La ópera de los tres centavos o los cuatro cuartos, la perra gorda, los cuatro chavos y el coronavirus
- Escrito por Mercedes Peces Ayuso
- Publicado en Cultura
«Und der Haisfisch der hat Zähne und die trägts er im Gesicht, und Macheath, der hat ein Messer, doch das Messer sieht man nicht...» (Y el tiburón tiene dientes y se le ven en la cara, y Makie tiene una navaja pero esa no se ve…, La balada de Mackie el Navaja, de la ópera arriba nombrada de Bertolt Brecht)
Apenas un año después de su estreno en 1928, el mundo vivirá su primera gran crisis económica y ahora, 92 años después, premonición reiterativa, la hemos agravado. Los protagonistas de esta ópera-musical ambientada son miembros el hampa londinense decimonónico, en la que el jefe de los delincuentes es la caricatura del primer ministro y su gabinete de «ladrones» que están tan organizados y manejan tan bien su empresa, como profesional es el hombre de negocios de nuestro sistema capitalista. En esta ópera de cuatro chavos rodeada de miseria y enfermedad, hoy de coronavirus, los hampones salen premiados, condecorados y pudientes, mientras los honrados son repudiados. Me parece que esto nos suena bastante, en una plutocracia donde el crimen organizado está legalmente permitido y se puede comerciar con todo, inclusive con la salud humana, por eso siguen tan vigentes estas palabras: «Esos que pretenden, para reformarnos, vencer nuestro instinto criminal, que nos den primero de comer. De moral hablaremos después. […] por más que le den vueltas, primero es comer, y después de hartos ¡venga la moral!».
Ahora que viene la vacuna a matacaballo, las farmacéuticas se frotan las manos en ese líquido de alcohol que nos venden a precio de oro. Están tan bien organizadas y segmentadas como cualquier corte de los milagros y, como ella, se reparten fraternalmente la tarta. Lo malo es que no sabemos con qué ingredientes está hecha y aunque solo nos dejen las migajas, posiblemente se nos convierta el estómago en oro, como midas repentinos de mala digestión. Estamos en un mundo de ladrones de aparentes guantes blancos con dientes de tiburón y navajas escondidas en las faltriqueras, banda de un linaje de ladrones a los que llevamos largo tiempo soportando y que, empecinados en (sobre)vivir lo mejor posible, se agarran a sus prebendas como lapas a las rocas mientras el viento y las olas golpean a los que intentan guarecerse en las orillas. Sabemos que no hay garantías en un mundo regido por el delito y la soberbia, pero aún no lo hemos aprendido. Y llega el coronavirus como una plaga bíblica moderna para recordárnoslo y de paso tapar otras cosas desviando nuestra atención. Pero el hueco dejado por los muertos y damnificados ya es tan grande que no hay mordaza capaz de callarlo, ni faja que esconda sus navajas. No quiero oír más que «Es necesario gastarse los zapatos dando vueltas para que no te los quiten de los pies». Estamos yendo hacia una distopía anunciada y, por lo mismo, podemos cambiarla. No a seguir las consignas sin informarse, ni a negarse al cambio sin sentido. No a que nos saquen las navajas y nos despojen de nuestra vida social, trabajo, salud y derechos adquiridos. No a ser actores del coro de los ladrones que siguen llevando la voz cantante. No a representar en bucle una ópera de tres centavos.
Mercedes Peces Ayuso
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.