‘La dama duende’: Calderón en la España de 1955
- Escrito por Manuel Espin
- Publicado en Cultura
Estrenada en 1629 esta obra de Calderón de la Barca ha sido uno de los textos del barroco español que mejor ha resistido el paso del tiempo, gracias a una trama repleta de incidencias, dentro de una típica comedia de capa y espada, envuelta en un turbio ambiente de equívocos, misterios y fantasmas, con una alacena con puerta que permite entradas y salidas...Pero sobre todo, gracias a la importancia que el personaje protagonista femenino tiene en la trama cuya actuación dista mucho de ser pasiva y resignada. Además del morbo de que el enfrentamiento tiene lugar entre dos hermanos.
Con ese material tan rico sobre el papel Fernando Sansegundo, actor y adaptador y el director teatral Borja Rodríguez se atreven a un salto en el vacío: trasladar la trama de 'La dama duende' a la España gris de 1955, creando una historia paralela: una grabación en el 'Teatro del Aire' de la Cadena SER de aquella época, en la que se cruzan las historias con las de la historia original. Como es lógico los anacronismos parecen obligados y las referencias de época tanto como algunas canciones que se cantan en escena tanto como sintonías de imaginarias cuñas publicitarias.
El juego funciona de manera aceptable. El movimiento escénico es constante y está repleto de entradas y salidas a través de un espacio de Ricardo Sánchez Cuerda como del patio de butacas del Teatro Pavón de Madrid, donde se puede ver hasta el próximo 2 de febrero. Bajo esa dinámica la complicidad en escena se pone de manifiesto a través de un grupo de ocho actores constantemente en danza escénica: Silvia Acosta, Luis Rallo, Anabel Maurín, Mario Alberto Díez, Eugenio Villota, Rafa Núñez, Paloma Lanza y el propio Fernando Sansegundo, vestidos por Gabriela Salaverri con diseños muy de la década de los 50.
La dificultad en toda versión de textos del Siglo de Oro o del barroco español originalmente en verso es evitar la impostación o el recitado artificioso y hierático. Este aspecto se supera con holgura: los textos se dicen con frescura, buena entonación y tono cotidiano sin enfatizar. El adaptador ha incluido diálogos de cosecha propia que se diferencian porque no se intentado imitar el verso clásico, y esto es un acierto.
Un importante cambio conceptual afecta al final, donde pese a la independencia del personaje femenino que estaba presente en la obra original de Calderón en el desenlace se menciona una boda forzada para resolver una cuestión relacionada con la 'honra', algo que hoy nos parece inadmisible. En el añadido ella pone de manifiesto su rebeldía y elige su destino por sí misma.
La iluminación de Juanjo Llorens juega a favor de la acción teatral, con muy variados tratamientos, pues la trama describe elementos misteriosos, engaños y disfraces en los personajes. El resultado final de la producción es una obra hecha con una producción de limitados recursos pero bien utilizados, chispeante a ratos, que da una nueva vida a un clásico indiscutible, y gracias a una dirección escénica dinámica insufla oxígeno a un texto capaz de tener futuro más allá de la arqueología teatral, y quizás conectar con un nuevo público.
Manuel Espin
Doctor en Sociología y licenciado en Derecho, CC Políticas y CC de la Información es escritor de ficción y no ficción, periodista y autor audiovisual para cine y tv.
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