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Libertad, igualdad y extrema derecha

  • Escrito por Jorge Ocaña
  • Publicado en Arco Iris

La extrema derecha ha transformado en los últimos años su discurso para disputar al resto de actores políticos el significado de valores comunes en el imaginario popular: una estrategia basada en desvirtualizar su sentido, llevarlos a su terreno y adueñárselos. Y las celebraciones del Orgullo han evidenciado esos cambios en su retórica.

Algunos líderes, como los presidentes de Brasil, Jair Bolsonaro o de Polonia, Andrzej Duda, se han posicionado en contra de lo que denominan la "ideología LGTBI", mientras otros, sin embargo, mantienen una postura más ambigua.

Su indefinición pasa por apelar a la "igualdad" de todos tratando de borrar la desigualdad que vive la comunidad LGTBI o incluso lo que la libertad significa para ellos. Es el caso de Vox, que el año pasado pasó de la irrelevancia política a ser la tercera fuerza parlamentaria.

Si la pasada semana la formación rechazaba cualquier acto institucional para celebrar el Orgullo, hace solo dos meses su presidente, Santiago Abascal, defendía que Vox no desprecia a nadie por su orientación sexual y pedía al presidente del Gobierno, el socialista Pedro Sánchez, que abandonara "el odio histórico de la izquierda hacia los homosexuales".

En un nuevo episodio por ganar votos de los sectores de la izquierda, el partido de Abascal anunció recientemente que creará un sindicato "de trabajadores anticomunistas", alejado de los antiguos que buscan "la lucha de clases y la confrontación social". "La ultraderecha se ha dado cuenta de que tenía que renovar su lenguaje, sus referencias ideológicas, para no aparecer obsoleta y desconectada del sentido común", comenta a Efe el historiador e intelectual italiano Enzo Traverso.

Este catedrático de la Cornell University (EEUU) engloba estas corrientes discursivas en la retórica de los partidos posfascistas: "Son movimientos que no se definen como fascistas, que rehúsan esta definición, pero que no pueden ser definidos sin hacer una comparación con el fascismo clásico", explica.

INTENTO DE APROPIACIÓN

Libertad, igualdad o convivencia son ideales que comparte la gran mayoría de los ciudadanos y que hasta no hace mucho solían estar fuera del discurso de la extrema derecha. Sin embargo, estos partidos han sabido integrarlos para echar un particular "pulso semántico" al resto de fuerzas políticas por apropiarse de ellos.

El lenguaje es un instrumento esencial en la política y los actores lo usan para intentar avanzar en sus propios intereses.

No es casual que algunas formaciones de extrema derecha europeas hayan usado estas palabras para nombrar sus propios partidos (como el FPÖ, el Partido de la Libertad de Austria, o los SD, Demócratas Suecos). Tampoco que Bolsonaro acuse de ataque a la libertad de expresión la investigación del Tribunal Supremo Federal sobre la difusión de bulos por parte de algunos de sus aliados.

Ante esta disputa lingüística, el profesor de Filosofía de la Universidad de Yale (EEUU) Jason Stanley apela a tener presente cuál es el significado real que esconde el uso de estas palabras. Porque en el "lenguaje de los ideales", como él lo define, todo el mundo quiere reivindicarlos. "Todos quieren ser el candidato anticorrupción, el candidato de la libertad.

Entonces te tienes que preguntar a ti mismo, ¿qué es anticorrupción, qué es libertad y quién lo está usando correctamente?", señala a Efe. En este sentido, Traverso subraya la distinción entre la concepción de libertad y otros conceptos de la ultraderecha y la izquierda.

Su naturaleza abstracta complica el debate: "Todos creemos que los conocemos, pero en realidad no tenemos muy claro qué significan", afirma a Efe el experto en derechas radicales Guillermo Fernández Vázquez, autor de "Qué hacer con la extrema derecha en Europa: el caso del Frente Nacional". Es su propia indefinición lo que permite que ciertos sectores ideológicos puedan darles un nuevo significado.

"La extrema derecha trata de aproximarse a esos términos y darles otro significado mucho más acorde con la ideología de esos partidos", apunta Fernández Vázquez. A este "asalto" al sentido de ciertos valores por parte del populismo de derechas, los semiólogos Cécile Alduy y Stéphane Wahnich lo han denominado "OPA semántica".

Según explica Fernández Vázquez, en este proceso la ultraderecha juega con las "diversas capas" de cada término, "a veces contradictorias". "Lo que hacen es coger una de esas capas y tratan de convertirla en la capa de más arriba.

Y, ¿cómo lo hacen? Situando a unos nuevos adversarios", asegura este investigador. Desde la inmigración ilegal hasta el independentismo en Cataluña, estos nuevos enemigos pueden presentarse de varias formas. El denominador común es que su existencia pone en peligro los valores tal y como los entiende la ultraderecha.

Esta estrategia discursiva explicaría la gran aceptación del partido ultraderechista francés Rassemblement National (RN) entre el colectivo LGTBI. Un estudio de intención de voto entre la comunidad LGTBI francesa apuntó que el RN era el favorito de los gays, bisexuales y lesbianas francesas para las elecciones europeas de 2019.

Fernández aclara que la formación de Marine Le Pen se habría mostrado defensora de los derechos LGTBI, señalando el supuesto peligro que la comunidad musulmana representaba para ellos.

CONTRA EL "PENSAMIENTO ÚNICO PROGRE"

En las elecciones del año pasado, Vox publicó en redes sociales el mensaje "Que empiece la batalla" con una imagen de un soldado desenfundando una espada contra sus supuestos enemigos, entre los que figuraban medios de comunicación, el feminismo o el colectivo LGTBI. El montaje revelaba la estrategia del partido por mostrarse como una minoría que batalla contra una supuesta "dictadura de pensamiento único".

Una narrativa basada en presentar a minorías históricamente oprimidas como una nueva clase dominante y aquellos que se oponen a la igualdad como los grandes perjudicados, mientras tratan de vender que las dinámicas de dominación social se han revertido.

"Si estás acostumbrado a dominar el espacio cultural, cualquier tipo de igualdad se sentirá como una opresión", considera Stanley.

En su libro "Facha: cómo funciona el fascismo y cómo ha entrado en tu vida", Stanley explica que los grupos dominantes tienden a victimizarse "ante la perspectiva de compartir el poder por igual con los miembros de los grupos minoritarios". Un fenómeno común en las políticas ultraderechistas, en las que "las nociones opuestas de igualdad y discriminación se mezclan entre sí", opina.

UN DISCURSO INEFICAZ EN LA PANDEMIA

Para Traverso, la ultraderecha ha salido debilitada de la crisis del coronavirus debido a la ineficacia de sus discursos racistas frente a la pandemia, el fallido tono agresivo contra los confinamientos decretados por los gobiernos y a las medidas de recuperación económica anunciadas por la Unión Europea, que podrían neutralizar parte del euroescepticismo que propagan estos partidos.

Y es que el apoyo a algunos partidos ultraderechistas se ha resentido desde el inicio de la pandemia, según las encuestas.

En Italia, la Lega de Matteo Salvini, que algunos sondeos situaban hace escasos meses como la primera fuerza con más de un 31 % en intención de voto, habría visto caer su popularidad hasta 6 puntos.

También algunas encuestas reflejaron en junio pasado un ligero descenso de Vox. Sin embargo, Traverso no descarta que, si la crisis económica derivada de la pandemia del coronavirus se profundiza, las "retóricas xenófobas y racistas puedan volver exitosamente". EFE.