El diablo en las colinas (piamontesas)
- Escrito por Mercedes Peces Ayuso
- Publicado en Cultura
«El reciente encuentro con Poli me había quitado muchos escrúpulos y me
decía que, en el mundo, de día y de noche, había privilegiados todavía más
absurdos que yo.
(...) La riqueza es potencia, eso es todo»
El diablo en las colinas, 1948, Cesare Pavese
Escrita apenas dos años antes del suicidio del autor, este novela de aparente disfrute de la vida durante el verano de tres universitarios de Turín transita por el amargor de la Italia después de la II Guerra Mundial, pero visto desde el mundo de estos jóvenes ociosos y transgresores a medias, más por postureo intelectual que por convicciones. Así, el relato se extiende sobre las elucubraciones y los límites de lo prohibido, siempre al borde, siempre fantaseando con la posibilidad de que venga algo extraordinario que acabe con la monotonía de sus vidas burguesas y predecibles. La naturaleza y el paisaje piamontés, junto con las plazas de Turín, sus gentes, sus campesinos, sus mujeres, sus olores, su calor veraniego, casi canicular, y la promesa de grandes aventuras inciertas, son las bases paradigmáticas de un pueblo que nunca sintió que perdió la guerra y que vuelve a cotidianeidad como si nada la hubiera interrumpido. Porque como dice un amigo mío, los italianos son listísimos, siempre consiguen convertir una derrota en victoria.
Sobre esta novela planea algo implacable y universal: los miedos, las dudas y los deseos que compartieron, compartimos y compartirán jóvenes con referentes heredados junto con el ansia de transgredirlos, ese enfrentamiento entre el deber y la responsabilidad frente a la libertad que parece regalarte el tener toda la vida por delante y las ganas de traspasar los límites. Así son Oreste, Pieretto y el narrador anónimo hasta que se encuentran con Poli, cuya riqueza y ociosidad le permiten vivir más allá de lo socialmente lícito, solo satisfaciendo sus sentidos.
Pero su mundo de drogas y demás vicios no es un elemento ni ajeno ni gratuito, sino el revulsivo, el espejo ante el que deberán mirarse los tres amigos y decidir qué camino seguirán. Por eso es también una novela de formación y por eso, quizá, el diablo sea el insomnio que planea sobre los protagonistas de la novela que aún no saben que su angustia vital solo es el fruto de su edad, algo que la ironía doliente del autor convierte en símbolo ligero de sueños de verano visto desde la liviandad de mentes aún no formadas, y la presumida presunción de estarlo. Por eso Pavese esboza, describe y expone, pero no determina la acción ni da conclusiones, dejándolo sabiamente al lector, porque no se trata de decir cosas inteligentes, ni va de diálogos sesudos fuera de lugar, sino de la simple grandiosidad que tiene la sencillez juvenil y su derecho a equivocarse frente al constructo artificial de los anhelos ajenos que asociamos como propios.
Y por eso el verano es joven y el diablo viejo, como la pérdida de la inocencia.
Mercedes Peces Ayuso
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.
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