espin
Doctor en Sociología y licenciado en Derecho, CC Políticas y CC de la Información es escritor de ficción y no ficción, periodista y autor audiovisual para cine y tv.
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