Durante siglos y siglos en el llamado mundo occidental, lo que hoy entendemos por homosexualidad y bisexualidad no existieron como tales, según hoy las concebimos como categorías estancas. Entonces eran prácticas sumidas bajo el término genérico de la sodomía tal como establece la Biblia y las tres religiones monoteístas, cristianismo, judaísmo e islam. La sodomía era un grave pecado que podía realizarse entre personas de distinto o mismo sexo y con animales. Es decir, hasta finales del siglo XIX no aparece ningún tipo de resistencia ante ese pecado-delito, que se convirtió luego en enfermedad. La historia está llena de casos de relaciones entre personas del mismo sexo, a pesar de la persecución vigente desde el siglo IV de nuestra era, cuando el cristianismo devino en religión oficial del Imperio Romano, ya en crisis. Hubo periodos de mayor o menor tolerancia ante esas relaciones “contra natura” y cuyas excepciones tan bien nos narra Leopold Estapé, pero en definitiva no hubo una comunidad identitaria en torno a esa circunstancia personal.