‘La novia vendida’: lo pequeño es grande
- Escrito por Manuel Espin
- Publicado en Cultura
La agitada historia del Imperio Austro-Húngaro atrapó a un compositor de Bohemia llamado Becelích Smetana (1824-1884), primero pianista que aspiró a hacer la gran obra lírica de su país, estrenando varias óperas en clave épico-dramático, y cuya vida fue terrible acabando por padecer sordera. La que mejor ha soportado el paso el tiempo es 'Dalibor' representada en 2025 en República Checa y en Estados Unidos. Pero la que verdaderamente ha sabido sobrevivir es aquella que en su época fue considerada, también por el autor, una 'obra menor', 'La novia vendida', estrenada en Praga en 1870 y en el primitivo Real en 1924.
'Pequeña' por que su temática nada tenía que ver con lo heroico sino con lo costumbrista. El libreto de Karel Sabina presenta a una comunidad agrícola de la época en la que una joven es víctima de una boda concertada por dinero, transacción en la que participan sus padres, y el equívoco suscitado por su novio que parece que ha participado en el negocio.
Este argumento 'menor' encierra sin embargo una partitura extraordinaria muy en la línea con un sinfonismo de la época, dado que Smetana fue coetáneo de Verdi y Wagner, donde hay una gran presencia de la cuerda y el viento, y que se abre con una espectacular y larguísima obertura que podría formar parte por ella sola de un concierto. El resto está muy a la altura, con la resonancia de músicas que se escuchaban en la época como la polka o el vals.
Esa composición tan atractiva queda realzada en las manos de Gustavo Gimeno, director musical y a la vez responsable del Real como titular, en lo que ha constituido uno de los grandes tantos de los últimos tiempos. Gimeno al frente de la orquesta es vibrante, épico, tierno, contundente y frenético, y obtiene un gran partido de esa partitura tan espléndida.
El acierto de esta producción del Real con las óperas de Lyon y Colonia, y La Monnaie de Bruselas está en haber prescindido escenicamente de lo superfluo. Laurent Pelly, que es un director al que se ha podido ver a menudo en el Real, firma uno de sus mejores trabajos. Potencia las posibilidades irónicas del argumento original sin caer en la caricatura, y sobre todo quita cualquier referencia folklórica-localista-costumbrista como la que podía haber en el origen. No hay más que ver cómo se han hecho otras producciones de esta ópera que chirrían de viejo por culpa de un folklorismo acartonado, y la magnífica concepción de Pelly.
Con un vestuario también diseñado por él, totalmente atemporal, y sin apenas decorado corpóreo, aunque en el primer acto penden sobre lo más alto del escenario dos mil kilos de sillas y muebles viejos, que desparecen en el siguiente. Permitiendo que la totalidad del escenario se mantenga como territorio de la acción, sin barreras ni impedimentos físicos.
Y de ello se aprovecha en primer término el coro del Teatro Real, dirigido por José Luis Basso, casi omnipresente a lo largo de la trama, que no solo canta sino que baila, actúa y se desplaza a la carrera porque la partitura y el espacio se lo permiten. Pelly resuelve igual de bien las escenas del circo con una gran tela que se despliega y sin necesidad de un decorado corpóreo.
Aunque los protagonistas de la ópera son correctos en ambos repartos (Svetlana Aksonova y Natalia Tanasil como 'Malenka' y Pavel Ceroch y Sean Panikkar en el personaje de 'Jenik') la verdadera mención de honor de esta producción se la llevan las voces del reparto, en su mayor parte españolas, que literalmente 'se salen' en sus histriónicos o recatados tipos muchas veces antagónicos con su edad y su físico real, gracias al gran trabajo del departamento de caracterización del Real.
A lo que hay que unir el acierto del 'cast' en la elección de los actores de gesto que interpretan a los artistas de circo. Muy interesante también el trabajo del iluminador Urs Schönebaun que sabe crear ambientes con cambios de luz en un escenario casi desnudo.
Tan distinta a la anterior producción 'El sueño de una noche de verano' pero de un enorme interés y con un gran talento tanto en la parte musical como en la escénica viene a mostrar como una obra supuestamente 'menor' encierra un gran trabajo detrás, en una producción si se quiere festiva pero de un evidente talento.
Manuel Espin
Doctor en Sociología y licenciado en Derecho, CC Políticas y CC de la Información es escritor de ficción y no ficción, periodista y autor audiovisual para cine y tv.
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