Roberto Villa, 1917. El Estado catalán y el soviet español, Madrid, Espasa, 2021
- Escrito por Antonio Manuel Moral Roncal
- Publicado en Cultura
Innovador en todas sus obras, el profesor Villa nos presenta una nueva interpretación de la revolución española de 1917, que cuestiona las anteriores visiones sobre este hecho histórico. En primer lugar, demuestra que resulta un error considerar la existencia de tres revoluciones diferentes por el mero de hecho de existir disparidades tácticas entre obreristas, republicanos y junteros militares. A través de 760 páginas demuestra que hubo un solo proceso revolucionario con diferentes protagonistas que alcanzaron la suficiente cohesión como para poner en marcha una acción común. Y aunque fracasaron en sus objetivos finales, lograron destruir las convenciones constitucionales vigentes.
El hecho de que la noticia de la revolución de febrero de 1917 en Rusia fuese definitiva para convencerles de la oportunidad del momento, no oculta para el autor que los conspiradores españoles se encontraban muy anclados todavía en la vieja práctica revolucionaria del siglo XIX, de tal manera que la Gloriosa de 1868 y la República de 1873 resultaban referentes para muchos de ellos.
Basándose en una rica documentación encontrada en veinte archivos españoles y extranjeros, el autor analiza los compromisos programáticos y la actuación de las fuerzas revolucionarias entre 1916 y 1918. Su objetivo era la instalación de un régimen republicano federativo que otorgara un estatus especial a Cataluña -regida por la Lliga- que se constituiría en un Estado asociado al español. Para ello era fundamental converger el descontento de las juntas militares con los objetivos republicanos y la colaboración de las fuerzas obreristas.
El autor analiza la situación de la neutralidad española durante la Primera Guerra Mundial, la constante petición de entrada al lado de los Aliados de un sector del liberalismo junto al reformismo, los intelectuales y el republicanismo que veían en la misma la llegada de un proceso revolucionario paralelo que destruyera la monarquía constitucional, el turno pacífico de partidos dinásticos y la política del pacto. En este sentido, el autor defiende la consideración del régimen constitucional de 1917 como una democracia “in the making”, como muchas otras monarquías europeas, con las que hace un interesante estudio comparativo. A diferencia de la socialdemocracia europea, el socialismo español se inclinó no por la colaboración con el Partido Liberal y su integración en el sistema, sino por una conflictiva unión con los partidos antisistema, es decir con anarquistas y republicanos. Ello fue un obstáculo en esa transición hacia un régimen más democrático, parecido a los europeos, a lo que habría que sumar la excesiva intervención de los militares en la vida política, lo cual vuelve a recordar el siglo XIX.
Nacionalistas catalanes y republicanos intentaron lograr el apoyo del movimiento juntero militar para provocar la caída del régimen constitucional. Sólo esas juntas podían decantar la situación, pero numerosos militares desconfiaban de la furibunda aliadofilia de los republicanos y socialistas, que podían llevar a España a una desastrosa entrada en la Gran Guerra. No obstante, el principal portavoz de los junteros, el coronel Márquez, jugó a fondo la carta nacionalista y reformista, como analiza Villa, hasta diciembre de 1917. Entonces, los junteros más monárquicos se sintieron apoyados por el ministro De la Cierva y abandonaron al catalanista Cambó, al coronel Márquez y reformista Melquíades Álvarez.
Paralelamente, los reformistas y republicanos se incorporaron al pacto entre UGT y la CNT para derribar la monarquía constitucional por medio de una huelga general revolucionaria al acordar en junio de 1917 que el nuevo sistema sería una república burguesa. Se trataba de lograr la repetición de la revolución rusa de febrero.
La Lliga también calibró ese proceso revolucionario si conseguía el objetivo de un Estado catalán propio, pero en vez de esperar la unión de políticos y junteros, los sindicatos se adelantaron. El fracaso de la huelga general en el verano debilitó a los obreristas republicanos, pero no frenó la revolución. Basta apuntar que los militares junteros no participaron en las operaciones para sofocar las revueltas, que se saldaron con 127 muertos y 349 heridos.
La iniciativa revolucionaria se trasladó a la asamblea de parlamentarios de Madrid que logró la caída del gobierno conservador. Las ambiciones desatadas para capitalizar ese triunfo político disgregaron la coalición revolucionaria. Una vez destruido el turno, la Lliga se mostró dispuesta a pactar con la Corona para lograr sus objetivos; los reformistas rompieron con Cambó y se intentaron apoyar en los junteros militares para forzar una convocatoria de Cortes constituyentes pero, como ya se ha señalado, los junteros se dividieron y se acercaron al ministro de la Guerra, De la Cierva, que logró encauzar a las juntas con concesiones profesionales, hasta marzo de 1918 que, al caer el político, volvieron a manifestar su descontento.
Como desvela el autor, Alfonso XIII estuvo a punto de abdicar en tres ocasiones, con el objetivo de salvar la Monarquía. Además, Villa demuestra la influencia en España de acontecimientos surgidos en Rusia, Portugal y Grecia, donde el liberal Venizelos había logrado romper el neutralismo a costa de lograr la abdicación del rey en su segundo hijo mediante un golpe de fuerza parlamentario, que si bien logró que su país entrara al lado de los Aliados aumentó la intervención del ejército en la vida política griega. Por otra parte, el autor no olvida analizar los intentos de varios políticos monárquicos para lograr mayores cuotas de poder en sus partidos, aprovechando la crítica situación, dificultando la búsqueda de soluciones con sus desaciertos y egoístas ambiciones.
Finalmente, la ruptura del frente revolucionario en España permitió la victoria de los partidos favorables a la monarquía constitucional en las elecciones de 1918, frustrando en las urnas la revolución asamblearia y federativa. Esos comicios, que fueron ya sin casi encasillado y en pugna libre -analizados minuciosamente en el libro- demostraron la capacidad de resistencia -y de reforma democrática- del sistema. Sus potencialidades democráticas no eran, como demuestra el autor, desdeñables, pero, a partir de entonces, la tentación dictatorial aumentó en la oficialidad y sólo bastaría un desastre -Annual- con sus consecuentes acusaciones mutuas entre civiles y militares para precipitar la conspiración y el golpe de Estado.
Antonio Manuel Moral Roncal
Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá. Doctor en Historia Moderna y Contemporánea por la UAM.