‘Nunca he estado en Dublín’: frenética comedia de situación
- Escrito por Manuel Espin
- Publicado en Cultura
El autor navarro Markos Goicoechea escribió su primera obra larga en un laboratorio de dramaturgia. Con todos los resabios de la comedia de situación única, reúne a cuatro (o cinco, según se mire) personajes en un escenario: la cena de nochebuena de una típica familia compuesta de una madre protectora e hiperactiva con ganas de ponerse al día, un marido despedido del trabajo que tiene que 'reinventarse' como se menciona en el diálogo, un hijo al borde del divorcio y la hija que vuelve de Londres después de tres años, una sanitaria lesbiana que lo hace 'acompañada' de su pareja invisible, una británica a la que nunca se llega a ver pero que juega un papel esencial en la acción.
Bajo ese marco general se desarrolla una comedia frenética, extrovertida hasta el exceso, anti-estática en todo momento, con un juego disparatado sobre verdades y mentiras, realidades e ilusiones. La obra que estará en cartel en el Teatro Pavón de Madrid hasta finales de abril y luego en gira por España, cuenta con una dirección de Mireia Gabilondo que exige una acción constante en escena a cuatro comediantes (Eva Hache, Carolina Rubio, Iñigo Aranburu e Iñigo Azpizarte) que se dejan literalmente la piel por mostrar sus recursos cómicos hasta el máximo.
La comedia con ese punto de disparate no pretende ir más allá de su intento de hacer reír, aunque sus recursos no sean los trillados y el diálogo sea chispeante y de una viveza compartida, muy dentro de lo que trata de ofrecer como juguete cómico con cierto punto original (aún con el precedente de 'El invisible Harvey'), aunque se pierda la ocasión de realizar otro tipo de lectura más incisiva sobre ese grupo familiar. La producción funciona a lo largo de su hora y media de duración, con una tensión cómica conseguida; aunque pueda haber tematicamente un bache en la segunda mitad hasta su recuperación con un final bien resuelto.
Ese punto chispeante del texto, con diálogos vivos, una dirección escénica que es todo movimiento hasta rozar el frenesí, y la entrega de cuatro actores y actrices totalmente entregados en el escenario hace que el público se ría, aunque se quede al filo de la renovación de la 'sitcom' que parece apuntar. Por momentos esa viveza del juego escénico parece concebido para el trabajo de la multicámara y la simultaneidad de planos, incluso con un acentuado trabajo gestual.
El maridaje teatro-televisión está sugerido en el envoltorio de la obra, que se distancia de forma notoria de lo que en otra época se llamaba teatro de vodevil. Aquí la chispa cómica no está construida en torno a los viejos equívocos de la pareja sino en el contraste de verdades y mentiras, fantasías y realidades; y se convierte también en exponente de como ha cambiado el trabajo actoral, respecto al antiguo teatro de comedia con acción estática basada en las réplicas transformado ahora en 'mix' de teatralidad gestual-verbal.
Manuel Espin
Doctor en Sociología y licenciado en Derecho, CC Políticas y CC de la Información es escritor de ficción y no ficción, periodista y autor audiovisual para cine y tv.
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