‘El jefe del jefe’: ironía sin pólvora
- Escrito por Manuel Espin
- Publicado en Cultura
Hay un subgénero temático teatral que incide en el interior de las grandes compañías y en los pequeños y medianos Walt Street, donde pueden ubicarse variados trabajos desde el 'Glengary Glen Rose' de David Mamet a algunas producciones vistas en los últimos años en escenarios españoles sobre las entretelas y las trastiendas del capitalismo; algunas perfectamente olvidables porque se limitan a acumular tópicos.
Ahora se estrena esta producción en el Teatro Pavón de Madrid que se basa en una película del 'enfent terrible' del cine y la televisión nórdica, el danés Lars Von Trier, 'El jefe de todo esto' (2007), adaptada escenicamente en inglés por Jack Mc. Namara, y vertida al castellano por Ricardo Hornos (a su vez director de escena) y el actor-protagonista, Fernando Gil.
Sobre el papel la trama no está exenta de interés: un actor es contratado para desempeñar el papel de 'jefe' en una compañía donde quien la puso en marcha ha actuado a su antojo y ahora que va a aparecer un comprador chino para quedarse con ella necesita poner cara a esa figura en la que se ha venido escudando en los tiempos anteriores cundo se adoptaron decisiones arriesgadas o negaron derechos a trabajadores.
Sin embargo desde el principio se viene a decir a los espectadores que está es una obra, de, por y para Fernando Gil que se dirige a la 'cuarta pared' como si se tratara de una 'stand up' aunque con distintos personajes y actores que entran y salen a lo largo de la acción a través de un espacio escénico donde domina lo funcional. Y no engaña: Gil es un verdadero 'one man show' a través de un espectáculo en el que pese a la presencia de otros actores que le dan la réplica, especialmente Críspulo Cabezas, aparece no solo omnipresente sino con una gama de tonos que van del histrionismo a la comedia.
Más allá de algunos diálogos con cierto mordiente - especialmente en las posibilidades no del todo explotadas de la situación creada por la falsa traducción, uno de los 'gags' de la función- a la obra le falta 'pólvora' para acentuar el tono de la ironía sin que llegue a ser plenamente una sátira. Ese mordiente no se traduce en unos diálogos incisivos sino en una situación fabricada para que Gil, actor y factotum de la obra recurra a toda una gama de fuegos artificiales para provocar una cierta sonrisa del espectador. Así una buena idea se diluye en una especie de 'show' en el que brilla su talla, y no solo física en cuanto a altura, su seguridad escénica, y capacidad para meterse la historia en el bolsillo; pero a la que sin embargo le falta un mayor rigor dramático y 'chispa' en diálogos y situaciones hechos supuestamente para provocar la risa del público.
El traje a la medida de Gil funciona a medias porque a los diálogos les falta enjundia, por lo que la función acaba por acentuar su tono de vehículo para un actor,. Gil, cuya seguridad escénica está demostrada pero que hubiera necesitado un texto con más ingeniosa acidez más allá de lo que diga algún diálogo.El reparto (Críspulo Cabezas, Coral Rovira, Aure Sanchez, Vito Suarez, Laura Laprida) cumple con profesionalidad al servicio de Gil el 'factotum' de la producción y quien focaliza el ímpetu de la función.
Manuel Espin
Doctor en Sociología y licenciado en Derecho, CC Políticas y CC de la Información es escritor de ficción y no ficción, periodista y autor audiovisual para cine y tv.