‘Lapis Lazuli’: cuando el miedo es grotesco
- Escrito por Manuel Espin
- Publicado en Cultura
¿Convivir con el miedo?, ¿reconocer el temor como uno de los motores de la vida?, ¿reírse del 'miedo al miedo' en el que se sobrevive?, ¿utilizar elementos de la cotidiano para poner en evidencia nuestra resistencia al temor?, ¿generar una dialéctica del enfrentamiento entre realidades tan complejas como la incertidumbre, la inquietud, el pánico, el miedo a la nada...? Son preguntas que se suscitan en 'Lapis Lazuli' último montaje del griego Eurpídes Laskaridis y su compañía Ósmosis, estrenado en Atenas a principios de abril y que solo durante dos fechas ha recalado en los Teatros del Canal de Madrid con llenos completos y una cálida acogida del público español a un montaje sin texto. Pero donde las onomatopeyas, los ruidos, las frases descontextualizadas en otros idiomas, los gritos, o los ruidos tienen tanto que ver como la creación escénica, la invención de ambientes teatrales, el vestuario o el increíble maquillaje de Laskaridis y todo el grupo a lo largo de una frenética y dinámica función en la que no hay pausas de intensidad.
El creador griego se adscribe a una tendencia de la danza-acción-teatro gestual-performance de finales del XX y primeras décadas del siglo. Con tres producciones anteriores, 'Relic' (2015), 'Titans' (2017), y 'Elenit' (2019) que le han convertido en referente de una línea muy marcada en esa derivación desde la danza y el movimiento del cuerpo. El impacto de Laskaridis se hace explicito por la longitud y diversidad de los escenarios mundiales en los que actúa con su grupo. En esta ocasión 'Lapis Lazuli', que alude a un misterioso color cambiante, la coproducen entidades teatrales de Grecia, Francia, Italia, Finlandia, Países Bajos, Bulgaria y España.
El espacio escénico está tan logrado como el sofisticado vestuario o los múltiples objetos que juegan un protagonismo en la producción, junto a efectos como la iluminación o el humo que en repetidas veces es utilizado.
En esencia, el creador y sus cuatro gimnásticos y activos bailarines-performers-actores describen diversas situaciones en torno a la presencia del miedo y el temor a lo desconocido más allá de lo mitológico o el mundo de la fábula. El tratamiento va más allá de lo efectista o truculento y utiliza elementos del teatro de lo grotesco, con constantes cambios en el vestuario y el uso de un amplísimo abanico de objetos que juegan un papel decisivo en el escenario. Junto a ello aparece un diversificado juego de contrastes entre diversas realidades humanas presentadas de una forma totalmente distorsionada.
El recorrido es frenético, bordea lo agotador y representa un profundo 'tour de force' sobre el espejo en el que el propio ser humano se contempla o se refleja. Un variado abanico de sensaciones potenciado por un uso radical de onomatopeyas, ruidos, gritos, o espasmos tratando esos ruidos humanos a través de la amplificación de sonido dando lugar a un muestrario de momentos de gran impacto formal, dentro de una concepción muy personal que Laskaridis especifica con sus delirantes caracterizaciones secundado por sus bailarines en constante cambio de rol sobre la escena.
Como resultado el producto es impactante, no tiene baches de intensidad, ni pierde el fuelle de su frenético ritmo con un grupo más allá del propio conductor-autor-director que exhibe una mezcla de elasticidad y capacidad de resistencia ante una representación a caballo entre diferentes géneros y corrientes; también la 'comedia del pánico'. Con una propuesta casi individualizada: cada espectador con momentos para sentirse intrigado o reír puede encontrar claves individuales que para quien comparte su butaca contigua pasarían inadvertidas. Tal es la cascada de sugerencias de esta atípica producción.
Manuel Espin
Doctor en Sociología y licenciado en Derecho, CC Políticas y CC de la Información es escritor de ficción y no ficción, periodista y autor audiovisual para cine y tv.
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